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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Hay alternativa

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 13 de marzo de 2007, 10:11 h (CET)
El sábado, convocados por el Partido Popular, más de dos millones de españoles nos dimos cita en la madrileña puerta de Alcalá para decirle al gobierno de Rodríguez Zapatero que, haga él lo que haga, nosotros no nos rendimos; nosotros, a diferencia de los que esconden bajo bellos términos como “humanidad”, “paz” o “talante” actos deleznables y malvados, contrarios al más mínimo espíritu democrático y de justicia, no cedemos a chantajes de organizaciones terroristas.

Fue la marcha del sábado, como ya había vaticinado días antes Mariano Rajoy, la manifestación más importante de nuestra historia democrática. “Zapatero jódete, aquí estamos otra vez”, “luego diréis que somos cinco o seis”. Bueno, desde Delegación del Gobierno de ZP dijeron que por allí habían pasado exactamente 342.665, IVA incluido, que casi viene a ser igual de ridículo que decir cinco o seis.

Eso sí, por mucho que hayan estado toda la semana entera advirtiendo a los españoles de posibles incidentes o viendo fantasmas de franquistas la realidad demostró el sábado que sólo existen en su imaginación y, quizás, en su álbum familiar, la manifestación del sábado fue todo un ejemplo de civismo, talante y sentido de la democracia. “Los inmigrantes en España por la libertad”, “No a la claudicación”, coreaban los ciudadanos.

Un gran lazo azul de más de treinta metros era portado por las Nuevas Generaciones del Partido Popular. Detrás, la cabecera, con el lema: “España por la libertad. No más cesiones a ETA”, llevada por Mariano Rajoy y concejales del País Vasco, avanzaba a duras penas. Por allí, entre un mar inmenso de banderas españolas caminaban codo con codo españoles de toda condición. José Antonio Ortega Lara, María del Mar Blanco, José Francisco Alcaraz, Pilar Elías… tantas y tantas víctimas del terrorismo… eran recibidas entre aplausos y gritos de ánimo por los manifestantes, literalmente apretujados sobre las aceras del Paseo de Recoletos. Y más banderas españolas. “Todos a una, contra Batasuna”, “España, España”, “Queremos que suene el himno nacional”.

Y así, a trancas y barrancas consiguió la cabecera llegar, más de dos horas y media después de iniciada la marcha y al ritmo trepidante y emocionante de la canción de Jarcha “Libertad sin ira”, a la plaza de Colón; plaza en la que, desde las cuatro de la tarde, no cabía un alfiler. Tampoco en las calles aledañas. Miles fueron las personas que no consiguieron llegar al final de la marcha. Y es que era imposible.

Se lo pueden imaginar: cuando Mariano Rajoy apareció en el escenario acompañado por víctimas del terrorismo como la familia de Miguel Ángel Blanco –tan recordado por todos los presentes-, Colón, la Castellana, Madrid, España entera, se vinieron abajo de emoción. “Presidente, presidente”, “España merece otro Presidente”, “Libertad, libertad”.

Y fue en ese momento cuando Mariano Rajoy pronunció, el que bajo mi punto de vista, es ya, por el lugar y el motivo, el discurso más importante de toda su vida. Eso sí, el de Rajoy fue un discurso en positivo, un discurso lleno de esperanza, fuerza vital y optimismo: “Somos una voluntad en marcha. No nos vamos a resignar. No nos cansaremos de combatir por nuestros principios. No renunciaremos a conquistar lo que es justo. No nos rendiremos jamás. (…) Que os vean en pie, con la cabeza alta y fuertes como yunques. Orgullosos de ser españoles que no se resignan (…) Decid que reclamamos la libertad que nos han robado y que solamente podremos recuperar cuando se haga justicia, cuando podamos respirar hondo, cuando los terroristas no ejerzan ninguna influencia en nuestra vida, cuando ETA sea derrotada y desaparezca”. Algunas de las personas que me rodeaban dejaban asomar a sus rostros lágrimas de emoción. “Esto es un valiente, sí señor”. “Y yo que voté a ZP…”, se lamentaba otro.

Claro que luego llegó el final: “¡Viva la libertad! ¡Viva España!”. Y el himno nacional. Y las banderas al viento. Y ya no quedan palabras para describir el momento. Echen a volar la imaginación.

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