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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un aviso para Zapatero

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 13 de marzo de 2007, 10:11 h (CET)
Creo que no es necesario insistir en lo que fue la magna concentración del pasado sábado, una de los más numerosos, más ordenados y más reivindicativo encuentros cívicos que se han llevado a cabo desde que estamos en democracia. La prensa se ha encargado de airear suficientemente el evento, aunque debemos reseñar que algunos rotativos y televisiones, y en especial los del señor Polanco, han preferido dirigir sus objetivos hacia temas menos molestos para el partido Socialista y el propio Gobierno. Se debe hacer una honrosa salvedad, y no me duelen prendas en reconocerlo. La Vanguardia, contra la que en ocasiones he dirigido mis críticas, esta vez ha proporcionado una información gráfica, en primera página, con una magnífica fotografía de la plaza Colón, de Madrid, atiborrada de manifestantes y banderas españolas. También tiene artículos bastante objetivos en los que se reconoce que el Gobierno socialista haría bien en tomar nota de lo que dice la ciudadanía y reconocen que no era una reivindicación de la extrema derecha, sino de una ciudadanía molesta con el Gobierno.

Sin embargo, aparte de la guerra de cifras que siempre se produce en estos casos, lo que no se puede negar es que fue una manifestación de las más cívicas y concurridas de las que se han celebrado en los últimos años. Así pues, creo que vale la pena comentar lo que han sido las primeras reacciones del señor Zapatero y de sus adláteres (incluidos sus socios nacionalistas y comunistas).

Lo que primero hemos podido advertir es la posición defensiva adoptada por los inquilinos de la calle de Ferraz. La principal, previsible y, por manida, poco original, la de Zapatero restándole importancia y afirmando que la manifestación había quedado por debajo de las espectativas del PP; y la otra –realmente ofensiva por su doblez –, apelando a la unidad de todos los demócratas para combatir al terrorismo.Diego López Garrido insistió en que la ofensiva del PP no debía ser una estrategia electoral y que la Oposición debería apoyar la lucha antiterrorista; cargando contra Rajoy por hacer una división “absurda” entre decentes e indecentes. Moraleda quiso incidir en la necesidad de preservar los principios democráticos de la tolerancia y la conviviencia. Nerviosismo, pánico escénico y la sensación de que la masiva concentración había hecho más “pupa” de la que, en un principio, se había previsto en las filas socialistas.

Si no estuviéramos acostumbrados a las contradicciones del señor Presidente, nos hubieran llamado la atención sus palabras pidiendo la unidad de todos para combatir el terrorismo. Si no me falla la memoria cuando él asumió el poder ya existía esta unidad; existía un Pacto por las Libertades y una Ley de Partidos que fijaban claramente las reglas del juego en materia terrorista. No obstante, el señor Zapatero y sus aliados prefirieron ir por libre y, en el Pacto de Tinell, defenestraron al principal partido de la Oposición para formar una coalición “contra natura” que lo eliminaba de la arena política. Desde entonces no se ha aceptado en el Parlamento ni una sóla inciativa que proviniese del PP. ¿Así es como el señor Zapatero quiere conseguir la unidad contra el terrorismo? Debería decirnos: ¿cuándo ha consultado al PP para reunirse con los de ETA? (lo pidió en el Parlamento y lo hizo aprobar a la fuerza, por la fuerza de los votos de sus socios nacionalistas) y, ¿cuándo lo ha hecho para pactar en secreto con los jerifaltes de la banda?, y, aún más, ¿cuándo, en un caso de la importancia de la excarcelación de De Juana Chaos, ha pedido la opinión del señor Rajoy? Lo que ha ido buscando el señor Presidente no ha sido colaboración, sino carta blanca para actúar a su antojo y decidir lo que hacer, lo que más le resultara rentable para conseguir, de la forma que fuere, pactar con ETA y sacar rédito de ello en las próximas elecciones legislativas. Se necesita tener la faz de cemento armado para atreverse todavía a pedir cuenta a los demás de este trágala vergonzoso.

La gente, esta vez, ha salido a la calle exasperada por la forma en la que el Ejecutivo ha manejado el, mal llamado, “proceso de paz”; dolida por ver como se ha humillado a España y a la Oposición en el caso de De Juana Chaos; enervada por sentirse engañada por las contínuas discordancias en la manera de actuar de Zapatero, que un día dice que suspenderá definitivamente sus contactos con ETA ( cuando lo de Barajas) y, una semana después, se sabe que sigue negociando en la clandestinidad; furiosa porque las víctimas de ETA sean olvidadas y ninguneados sus familiares, como si estorbaran.

Creo que Zapatero se debería tomar en serio la voz de la calle – no la del PP ni, tampoco, la de la extrema derecha – la de la multitud de ciudadanos que enarbolaron la bandera constitucional para demostrarle que no pertenecían a un un partido o a otro, sino que eran simples ciudadanos que aman a España, que desean su unidad y que no pasan por la vergüenza de someterse a las horcas caudinas de aceptar las exigencias de los terroristas. Haría bien Zapatero en pensarlo dos veces antes de cometer el siguiente error. Me temo que ya le quedan pocos cartuchos en la canana.

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