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Una manifestación multitudinaria y ejemplar

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 12 de marzo de 2007, 10:14 h (CET)
He presenciado directamente la manifestación de este sábado, día diez, a través de la cadena Intereconomía, la única, por cierto, junto con Telemadrid, que han transmitido el acontecimiento; por lo visto una multitudinaria multitud, superior al millón de personas, no ha tenido bastante interés para la televisión pública ni para el resto de televisiones del señor Polanco.

Si tuviera que ponerle un calificativo a lo que he visto, seguramente lo definiría como un ejemplo de civismo, de orden y de sensatez. Si el señor Zapatero y los suyos se esperaban que hubiera altercados, exhibición de pancartas involucionistas, gritos de rebelión y destrozos del mobiliario urbano, al estilo de la Kale Borroca; lo siento, pero se han quedado con las ganas. No le arriendo la ganancia al inefable Pepiño Blanco cuando pretenda descalificar esta concentración millonaria y a su organizador el PP. Pienso que si se tuviera que buscar un modelo de lo que debe ser una reivindicación en la calle, de falta de crispación (¡ojo al dato, señora Vicepresidenta!), de hambiente sereno y de la coincidencia en el objetivo básico; tendríamos seguramente que escoger la magna manifestación de esta tarde. Como español, que se precia de serlo, me he emocionado ante los miles de banderas (constitucionales todas, señor Rubalcaba) ondeando al viento sus brillantes colores; me han conmovido los gritos unánimes de “España unida jamás será vencida” (me gustaría haber visto la cara de Carod y Montilla cuando eran jaleados por cientos de miles de gargantas) y se me ha ensanchado el pecho al ver una evidente indignación colectiva encauzada dentro de los límites del más estricto orden y buenas maneras.

Me imagino al señor Zapatero, desde su flamante chalet de proletario, lo que debe de haber pensado cuando ha escuchado a miles de voces exigiendole que el etarra De Juana Chaos cumpla sus penas y que deje de humillarse ante la banda Eta. Deberá tener en cuenta que, los que se han manifestado, no eran todos miembros del PP, sino que se trataba de ciudadanos de diversos ideales políticos hermanados, en esta ocasión, por el denomidor común de ser españoles, y estar avergonzados de que un Presidente se dedique a demoler la nación y, a la vez, pretender entregarla a una banda de asesinos. Ha sido un acto, como ha dicho el señor Rajoy, de afirmación nacional y de esperanza en que, con el apoyo de los verdaderos españoles, se puedan hacer retornar las aguas políticas a los cauces de los que nunca deberían haberse salido.

Ahora empezará la ofensiva del Gobierno para decirnos que los asistentes han sido cuatro gatos, que todos eran una pandilla de fachas y monjas ursulinas y que el señor Zapatero, pese a todo, imitando el latiguillo del cómico Joe Rígoli, continuará con el “yo sigo”, indiferente a la voz del pueblo. Seguramente se le ha olvidado aquello de lo que, tanto blasonaba, cuando comenzó su mandato, cuando declaraba que siempre escucharía la voz de la calle, y lo que con tanta insistencia le reclamaba al señor Aznar, que “escuchase a la calle”; cuando él, en persona, presidía las manifestaciones- que ahora, cuando son de la oposición, califica de revolucionarias – contra el Prestige o la guerra de Irak. Seguramente le resultará embarazoso el tener que reconocer el porqué ahora no lo hace. ¿Dónde ha quedado perdido su famoso “talante”? Tanta firmeza para manterla y no enmendalla cuando se trata de oír las reclamaciones de la ciudadanía y, sin embargo, tanto entreguismo, tantas buenas manersas y tanta humildad con los carniceros de ETA. ¡Qué diferencia! Cuando se manifestaban sus huestes en las concentraciones contra el gobierno del señor Aznar, se desgañitaban insultando a los miembros del Ejecutivo, llamándoles traidores y asesinos; se convertían en los matones de las calles destrozando todo lo que se les ponía al paso, quemando contenedores y banderas, y rompiendo los escaparates para robar lo que podían. Nada que no se pudiera prever ¡Es la forma que siempre ha tenido, la izquierda progresista, de manifestarse!

¿Qué explicación nos dará la señora Vicepresidenta, sobre las ansias de poder del PP? Si ya de por sí es larga en agrupar tres o cuatro palabras, no me cabe la menor duda de que va a necesitar toda una noche para convencer a sus oyentes de la maldad de Rajoy y del millón largo de manifestantes. Nadie ha pedido el poder y sí que el Gobierno rectifique su política antiterrorista y deje de jugar con España que, por supuesto, no le pertenece y no está legitimado para entregarla a una banda de separatistas, sean la ETA o Terra Lliure. Quizá debiera preocuparse más de cuántos de los de su propio partido estuvieron mezclados y llevaban banderas españolas en esta manifestación que tanto la disgusta.

A mi, debo reconocerlo, me ha confortado que en España todavía haya tantas personas de orden y sensatas capaces de salir a la calle cuando la salud política de nuestra Nación está en peligro. Creo que no todo está perdido.

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