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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

El Tribunal Penal Internacional y el genocidio en Sudán

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 10 de marzo de 2007, 10:07 h (CET)
El martes 27 de febrero el Tribunal Penal Internacional (TPI) resolvió que el ministro sudanés de asuntos humanitarios Ahmed Haroun y el líder de la milicia ‘Yanyawid’ Ali Kushayb son culpables de crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Para el fiscal jefe del TPI Luis Moreno Ocampo ‘la evidencia muestra que Haroun visitaba Darfour regularmente y allí era conocido como el oficial de Kartún que reclutaba personal y armas para los yanyawids’. Esta milicia realizó ‘matanzas masivas, ejecuciones sumarias y violaciones masivas a civiles que no eran parte del conflicto’.

Inmediatamente después Haroun declaró que ‘no me siento culpable’. Un día después viajaba a Sudán el presidente de Irán Mahmoud Ahmadineyad para plantear su solidaridad con ese gobierno.

Para Ahmadineyad ‘las fuerzas hegemonistas no quieren un país fuerte y efectivo y por ello ejercen presiones contra el pueblo y gobierno del Sudán’. Por eso ha planteado que Irán y Sudán forjen un ‘frente único para confrontar esos desafíos’.

El presidente sudanés Al Bashir declaró que Irán tiene ‘total derecho’ a desarrollar su propio programa nuclear y que las potencias nucleares ‘se hacen de la vista gorda ante el arsenal nuclear de Israel’ y que no quieren un Medio Oriente libre de armas atómicas. Tanto él como el presidente venezolano Hugo Chávez conciben que Irán tenga derecho a tener plantas atómicas para uso pacífico y que quienes poseen miles de cabezas atómicas no deben vetarle.

Tanto el eje Irán-Sudán-Siria como Venezuela (quien quiere hacer que Bolivia, Nicaragua, Cuba y Ecuador le secunden) conciben que el ‘aferramiento’ del TPI y de la ONU contra Sudán es por motivos políticos pues quieren aislar a uno de los regímenes africanos que más comercia con China y es más amigo con Teherán. El argumento que usan los ‘anti-imperialistas’ es que la ONU ataca a regímenes que producen matanzas masivas cuando son críticos a EEUU, pero, como en los casos de Congo (donde murieron 4 millones de personas), Afganistán (donde co-gobiernan señores de la guerra) o Croacia allí incluso aceptan que sean ministros una serie de criminales de guerra.

No obstante, los organismos de derechos humanos insisten en que en Darfur se viene cometiendo un ‘genocidio’ pues han muerto entre 200,000 a 400,000 civiles y han sido desplazados más de 2 millones de personas. Afirman que la limpieza étnica es impulsada por los nómades árabes shawa o baggaras contra otras etnias africanas sedentarias como los fur, zaqhawa y massaleit. Sin embargo, Amnistía Internacional admite que los rebeldes también usan, aunque en menor escala, métodos brutales contra sus oponentes.

El temor a que en Darfur se repita otra carnicería tipo Ruanda es el argumento que hay para justificar la presencia de 7,000 tropas de la Unión Africana y la resolución de la ONU del 31 de agosto pasado para enviar 17,000 soldados a la zona. Sudán se niega a aceptar nuevos contingentes foráneos argumentando su derecho a la soberanía nacional. El gobierno argumenta que nada tiene que ver con las matanzas étnicas aunque las agencias de derechos humanos argumentan que son quienes financian al Yanyawid y que les ponen restricciones a su trabajo.

Este es la segunda guerra civil que tiene Sudán. Mientras la primera se dio entre el norte árabe musulmán y el sur bantú y con fuertes tradiciones cristianas y animistas, el actual se da entre musulmanes. Rivalidades entre etnias y entre pastores y agricultores se unen a viejos resentimientos regionales y a juegos de poder entre países vecinos. Occidente está de un lado mientras China ha transformado a Sudán en uno de sus principales socios comerciales en el continente negro.

El conflicto de Darfur no es el único de la región del Sahel, la zona que está entre el Sahara y las junglas africanas. Esta franja ha sido azotadas por sequías y desertificación, las mismas que son causadas por el calentamiento y polución globales y por un agotamiento del suelo a raíz del giro de economías agrarias de subsistencias para cultivar granos de exportación.

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