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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

EEUU cambia la presión por las negociaciones

Vladímir Símonov
Redacción
sábado, 10 de marzo de 2007, 10:21 h (CET)
El lunes pasado, en Nueva York se iniciaron las negociaciones directas de altos representantes de Washington y Pyongyang tendentes a normalizar relaciones, que pueden conducir al reconocimiento diplomático por Estados Unidos de su enemigo acérrimo ya antiguo.

Además, para este sábado, en Bagdad está fijada la Conferencia internacional sobre arreglo en Irak, adonde EE UU invitó a Irán y Siria que hasta hace poco también figuraron en su lista negra de países del “eje del mal”.

Ese viraje es tanto más asombroso por el corto plazo en que se produjo: durante mes y medio.

Ya a mediados de enero Condoleezza Rice se esforzó en grado sumo para asegurar al Senado: EE UU no participará en los contactos diplomáticos bilaterales bajo ninguna forma con Corea del Norte, Irán y Siria a no ser que esos países muestren flexibilidad sensata respecto a los problemas en litigio. A lo que hoy se dedican ellos, no es diplomacia, sino “extorsión”, declaró la secretaria de Estado de EE UU.

Desde entonces hacia esta parte, la “extorsión” se mantiene, siendo Washington el único en mostrar flexibilidad.

Hace poco, el “secxteto” negociador con participación de EE UU llegó a un acuerdo con Pyongyang, en virtud del cual esta capital aceptó suspender el funcionamiento de su principal reactor nuclear a cambio de alimentos y combustible. A su vez, la invitación a la conferencia iraquí literalmente cogió de improviso a Teherán y conmovió hasta tal punto a Damasco que éste se vio obligado a reconocer esa iniciativa como “paso parcial en dirección certera”.

Es curioso señalar que las negociaciones con el enemigo fueron precedidas siempre por el flagelo en público de ese enemigo por representantes de EE UU alegando el menoscabo de los intereses norteamericanos.

Después de que en octubre pasado Corea del Norte realizara su explosión nuclear experimental, nadie exigió aplicarle sanciones más rigurosas que las requeridas por Rice en sus intervenciones ante el CS de la ONU. En el caso de Irán y Siria, su invitación a Bagdad fue precedida por varios discursos de confrontación pronunciados por la secretaria de Estado acusando a Teherán de estar vinculado con los grupos paramilitares chiítas que atacan a las tropas norteamericanas. De tal modo, en cada caso el postre sucedía a los amargos platos...

En resumidas cuentas, Estados Unidos no sólo creó la posición de fuerza para las futuras negociaciones con el “eje del mal”. Condoleezza Rice y sus partidarios necesitaron estas manifestaciones de ira contra los llamados países “gamberros” para justificar la condescendencia inadecuada respecto a los añosos adversarios de Norteamérica.

Motivos para estas pretensiones hay más que suficientes. Desde que en 2003 EE UU desató la guerra en Irak, la Administración washingtoniana, tanto como la élite política norteamericana, se dividieron en dos clanes de signo contrario: partidarios del diálogo con el “eje del mal” y los dispuestos a mantener contactos solamente con los amigos, condenando al aislamiento a los enemigos.

En nombre de los primeros actuaron tales patriarcas de la diplomacia como Henry Kissinger, los miembros del grupo mixto para Irak presidido por James Baker – Leight Hamilton y, naturalmente, Condoleezza Rice en persona que las últimas semanas es apoyada por su nuevo vice John Negroponte. Entre los líderes del clan de aislacionistas se catalogan el vicepresidente Dick Cheney, ex delegado de EE UU ante la ONU, John Bolton y otros ideólogos del “nuevo siglo norteamericano”.

Si los adversarios del diálogo con el enemigo llevaron ventaja el primer año de la guerra iraquí, los recientes acontecimientos en los frentes lejanos debilitaron a fondo su control de la política exterior.

Un rudo golpe contra el clan de aislacionistas lo asestó la última noticia: un grupo de altos oficiales, consejeros del general David Petreus, nuevo jefe de las tropas norteamericanas en Irak, llegaron a la conclusión de que EE UU tiene unos seis meses para obtener la victoria en Irak. De lo contrario, sufriría la derrota de corte vietnamita.

Las elecciones intermedias de noviembre al Congreso demostraron que la mayoría de la población estadounidense resta apoyo a cuantos se proponen defender los intereses norteamericanos en el extranjero mediante tanques y no por vía diplomática. En resumen, George Bush y su Administración, como todo organismo cuyo plazo de vida se extingue, piensan hoy con más frecuencia en su aporte a la historia.

Desde la óptica del Washington oficial, el “eje del mal” sigue existiendo. No ha desaparecido ni cambió el rictus por la sonrisa. Pero ha sucedido algo que no se puede dejar de tomar en consideración: la doctrina norteamericana de enajenamiento, rechazo y aislamiento de los países indeseables no ha resistido la prueba ni del tiempo ni de la práctica.

Dialogar con los amigos siempre es positivo, pero con los enemigos suele ser de vital importancia y hasta indispensable.

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Vladímir Símonov, RIA Novosti.


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Josefa Romo Galito
 
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