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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El 'crack del 29' y la sequía

Alberto Vázquez-Figueroa
Redacción
jueves, 8 de marzo de 2007, 21:22 h (CET)
A principios de los años veinte, una terrible sequía asoló el Medio Oeste americano con lo que la tierra de las grandes praderas, muy ligera y carente de humedad, comenzó a levantarse por efectos del viento, formando lo que acabó por llamarse “El Gran Cuenco de Polvo”, una gigantesca nube marrón que se dedicó a girar sobre si misma aumentando de tamaño hasta que su diámetro llegó a alcanzar casi desde el Golfo de México hasta las Grandes Lagos, y desde las Montañas Rocosas hasta las orillas del Missisippi.

Fue sin duda la peor catástrofe natural de la historia americana, infinitamente más dañina que el huracán “Katrina”, sobre todo en los estados centrales que pasaron años sin ver el sol de lo espesa que llego a ser la capa de polvo.

En “Las uvas de la ira”, John Steinbeck describió de forma impresionante cómo la sequía y ese polvo en suspensión llevaron a la ruina a unos desesperados agricultores que se vieron obligados a solicitar préstamos con el fin de intentar salvar sus granjas, pero al no conseguirlo tuvieron que abandonarlas con el fin de emigrar en masa hacia la soleada California.
Y ese constituyó el principio del verdadero desastre puesto que el incontrolable éxodo de los campesinos del Medio Oeste americano durante los años veinte provocó la crisis económica de principios de los treinta.

Actuó como un efecto dominó, ya que los agricultores abandonaron sus granjas sin pagar las hipotecas lo que llevó a los bancos agrícolas a encontrarse dueños de inmensa cantidades de tierras improductivas que nadie quería comprar, a la par que con una total carencia de liquidez.

Lógicamente fueron quebrando uno tras otro, y en su caída arrastraron a los bancos comerciales e industriales a los que habían solicitado préstamos.

Los desconcertados ahorristas temerosos de nuevas quiebras bancarias se dedicaron a invertir en una bolsa cuyos títulos comenzaron a aumentar de valor de forma injustificada en lo que no era mas que un juego de especulación sin la menor base económica fiable. Lógicamente un buen día la burbuja estalló en lo que se conoce como el “Jueves Negro” que dio origen a “La Gran Depresión” que llevó a una inmensa mayoría de los norteamericanos a la ruina, reduciendo el producto interior bruto del país a la tercera parte en menos de cuatro años.

Sorprende que la debacle de la primera potencia económica mundial fuera el resultado de una simple sequía, pero lo cierto es que las sequías nunca son simples. El ser humano puede resistir dos semanas sin comer, pero no sobrevive a dos días sin beber, y de igual modo los países, e incluso las civilizaciones, pueden soportar muy duras pruebas excepto una falta de agua cuyos nocivos efectos siempre perduran aunque no se advierta a simple vista.
Pese a ello los empresarios, los bancos y las cajas de ahorro españolas aun no se han dado cuenta de se está jugando el futuro; cuando la agricultura, el urbanismo y el turismo de nuestras costas entren en crisis por problemas hídricos se dejaran de pagar créditos y se producirá el mismo efecto dominó que concluyó en el terrible “Crack del 29”.

No obstante, en lugar de tomar medidas al respecto invirtiendo en estudios sobre nuevas tecnologías, lo único que hacen es invertir en bolsa siguiendo el sendero que en su día siguió Norteamérica, y que ya la pasada semana dio un serio toque de atención.

Quien no escarmienta en cabeza ajena suele perder la propia; docenas de civilizaciones han desaparecido de la faz de la tierra por falta de agua pero nos preocupa mas averiguar si es posible que existiera en Marte hace cien siglos, que si la habrá en La Tierra dentro de medio siglo.

Este año apenas ha nevado, por lo que las estaciones de esquí, incluidos sus hoteles, se han visto obligadas a solicitar créditos con el fin de cubrir perdidas.
¿Qué ocurrirá si el año que viene tampoco nieva? ¿Cómo pagaran sus créditos y qué harán los bancos cuando se encuentren dueños de hoteles y estaciones de esquí que no producen beneficios porque la alta montaña sin nieve únicamente atrae a las vacas?

En estos momentos el gobierno proclama orgullosamente que nos hemos convertido en la octava potencia económica mundial, pero oculta que ocupamos el puesto 73 en lo que se refiere a patentes de utilidad pública.

El turismo constituye una de nuestras principales fuentes de ingresos pero no nos estamos preocupando por averiguar qué ocurrirá cuando en nuestras costas los veranos resulten extremadamente calurosos mientras que el norte de Europa disfrute de nuestras temperaturas actuales. De hecho, ya esta ocurriendo.

Nuestros peores enemigos, sequía, desertificación y calores extremos, llaman a la puerta, pero los bancos prefieren financiar una orquesta sinfónica a una investigación sería sobre las nefastas consecuencias del cambio climático.

Opinan, y no les falta razón, que son problemas de los que tiene que preocuparse el gobierno, pero no se detienen a meditar en el hecho de que los gobiernos pasan y se olvidan, pero los bancos deben permanecer cualquiera que sea la ideología o la ineptitud del político de turno.

La señora Cristina Narbona tiene los días contados al frente del Ministerio Medio Ambiente: trescientos ochenta en el mejor de los casos, visto que dentro de un año se celebraran elecciones generales, si es que no se adelantan al otoño como ya empieza a insinuar el propio gobierno.

En el supuesto de que el partido socialista volviera a ganar dichas elecciones, y dejando a un lado la celebre frase: “Errar es de humanos y preservar en el error es de políticos”, el Presidente Zapatero deberá remodelar su gabinete dejando fuera a los ministros peor considerados, y ella es la penúltima de la fila.

Le consta que la solución que no ha sido capaz de encontrar en tres años no lo encontrará en cuestión de días, por lo que dedicará sus ultimas actuaciones a adjudicar costosos proyectos a empresas a las que se les deben favores o de las que se espera recibir favores, y colocar “Primeras Piedras” de plantas desaladoras que los agricultores no quieren debido al alto coste de su agua, de la misma manera que su antecesora en el cargo colocaba a toda prisa “Primeras Piedras” del malogrado “Trasvase del Ebro”.

Y es que la mejor manera de resolver el problema hídrico ha sido siempre dejárselo en herencia a un sucesor. Y así “sucesivamente”…

Cuatro titulares han pasado por el Ministerio de Medio Ambiente desde su creación, y ninguno de ellos ha llevado una sola gota de agua más a los agricultores.

Por ello creo que deben ser los empresarios, las cajas de ahorro y los bancos quienes tomen cartas en el asunto si no quieren enfrentarse a una debacle de incalculables consecuencias.

Aunque tal vez a los banqueros les consuele saber que cuando su “Titánic” particular naufrague, las orquestas que financiaron seguirán tocando hasta el último instante.

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