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Vínculos peligrosos

Leonid Radzijovski
Redacción
jueves, 8 de marzo de 2007, 21:22 h (CET)
Ya es una buena tradición que cada año representantes del HAMAS visiten Moscú.

“Inolvidable amistad la forjada en Moscú”. “¡El año que viene en Moscú!”

Naturalmente, quienes difaman a Rusia, no tardaron en percibir en esto algo indeseable: ¡esos, a todas luces, son unos desalmados!... En este caso suelen hacer una pregunta retórica: “¿Con qué otros gamberros internacionales va a mantener contactos Rusia?”

Pero si dejamos a un lado los epítetos nada parlamentarios, la interrogante suscita curiosidad.

Moscú es la zona favorable en extremo para hacer enérgicas declaraciones políticas. El líder del HAMAS que se siente aquí como en casa propia, explica en Moscú que el HAMAS no reconocerá a Israel “mientras éste no deje de hacer sufrir al pueblo palestino”. Es una “fórmula de paz” poética, pero no demasiado precisa. Sin embargo, Moscú no la objeta. Los mismos días el embajador de Irán en Moscú dice que si EE UU emprende un bombardeo, Irán comenzará a vengárselo en todas partes del planeta. Parece raro que los embajadores de Irán en otros países (por ejemplo, en EE UU) no hagan declaraciones similares.

En general está claro que las relaciones amistosas con Chávez, Asad, Irán y el HAMAS producen fuerte prurito a EE UU. ¿A santo de qué lo necesita Rusia? ¿Solamente para irritar a EE UU? ¿O, tal vez, existan ciertos motivos complementarios? ¿Cuáles?

Hace poco me pidieron responder a la interrogante siguiente: “¿Deberá Rusia orientarse en su política exterior a la opinión pública internacional?” He respondido que, en primer lugar, nadie debe nada a nadie, es deseoso orientarse al Derecho Internacional (que, a propósito, es interpretado de distinta manera) y a sus propios intereses nacionales (que, no obstante, se interpretan también de un modo muy distinto) Y, en segundo lugar, ¿qué significa “opinión pública internacional”? ¿Quién ha dicho que la opinión de un redactor de New York Times” es “mundial”, mientras que la de aquellas damiselas de Palestina que el 11 de septiembre de 2001 bailaron de alegría (lo que todo el mundo vio por la TV) “no es mundial”? Cada país se orienta a la opinión pública que le sea afín. Rusia demuestra bien a las claras que la opinión de la calle musulmana le es más importante (y agradable) que la opinión de Wall Street. Pues bien, cada cual puede elegir amistades y asumir responsabilidad por su elección en ese mundo multipolar...

Pero ¿cuáles son los objetivos de la política exterior de Rusia?

No es fácil comprenderlo. ¿Mantener comercio con todo el mundo: pero nuestras armas prefieren adquirirlas precisamente aquellos que disparan gustosamente sobre los norteamericanos o amenazan con hacerlo? El motivo está a la vista. A decir verdad, cabría calcular las pérdidas provenientes de ese comercio; por ejemplo, la posible reducción de la cooperación científico-técnica con EE UU. A este respecto, la respuesta es sencilla: el volumen de esa cooperación es precario y lo fue también en el período de las más calurosas relaciones con EE UU. ¿Existen otros intereses? Ofrece evidente interés la construcción de instalaciones atómicas en Irán.

No obstante, la política exterior no se limita al cabildeo de sus contratos comerciales concretos. Hay otro fenómeno: la llamada “geopolítica”.

Creo que su esencia se reduce a que teniendo fuertes posiciones políticas y diplomáticas en Oriente Próximo (región de especial interés para nuestra potencia energética), obtener la posibilidad de ejercer influencia... Pero ¿en que sentido? Los precios del crudo son determinados por la OPEP y poco le importa el tesoro ruso.

Empero, existe algo, que está por encima de todo: tener fuertes piezas en el Gran (Mundial) Tablero de Ajedrez. Por cuanto EE UU mantiene bajo su control la mayoría de piezas, sólo queda por satisfacerse con “las demás”. Es una tradición añosa.

Bien se sabe que la Komintern reunía bajo su tejado a los bandidos políticos (según estimaciones occidentales) de todo el orbe o “luchadores por la liberación nacional y social” (según su autoapreciación). Primero lo hicieron Lenin-Stalin bajo la consigna de “Revolución Mundial”, más tarde esgrimiendo la idea de Poderío de superpotencia, se emprendió el intento de oponerse a Occidente en toda la geografía planetaria. Según se decía en un popular filme de los años 70: “¡Somos muchos: aquí y en cada kilómetro!”.

Todos esos juegos con terroristas y comunistas de todo pelaje duraron hasta las postrimerías de la década del 80. Los intentos emprendidos en todos los meridianos y paralelos de poner la zancadilla a los norteamericanos (sin perseguir cualquier otro objetivo) parecían cada vez más torpes. Se derrochaba muchísimo dinero (lo que hacía rabiar sobremanera a nuestra comunidad internacionalista), nosotros participamos en la guerra en Angola y en Vietnam... ¿Por qué? “Yo abandono mi hogar y me voy a luchar para que el campesino granadino su tierra pueda arar”. Pero ¿en aras de qué “tierra granadina” la administración soviética desfalcaba a sus propios ciudadanos? No hay respuesta... ¿Y quién la va a hacer? La política de gran potencia seguía su curso por inercia hasta el ocaso del Poder Soviético.

En los años 90 se produjo el colapso, lo que ahora lamentan en voz alta los patriotas rusos. En efecto, cómo es posible qué Rusia no pueda hacer el papel de superpotencia, ni sufragar dinero a todos los dictadores del Tercer Mundo... Pero, no importa. Y ahora, cuando volvieron a volcarse los torrentes de petrodólares, se puede reanudar el derroche a tutiplén. “El dinero quema el bolsillo. Por eso hay que darle salida. Organizar el despilfarro”.

Es una buena obra... Cabe señalar que la Administración rusa no pierde la rienda, no se convierte en acreedora, ni arriesga la vida de sus hombres.. Pero con simples sonrisas no se puede ir muy lejos. ¡Pues el apetito de los sirios y el HAMAS no se sacia con promesas! Y si los amigos no contribuyen a esto: ¿en qué consiste la amistad? La Administración de Rusia podría sacar enseñanza de la experiencia con Bielorrusia. “¿Es posible la amistad desinteresada entre los países? Sí. Lo mismo que el amor platónico entre el niño y la niña. Pero no será duradero”.

Por último, una “astuta combinación”: amigarse y luego convertir esta amistad en algo real. Simplemente “vender” a sus amigos a EE UU deseoso de mover todas las figuras en el tablero mundial.

Cuando se lee, presenta un atractivo sumamente cínico, pero equivalente a la flor de la astucia. Sin embargo, la realidad es otra. Basta ver lo que hace el presidente de Bielorrusia Lukashenko quien no sabe ni venderse a Occidente: pero a éste último no se lo permiten los prejuicios... Cabe señalar que es mucho más complicado venderse acompañado.

Por eso se queda con quien había establecido la amistad. “Hay que responder por quien se adiestra”. Pero Moscú suele adiestrar a cierto tipo de señores, por los que a veces...resulta problemático responder.

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Leonid Radzijovski, miembro del Consejo de Expertos de RIA Novosti.

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