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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Zancos y peleles

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 5 de marzo de 2007, 10:59 h (CET)
Hay obras entrañables de la pintura española a las que el tiempo les mantiene en un tono inmejorable, con un interés renovado, con nuevas perspectivas. Así ocurre con "Los Zancos" de Goya. Aquello algo trasnochado de unos usos y costumbres festivos, se compensa con el simbolismo permanente, y a su través, con sus aplicaciones más en consonancia con la actualidad. Quedémonos con el reflejo de aquellos usos antiguos de los zancos. Celebremos el recuerdo festivo, con el juego de las proporciones entre zanquilargos y el público.

Quizá por lo sufrido, el populacho se registra en el cuadro con muchas sombras y actitudes ceñudas; entre deformes y circunspectos, permanecen absortos quienes asisten a la demostración. Apenas dos o tres de a pie caracolean alrededor de los zancudos con visos de alguna alegría. Goya destaca lo chistoso de los zancos, permiten circular por encima de la realidad circundante. Por encima o fuera de esas circunstancias. Esa es una cuestión importante a diario, cuando la caricatura chistosa se traslada al campo de los abusos y también en otros campos más insospechados.

Cada persona se ve enfrentada a una primera disyuntiva importante, la de vislumbrar su UBICACIÓN en la fiesta costumbrista, se verá difuminada entre el populacho, o bien subida a sus zancos en busca de otras alegrías. ¿existirán más formas para calibrar su disposición? Es evidente que surgirán actitudes contrapuestas, las cosas no son tan esquemáticas, las fases vitales nos conducen por ambas orientaciones. ¿con qué ímpetu? También recalco que no depende únicamente de la voluntad del sujeto activo, se reciben numerosos impulsos externos, muchos condicionantes y problemas. Convendremos en una serie de artilugios variados, interinidades e hipotecas , que amortiguan las energías juveniles. No se justifican con los despilfarros inmobiliarios o con la tolerancia general ante las vías corruptas de los grandes logros capitalistas. ¿Quién va con zancos? ¿Dónde permanecemos ubicados? Ambiciones y renuncias, impotencias u opresiones, se manifiestan como un acceso restringido a los beneficios más sustanciales, incluídos los no económicos.

¿Se puede uno mantener al margen? Estamos alcanzando unos extremos en los cuales sale uno trastabillado, no importa la decisión elegida. No estamos en épocas de asomar la cabeza para ningún experimento, correría riesgo de aplastamiento, se vuelven a llevar las uniformidades, dentro de los partidos, grupos mediáticos, etc. Tampoco colocado dentro de la multitud se llena uno de satisfacción, ejercer de pueblo es muy sufrido hoy en día, cada nueva información es más compleja y menos sincera; las apariencias no conducen a una ciudadanía envidiable, antes bien, a unos seguidismos del género imbécil. Por lo tanto, dentro o fuera del cuadro de Goya, no estamos ante una decisión fácil de asumir, quede pues como pregunta.

En las FIESTAS populares por excelencia (Carnavales, fallas, e irán surgiendo nuevas situaciones), se nos ofrecen actitudes con talantes bien diferenciados. Los falleros más activos y carnavaleros destacados, el gran público asociado a los festejos; frente a los reivindicadores de su derecho a la tranquilidad. Ahí vemos a los punteros con zancos, la muchedumbre, como así mismo aquellos que pretenden permanecer al margen. ¿Todos a la fiesta? Esos mismos integrantes de las tres agrupaciones citadas ¿Serán capaces de ensamblar sus tendencias? ¿Acaso resulta exagerado mencionar esas tendencias?

Si uno se ufana a fuerza de interpretarse a sí mismo como el mejor ejemplar del REALISMO, acaba pensando en su supremacía sobre las vivencias de los demás. Esas ilusiones desmuesuradas constituyen unos zancos muy desproporcionados. La vida será motivo de suficientes batacazos como para llevarnos medio tullidos, totalmente conformados, al rebaño de los sufrimientos humanos. Escribió Carlos Aurtenetxe: "La realidad es la única droga verdaderamente dura. Tan dura que casi nadie se atreve a consumirla". Para acercarnos a sus esencias precisamos de alguna ayuda, como unos zancos que nos permitan atisbar las alegrías, pero huyendo de las extravagancias fuera de todo sentido. Los matices sociales y los rasgos personales confluyen a la hora de posicionarse.

En este nuevo siglo, las condiciones generales nos abocan a una multitud de conflictos. De ellos emana una JUDICIALIZACIÓN excesiva que lleva camino de torturar las convivencias. La Justicia y las leyes importan como gran factor regulador. Con la judicialización me refiero al exceso conducente a que todo se resuelva con medidas judiciales, denuncias y sentencias, con la consiguiente presencia de la fuerza estatal. Es otra forma de salirse de madre. Por ser esta una solución impotente a la hora de abarcar todas las trifulcas; y por que favorece un progresivo desinterés por las soluciones ciudadanas, por el contrario estas tienden a delegar la búsqueda del equilibrio a cargo de estructuras judiciales impersonales. Si confiamos en soluciones de esas características, no abordamos el núcleo del conflicto, no llegaremos a molestarnos en desentrañarlo.

También somos propensos a eludir los razonamientos en momentos comprometidos. Digamos que a la menor crispación, en vez de usar la elevación de miras o la búsqueda sencilla, desde los zancos, para templar gaitas; observamos como se agarran los zancos como armas arrojadizas. Veanse las manadas adheridas como roña a los eventos deportivos, antes o después de la competición, puro VANDALISMO.

Si optamos por no posicionarnos, al menos evitamos la polémica y con toda seguridad algún contratiempo. Pero la falta de dignidad de dichas actitudes pasivas nos conducen a otra maravilla de Goya, "El pelele". En esta pintura, el protagonista es un muñeco manteado por unas señoritas. En la alusión de estas líneas señalo directamente a los PELELES del género humano. Una mirada dirigida a nuestros entornos próximos y remotos puede llegar a instruirnos sobre las características de semejantes polichinelas. Serán personajes públicos en algunas ocasiones, también personas poco famosas y cercanas a nosotros. ¿Observamos ejemplos catalogables de auténticos peleles? Insisto en la utilidad de esa mirada, hasta en su valor pedagógico.

¿Cómo evitar las excesivas salidas de órbita y el abandonismo de los peleles?¿Cómo mantener abiertos los ojos de forma eficaz?¿Hacia dónde dirigiremos la vista? Cercados por innumerables restricciones, siempre podremos presumir de haber abierto intencionalmente los ojos. Sin esa mínima disponibilidad a la reacción propia, ya no será posible extrañarnos de nada.

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