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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero   -   Sección:   Opinión

Los justos también brillarán como el sol

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 5 de marzo de 2007, 10:59 h (CET)
Querido Efraín: Cristo puso de manifiesto, en esta vida, su gloria ante los testigos que había elegido, e hizo resplandecer de tal manera su cuerpo, semejante al de todos los hombres, que su rostro tomó la claridad del sol y sus vestiduras aparecieron blancas como la nieve.

En aquella Transfiguración se trataba, sobre todo, de alejar de los corazones de los discípulos el escándalo de la cruz que sobrevendría, y evitar así que la humillación de la pasión voluntariamente aceptada conturbara la fe de aquellos a quienes se había revelado la excelencia de la dignidad escondida.

Pero, con no menor providencia se estaba fundamentando la esperanza de la cristiandad, ya que el cuerpo de Cristo, en su totalidad, comprendía cuál habría de ser su transformación, y sus miembros contarían con la promesa de su participación en el honor que brillaba de antemano. A propósito de lo cual había dicho el mismo Señor al hablar de la majestad de su venida: “Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. Cosa que el mismo apóstol Pablo corroboró, diciendo: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá; y de nuevo: “Habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.”

Más, en aquel milagro, hubo también otra lección para confirmación y conocimiento de los apóstoles. Pues aparecieron, en conversación con el Señor, Moisés y Elías, es decir, la ley y los profetas, para que se cumpliera en presencia de aquellos cinco hombres, lo que está escrito: Toda palabra quede confirmada por boca de dos o tres testigos.

¿Y pudo haber una palabra más firmemente establecida que ésta, en cuyo anuncio resuena la trompeta de ambos Testamentos y concurren las antiguas enseñanzas con la doctrina evangélica?

Las páginas de los dos Testamentos se apoyan entre sí, y el esplendor de la actual gloria pone de manifiesto, a plena luz, a aquel que los anteriores signos habían prometido bajo el velo de sus misterios; porque, como dice san Juan, “la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo, en quien se cumplieron, a la vez, la promesa de las figuras proféticas y la razón de los preceptos legales, ya que, con su presencia, atestiguó la verdad de las profecías y, con su gracia, otorgó a los mandamientos la posibilidad de su cumplimiento”.

Que nadie se avergüence de la cruz de Cristo, gracias a la cual el mundo ha sido redimido. Que nadie tema sufrir por la justicia, ni desconfíe del cumplimiento de las promesas, porque por el trabajo se va al descanso, y por la muerte se pasa a la vida; pues el Señor echó sobre sí toda la debilidad de nuestra condición, y, si nos mantenemos en su amor, venceremos lo que él venció y recibiremos lo que prometió.

En efecto, ya se trate de cumplir los mandamientos o de tolerar las adversidades, nunca debe dejar de resonar en nuestros oídos la palabra pronunciada por el Padre: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo”. Todo esto afirma san León Magno, en su Sermón 51, el Papa que con su palabra hizo que Atila desistiera de arrasar Roma en el siglo V.
Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA.

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