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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Cuidado con las veleidades en materia de costes laborales!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 4 de marzo de 2007, 09:13 h (CET)
Es curioso como a nivel del Gobierno se tratan asuntos que para el común de la ciudadanía son vistos como intrascendentes o, en muchos casos, como breneficiosos y, sin embargo, no siempre gozan de tal cualidad. Así ocurre con unas propuestas que actualmente están en estudio por la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales en las que, entre otros, se tratan los siguientes temas: la aplicación de acciones de discriminación positiva a trabajadores varones para que asuman responsabilidades familiares; la posible implantación de un permiso de paternidad obligatorio; campañas destinadas a sensibilizar a cerca de la ineficacio de las jornadas prolongadas de trabajo y de las ventajas de una jornada reducida mejor aprovechada; mecanismo de vigilancia de las horas de trabajo y control de la legalidad en relación al tiempo de trabajo con objeto de evitar los efectos perversos del cómputo anual de la jornada de trabajo; facilitar la elección de turnos y el intercambio de los mismos etc.

Para un profano en la materia le puede parecer que son medidas muy lógicas a favor de los trabajadores y que todo lo que sea trabajar menos puede constituir una ventaja muy buena para poder disponer de más tiempo libre para el ocio. He dicho que para un profano, puede parecerle así, pero no para una persona que sabe lo que son los costes de personal de una empresa y lo difícil que, en según que tipos de cadenas de producción a régimen contínuo, resulta combinar al personal disponible para acoplarlo, por ejemplo, a tres turnos de trabajos; teniendo en cuenta que cada trabajador tiene derecho a dias de descanso y que no se pueden trabajar más que un determinado número de días festivos y, todo ello, dentro de una jornada global, que cada vez es más corta, y que no puede compensarse con horas extras, porque están limitadas por ley y resultan más onerosas ( su base es el promedio de todas las percepciones anuales, incluidas pagas extras y demás beneficios, divididas por las horas de trabajo efectivo anuales incrementadas con los recargos correspondientes) En muchas empresas no se pueden parar las máquinas ( el caso de las que funcionan a determinadas temperaturas, hornos de vidrio etc.) sin que ello represente un importante quebranto económico.

Si un trabajador, por la causa que sea (enfermedad, accidente, permisos paternidad etc.) trabaja menos de las horas que le corresponden, no sólo se debe continuar cotizando por él, sino que se han de arbitrar medidas para que sea sustituido por otro. Si de una plantilla de trescientos trabajadores faltan diez cada día la empresa debe contratar a otros para que los suplan, esto engendra contratos temporales debido a que, cuando regresan los enfermos o los que están de permiso, deben reitegrarse a sus puestos habituales de trabajo. De aquí que cuando se habla de que todos tengan contratos de fijo se está hablando de una utopía.

Si la empresa sufre un aumento de costes de producción no puede vender sus artículos al mismo precio que sus competidores,. con lo que puede producirse una disminución de sus pedidos y, por consiguiente un exceso de personal lo que puede provocar una situación de crisis que para solucionarla requiera un expediente de regulación de empleo con el efecto inmediato de que se genere más paro.

Es evidente que las empresas dentro del Mercado Común no se pueden limitar a luchar con la competencia interior, sino que deben hacerlo con todas las competidoras del resto de las naciones comunitarias que, en muchas ocasiones tienen mejores máquinas y más productividad que las nuestras. De aquí la importancia de tener los costes laborales ajustados y de que ninguna expresa se pueda permitir tener una bolsa de trabajadores ocupados parcialmente o desocupados en previsión de cubrir las bajas que se puedan producir por las causas que he señalada anteriormente. Es la pescadilla que se muerde la cola, todo debe estar sincronizado para que la empresa pueda ser rentable.

Es obvio que a la Administración, y en especial al ministerio de Trabajo, lo que le interesa es llevar muchas leyes demagógicas al Parlamento para dar la sensación de que se preocupa mucho de los trabajadores, pero, y esto lo saben muy bien los miembros del Comité de Empresa –cuando están preparados y son conscientes de su deber para con sus compañeros –, que el estirar demasiado la cuerda, que el presionar demasiado sobre la dirección de la empresa en materias como las tratadas por la mentada Comisión, puede dar lugar a que, en vez de obtener beneficios, lo que se consiga es que la empresa tire la toalla. Después vienen las lamentaciones, los expedientes de despido remunerado que luego, en la práctica, es pan para hoy y hambre para mañana, y las dificultades para conseguir otro empleo, especialmente para los mayores de cuarenta años.

Es al Gobierno a quien compete tener la sensatez necesaria para no dejarse llevar por especulaciones partidistas, pesca de votos o propagandas demagógicas que luego puedan ser la causa de que muchas empresas abandonen el país, quiebren o disminuyan su plantilla, impulsadas por la necesidad de soportar unos desaforados costes productivos que les impiden competir en igualdad de condiciones con sus colegas del ramo. Las mejoras sean bienvenidas siempre que sean apropiadas y no entrañen consecuencias colaterales negativas.

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