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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

El fútbol es así

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 4 de marzo de 2007, 09:13 h (CET)
Es curioso que tras producirse el impacto de la botella en la cabeza de Juande Ramos, los representantes de los clubes en cuestión se apresuraran a condenar la acción de la afición, pero nunca la suya propia.

Es comprensible. Pienso que la influencia que dos presidentes de asociaciones deportivas puedan tener sobre sus socios es relativamente baja. Los socios y los aficionados hacen oír sus quejas ante fichajes que no convencen o acciones concretas del presidente o del entrenador. Cuando hay algún aspecto deportivo o extradeportivo que se aleja de la intención de los seguidores, no hay duda que se vuelven contra sus gestores.

Por eso creo que las personas que lanzan objetos contundentes desde la grada y los que cantan ‘Juande muérete’ mientras la asistencia médica retira a un hombre conmocionado, vienen entrenadas de casa y no les hace falta que nadie les diga lo que han de hacer.

Además, el estadio provoca la influencia -ésta sí, desde mi punto de vista, poderosa- de la excitación constante y cerrada, el tipo de masa humana que Canetti denominó ‘circular’. En ella, la concentración energética es tan extrema y con tan escasas posibilidades de dispersarse, que en un segundo puede iniciarse un movimiento la inercia del cual barre las intenciones individuales de las personas. El fin suele ser dramático.

De todas maneras, y aunque hay quien escapa a esa influencia, pocos pueden escapar a los efectos que produce.

Muchas veces se reviste aquel comportamiento impulsivo de un aura enteramente emocional. Incluso, hasta cierto punto, se aprueba la actuación visceral como algo positivo, en lo que se muestra la verdadera naturaleza del ser humano. Pero la actuación irracional, la que se filtra por el corazón y no por la cabeza, puede acarrear consecuencias desastrosas (‘el corazón tiene razones que la razón desconoce’ me parece una sentencia terrorífica).

Y es que hablar de la naturaleza del hombre me trae a la memoria la fábula aquélla del escorpión y la rana:

Ante su incapacidad para atravesar un río, un escorpión pidió ayuda a una rana. Ésta, acertadamente desconfiada, le dijo: -¿y cómo sé que no me clavarás tu aguijón y me matarás mientras cruzamos el río?. El escorpión le hizo ver que si así lo hiciese, también él moriría, pues estaría sobre ella en un medio totalmente hostil. Convencida por el argumento, la rana se acercó a la orilla y permitió que el arácnido se posase en su lomo. Iniciaron el viaje hacia el otro lado hasta que, en mitad del trayecto, la rana sintió que desde arriba, un objeto atravesaba su piel y se clavaba violentamente en su carne. -¿Por qué lo has hecho?- dijo volviendo la cabeza hacia el escorpión. –Lo siento- dijo éste –es mi naturaleza.

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