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Etiquetas:   DISCO DEL MES   -   Sección:   Revista-musica

LCD Soundsystem - "Sound of Silver"
(DFA, 2007)

Daniel García
Redacción
miércoles, 28 de febrero de 2007, 23:00 h (CET)
Vaya papeleta la de James Murphy en este 2007. El alma mater de LCD Soundsystem tiene para este año dos retos importantes, superar ese delirio intoxicante que fue su puesta de largo del 2005 y por si no fuera poco, defenderlo en directo.

Para cumplir con lo primero Murphy entrega este Sound of silver, que en primer lugar sorprende ya por hacernos esperar hasta la pista número 3 para soltar North American Scum, ese hit ideado para golpearte en las sienes hasta el domingo por la mañana. Sería estúpido hablar de “disco de madurez”, etc. pero sí es cierto que el planteamiento aquí es distinto y la preocupación por lograr cierto equilibrio y progresión desplazan la búsqueda desesperada del single rompepistas.

La fórmula funciona y no es necesario cambiarla. LCD Soundsystem mantienen ese cocktail de disco, guitarras y punk-funk sudoroso que no ha perdido un ápice de vigencia. Dice Murphy que él conoce la new wave de cuando no era “retro” sino de cuando era nueva de verdad. Y ahí está la esencia a la que acude, ésa y a la de toda la música negra, el electro y la prehistoria de los clubes cuando Larry Levan mezclaba todo eso y más ya en los setenta.

Hay alma y nervio en Sound of silver. Como ingredientes: producción vigorosa y atenta al detalle, junto con el despliegue habitual de voces, falsettos y coros a los que los norteamericanos nos tienen acostumbrados. Los 7 minutos de media por canción siguen invitando a soltarse la melena por momentos pero sin perderse en esos ácidos descensos a los infiernos (están dosificados pero tampoco deben descartarse para futuros remixes). Se completa el conjunto con perlas envueltas en celofán (Someone great) y dosis de sano gamberrismo. Pero por encima de todo, es la simplicidad y rotundidad de himnos como All my friends o Us v. Them lo que los hace grandes.

Hablamos de canciones más que nunca, con un James Murphy inspirado que reparte para todos: para los neoconservadores, para los ultracristianos y para gurús de lo cool y demás fauna neoyorquina. Canta a amigos, amantes y a ese monstruo que es Nueva York. Lo hace con amor y rabia (ojo a la sentida clausura del album), muy propia de quien se autoproclama “la escoria norteamericana”.

Ya pasó lo peor Mr. Murphy, y si nada raro ocurre en el directo, vayan preparando orejas y rabo.



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