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Etiquetas:   Reportaje   -   Sección:   Revista-arte

El mundo a través del dibujo

Diana Rosa Danta
Redacción
viernes, 2 de marzo de 2007, 00:38 h (CET)
El dibujo técnico, relegado a asignatura optativa en nuestras escuelas, ha sido, durante toda la historia un elemento fundamental para el conocimiento del mundo, el universo y la aplicación de las matemáticas y la física. Hoy, basada en la memorización de teoremas y reglas para luego trazar figuras de difícil utilidad, en cierta manera ha perdido su sentido más profundo: entender la diferencia entre lo que miramos, lo que vemos y cómo lo transmitimos en el arte.

Los orígenes del dibujo técnico
La geometría parte en principio del antiguo Egipto. Eran frecuentes por entonces las crecidas del Nilo, que provocaban inundaciones en un perímetro bastante amplio. Cuando el río volvía a su cauce en las estaciones más secas, la tierra que había sido cubierta por el agua era enormemente fértil, el simo, y por ello, era la utilizada para cultivar. Los agricultores poseían un trozo de esa tierra fértil y pagaban impuestos acordes con la cantidad de tierra que poseyeran, lo que pronto supuso un problema. Tras las crecidas del río era necesario dibujar de nuevo cual era su propiedad, de lo contrario corrían el riesgo de pagar más al faraón por un trozo más pequeño. Y fue entonces, y por esta razón, por la que desarrollaron un sistema de medida para medir la tierra; geo-metría.
Poco tiempo después, hacia el año 1650 antes de Cristo, aparece en un antiguo edificio de Tebas el papiro Ahmes, también denominado de Rhind. Un papiro de seis metros de largo por treinta y tres centímetros de ancho, escrito en hierático y titulado: "cálculo exacto para entrar en conocimiento de todas las cosas existentes y de todos los oscuros secretos y misterios".
Buen título si tenemos en cuenta que este escriba egipcio redactó una serie de normas geométricas que ciertamente nos abrieron el camino para el conocimiento de las matemáticas y la geometría, ya que, dividido el papiro en cinco áreas, trata de manera sorprendente la geometría, la aritmética, el cálculo de pirámides, la esteorotomía y hasta un valor aproximado del número Pi.
Contiene un total de ochenta y siete problemas matemáticos con su resolución, sobre: fracciones, cálculo de áreas, volúmenes, progresiones, repartos proporcionales, reglas de tres, ecuaciones lineales o trigonometría básica.
No se sabe exactamente cual era la función del papiro, pero parece que hay cierto acuerdo en pensar que pudiera ser un texto con finalidades pedagógicas.
De la manera que fuese, es, sin duda, la mayor fuente de información sobre matemática egipcia que se conoce.
Los sumerios, por su parte, nos dejaron constancia de la utilización de esta geometría para otros fines, tal vez más parecidos a la utilidad que le damos hoy en día.
Es famosa la estatua “el arquitecto del plano”, retrato del rey Gudea, bien llamado “el arquitecto” por nuestros historiadores, ya que se considera a este príncipe, mandatario y sacerdote de la ciudad de Lagash, como el arquitecto más antiguo de la historia.
Tan importante fue él y su fama, que es el hombre más retratado de toda la antigüedad.
En esta estatua, datada del año 2450 antes de Cristo, se encuentra esculpida, de manera esquemática, una planta de una casa.
Tal y como el propio Judea escribió en un documento conmemorativo: inventó “una nueva manera de construir, no empleada antes por ningún soberano”.
Los historiadores supusieron que se refería entonces a un nuevo tipo de ladrillo o cualquier otro material. Sin embargo, todo apunta a que hablaba de un nuevo recurso geométrico: la solución para triángulos con diferentes longitudes entre los catetos con lados de números enteros.

Herederos del conocimiento
Desde Egipto y su complejo pedagógico de Alejandría, saldrían al mundo grandes descubridores y matemáticos. Los grandes sabios de Grecia estudiaron en su mayoría en Alejandría y de ellos, a su vez aprenderían los romanos y nosotros por extensión temporal.
Tal es el caso de tales de Mileto (600 a. C.) que se dice fue quien introdujo por primera vez la geometría en Grecia, directamente importada de Egipto. Este filósofo griego, considerado como uno de los Siete Sabios de Grecia, llegó a ser famoso por sus conocimientos de astronomía, a partir de su predicción acertada de un eclipse de sol que ocurrió el 28 de mayo del 585 antes de Cristo.
Descubrió importantes propiedades geométricas como el paralelismo y sin embargo, todo lo que conocemos de él aparece narrado en la “Metafísica” de Aristóteles, ya que Tales no dejó ningún escrito.
Dentro de su círculo de amistades, rondaban otros grandes como Pitágoras, al que Tales invitó a Alejandría, fundador de la escuela a la que se atribuye el descubrimiento de los tres primeros poliedros regulares: el tetraedro, el hexaedro y el octaedro, así como de uno de los teoremas más famosos de la historia: hipotenusa igual a la suma de los cuadrados de los catetos (en triángulos rectángulos).
Más adelante, hacia el año 300 antes de Cristo, tres matemáticos formados también en Alejandría nos dejarían una herencia importante.
Euclides con su impresionante obra escrita, en la que destaca el tratado "Elementos de geometría", con contenidos sobre geometría plana, magnitudes inconmensurables y geometría del espacio; Arquímedes estudioso del área de las formas curvas, que demostró que el volumen de una esfera es dos tercios del volumen del cilindro que la circunscribe y de rebote, retomó las investigaciones para calcular el valor exacto del número Pi, dado que era la proporción entre el diámetro y la circunferencia del círculo y, por tanto, de su completa competencia; y Apolunio de Paerga, llamado el "Gran Geómetra" al que debemos el estudio de las curvas cónicas.

Adaptándose a las nuevas necesidades
Hasta entonces, las investigaciones en geometría se habían centrado en la geometría plana. No es de extrañar si pensamos que el verdadero objetivo de todos estos estudios era el de dar solución a problemas del terreno, de la tierra.
Sin embargo, poco a poco, el interés se fue desplazando hacia nuevos objetivos. Ahora, conocidas las formas y las técnicas, se plantearon cómo representarlas en tres dimensiones o, al menos, con la impresión de que fuesen tres dimensiones: la geometría descriptiva.
De esta manera, durante el Renacimiento, los grandes como Brunelleschi o Leonardo de Vinci insistieron en la perspectiva hasta alcanzar logros importantes. Sin embargo, no fue hasta bien entrado el siglo XVIII cuando las representaciones técnicas den de nuevo un paso importante.
Y este avance, se lo debemos a Gaspar Monge, considerado el inventor de la geometría descriptiva, gracias a la cual, se pueden representar sobre una superficie bidimensional las superficies tridimensionales de los objetos. De entre los diferentes sistemas de representación (cónico, planos acotados…) Monge se dedicó con especial interés al sistema diédrico y lo desarrolló prácticamente en su totalidad.
Llegados a este punto, la geometría ya respondía sobradamente a las necesidades humanas. Y sin embargo, habría que esperar casi un siglo hasta que otro francés, Jean Victor Poncelet introdujese un concepto clave tanto para geometría como para matemáticas: el concepto de infinito. Entendido este concepto, las rectas paralelas se cortarían en el infinito, con lo cual solamente quedarían dos opciones: o se cortaban o se cruzaban.
Finalmente, la última gran aportación al dibujo técnico, que lo ha definido, tal y como hoy lo conocemos, llegó de la mano de la revolución Industrial, a finales del siglo XIX.
Dado que la fabricación comenzó a ser en serie y los productos se fabricaban en diferentes lugares del mundo, eran necesarias una serie de normas para que en cualquier fábrica o país se entendiesen los planos de construcción de los artilugios.
Estas reglas y preceptos, se denominaron “Normalización”, una palabra que ya se utilizó en Egipto y Caldea para la fabricación de ladrillos y piedras de las mismas dimensiones.
Será, finalmente con la 1ª Guerra Mundial, con la necesidad de abastecer a los ejércitos y reparar los armamentos, cuando la normalización adquiera un impulso definitivo con la creación del Comité Alemán de Normalización.

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