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Revista-arte

Etiquetas:   OPINIÓN   -   Sección:   Revista-arte

De lo "comercial" en el arte.

Jesús-Pau Vázquez Vilardell
Redacción
viernes, 2 de marzo de 2007, 00:03 h (CET)
Si Kandinsky hubiera llegado a vivir hasta el día de hoy, es posible que a sus 144 años se hubiera visto obligado a rectificar el título de su gran obra maestra "De lo espiritual en el arte". En plena era de la revolución tecnológica el arte busca hacerse un hueco entre las prioridades del entretenimiento de la esfera pública buscando caminos de lo más ineptos para llegar a ello.

La función del arte en la era de la información básicamente es hacer ver, oir, palpar, saborear, o incluso oler la obra de un artista, cuyas facultades creativas cumplen con los requisitos de una importante institución; la encargada de guardarle la espalda durante el periodo de tiempo que dure el determinado contrato por ambas partes. Así, la obra artística queda enseñada a la masa a través de la originalidad, lo estético y la espectacularidad, fruto de un proceso de combustión en que tal institución hace acto de presencia de forma notable. Por otro lado, el artista se compromete a cumplir con las exigencias de la institución. ¿Si esto es así, qué queda de la búsqueda irresoluta de Kandinsky sobre lo espiritual en el arte? ¿Es posible que lo bohemio del arte ya no sea "cool"?¿Si no hay más profundidad en el arte que la de que un objeto artístico sea curioso, bonito y vendible, estamos ante el arte de los nuevos sofistas?

Kandinsky da prioridad a las definiciones que llevaron a cabo Schumann y Tolstoi para dar significado a la función del artista a nivel individual. Así, en "De lo espiritual en el arte" Kandinsky cita la siguiente frase de Tolstoi "el pintor es un hombre que lo sabe dibujar y pintar todo". Con ello eleva la figura del artista al rango de creador que conoce el "todo" y que dispone de la herramientas para representarlo armónicamente. Sin embargo, estas herramientas podrían llamarse las herramientas del silencio debido a que la funcion del artista es que el proceso de trabajo permanezca amagado bajo la sombra que proporciona la "perfección" de una obra de arte acabada. Nada supone mayor trabajo para el artista que el ocultar su propio proceso de trabajo para que la obra pueda ser potable para el mercado. Ya Kandinsky nos quiso abrir los ojos ante el peligro que está corriendo el espectador al no captar la profundidad del arte:

"las paredes de las salas llenas de lienzos pequeños, grandes, medianos [...] las personas llevan estos libros en la mano y van de un lienzo a otros, los miran y leen los nombres. Luego se marchan tan pobres o tan ricas como entraron, y son absorvidas inmediatamente por sus intereses, que no tienen nada que ver con el arte. ¿Por qué vinieron? Cada cuadro encierra misteriosamente toda una vida, toda una vida con muchos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo y de luz".

Ferías como Arco agudizan este proceso de potabilidad del arte y se presentan a menudo como escaparate para que las grandes multinacionales hagan sus inversiones. En consecuencia, se hace inevitable que los hijos del fordismo se hagan con las directrices del mercado del arte en los años venideros y que actúen como sujeto principal que dan forma a los cimientos del arte posmoderno. De forma paradójica, los hitos de la producción masiva y precursores del consumismo durante el modernismo son los que dictaminan sentencia en el mercado del arte. Es más, si hasta entonces el fin de la multinacional había sido cumplir las demandas de una sociedad consumista a través de la producción masiva, ahora el papel que cumplen en la sociedad se ha metamorfoseado, y en ferias como Arco las multinacionales ven el lugar ideal para realizar las compras que posteriormente enseñarán a sus posibles consumidores. Todo ello mediante el desembolso de una buena cantidad de euros que garantizará la presencia de la marca en el entretenimiento de la masa.

Pero, ¿quién compra en Arco?. En el escaparate del arte contemporaneo Coca-Cola invierte 150.000 € por la adquisición de obras de arte de artistas con trayectoria y de artistas que empiezan a emerger. Este año el Corte Inglés también ha participado organizando 'Pintura' en la que se prentende pintar las fachadas de algunos de sus centros comerciales y el Museo Reina Sofía a través del Ministerio de Cultura hará una inversión cercana al millón de euros. También es destacable la participación de diversas entidades como Telefónica, Santander Central Hispano o Caja Madrid e instituciones como ayuntamientos de distinitas localidades españolas y entidades culturales. Otras ferias de arte como el festival Loop de videoarte de Barcelona que tendrá lugar en mayo cuentan con empresas colaboradoras que en apariencia no poseen ningún vínculo con el propio festival como BMW, ARTAS, Hotel Pulitzer, TV3, Solan de Cabras, etc.

Un vistazo a los sponsores de grandes ferias internacionales bastarían para entender que el arte actualmente tiene una depedencia total de entidades importantes que aporten el capital necesario para financiar tales proyectos. Si esto no fuera así ninguna la obra de arte difícilmente podría darse a la luz en la esfera pública y de forma inevitable el artista no podrá hacer valer que "el arte, en su aspecto global, no es una creación inútil de objetos que se deshacen en el vacío sinó una fuerza útil que sirve al desarrollo y a la sensibilización del alma humana." Puede ser que el arte de hoy se encargue de cegar la vista del espectador, ya sea por el interés comercial de una entidad o por la innecesidad del artista por la búsqueda de esta fuerza útil, sin embargo, está claro que existe un contrato por ambas partes que imposibilita al espectador recibir un mensaje espiritual y profundo que ayude a borrar la idea de que el arte es una mera actividad de ocio.

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