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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Pólvora para los niños

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 2 de marzo de 2007, 11:28 h (CET)
Valencia comienza a arder. Desde el 1 de Marzo hasta el 19 la plaza mayor de la ciudad acogerá las típicas “mascletas” falleras en las que el ruido y la pólvora harán que miles de valencianos y visitantes nos concentremos para admirar y aplaudir el centenario arte de los pirotécnicos. Es muy difícil que durante el disparo de las toneladas de pólvora que cada día tendrá lugar frente a nuestro Ayuntamiento se produzcan accidentes, el establecimiento de un perímetro de seguridad que rodea el recinto en el que los cohetes explotan hace que la seguridad de los asistentes sea preservada. La mayoría de las asistencias que los servicios médicos se ven obligados a atender son pequeñas lipotimias causadas por las aglomeraciones y el calor de la primavera que comienza a asomar su sonrisa soleada y alguna que otra afección ocular motivada por algún trozo del cartón de los petardos que se introduce en los ojos de los asistentes si estos no son precavidos.

Pero esto no siempre es así. El tópico dice que los valencianos somos unos enamorados de la pólvora y en este caso el tópico suele cumplirse. Desde niños muchos de nosotros nos hemos acostumbrado al fuerte olor a pólvora y al ruido de los cohetes. Así que en estas fechas las calles de la ciudad se convierten en espacios libres para los aficionados al festejo, el ruido y la pólvora. Y aquí es donde está el peligro, en la utilización desmesurada y sin garantías de seguridad de un elemento tan peligroso como la pólvora. Es muy fácil ver en cualquier calle de la ciudad a niños de siete u ocho años arremolinados alrededor de algunos petardos para pertrechar sus pequeñas fechorías. Se meten petardos en las papeleras, dentro de latas vacías de refrescos, en los porteros automáticos de los patios e incluso dentro de botellas de vidrio y se les hace explosionar sin meditar, los niños no piensan, en las consecuencias. Generalmente los padres, que son los que han adquirido los petardos, están placidamente tomando cervezas en el “casal” fallero o en el bar de la esquina sin pensar que un triste accidente puede hacer que a su tierno infante las próximas fallas los amiguitos le conozcan como el “tres dedos” o “el manquito del petardo”.

Por ello es de una enorme irresponsabilidad que la primera autoridad municipal, la alcaldesa Rita Barberá, desde el marco incomparable de nuestras Torres de Serranos y durante el acto de la “crida”- llamamiento al mundo para que asista a nuestras fiestas- dijera la frase “queremos pólvora para todos, y para los niños también”. Ole, ole y ole, eso si que es una verdadera alcaldesa, no sólo popular sino también populachera, tres hurras por la defensora de nuestras esencias patrias frente a ese Gobierno central lleno de izquierdistas que después de no traernos el AVE y quitarnos el agua ahora quieren dejarnos sin poder utilizar la pólvora que corre por nuestras venas de buenos y perfectos valencianos dispuestos siempre, como dice nuestro himno, a “ofrendar nuevas glorias a España”.

Estamos ya a pocas semanas de una contienda electoral y toda vale para ganar votos aunque se pierdan por el camino algún que otro dedo o alguien tenga que andar con un ojo de cristal el resto de sus días. Pero Rita Barberá no es tonta, el pasado domingo a las 8 de la mañana decenas de menores de doce años acudieron, con sus padres, a la despertá y lanzaron petardos de los denominados “trons de bac” que explotan al estallar contra el suelo. Tanto Rita como la Junta Central Fallera, organizadores del acto, se cubrieron las espaldas e hicieron a los padres firmar un documento en el que estos se hacían responsables si algún infante resultaba herido. Se estaba infringiendo una ley mientras la Policía Local miraba hacia otro sitio.

Con ley o sin ley- Valencia en fallas es como Dodge City una ciudad sin ley-, con moratoria, como la pedida por el PP y el PSOE, o sin ella los niños seguirán llenando las calles de la ciudad y, en muchos casos, utilizaran los petardos sin la atenta y previsora mirada de un adulto. Y como cada año los pasillos de las urgencias hospitalarias se llenaran de accidentados con quemaduras graves y, en el peor de los casos habiendo dejado en el asfalto, entre risas y bromas, unos dedos o un ojo, y esperemos que no la vida. Mientras, nuestra alcaldesa seguirá disfrutando de la fiesta, utilizándola para su campaña electoral y sin acercarse a visitar a esos niños a los que para siempre se les quedará una mirada triste. Ella y los padres serán los responsables de haber matado para siempre la sonrisa de más de un niño.

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