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Etiquetas:   Periodismo   -   Sección:   Revista-zonajoven

Reporteros de guerra, forenses bélicos

Fátima Mohamad
Redacción
miércoles, 28 de febrero de 2007, 23:00 h (CET)
La historia de la humanidad se describe con imperios, conquistas, reconquistas, expropiaciones, colonizaciones... con guerras. La historia del periodismo se adscribe a su vez a una serie de idas y venidas, conquistas y reconquistas, de su derecho primogénito: la libertad de expresión. Y es que sin la libre expresión de los individuos no puede haber libertad, no puede haber paz.

Las personas tenemos la necesidad natural de comunicarnos desde que el hombre es hombre y esto hace que la comunicación sea la esencia, la base de la humanidad.
Necesitamos contar, explicar cómo nos hayamos, qué vamos hacer, qué queremos, a quién queremos… porque lejos de la individualidad y autosuficiencia que se nos vende actualmente, el ser humano es colectivo, y necesita de esta colectividad para vivir y sobrevivir.
Partiendo de una necesidad de comunicación como innata en el ser humano, es más que comprensible el nacimiento de los medios de comunicación (prensa, radio, tv, Internet…) y la importancia que estos tienen para el desarrollo de la historia.
Por ello, siempre ha sido objetivo de quienes han ostentado el poder mantener bajo filo a los medios y a la figura que los representa, los periodistas. Esto se debe a que si la premisa del periodismo es contar la verdad, lo verídico no es siempre amigo del gobernante y necesita de su silencio para seguir ejerciendo su poder y de este modo no tener mayores problemas en la ejecución del mismo.
En estos momentos además de utilizar el silencio como coacción de los medios, se desinforma, se manipula la información, de modo que llegamos al extremo de entrar en guerra sin ni siquiera tener conocimiento de causa.
Toda guerra es injusta, obviedad donde las haya, sobre todo para el que es atacado y además no sabe la razón. E incido en el hecho del desconocimiento. Si uno no conoce los verdaderos motivos, las fobias y las filias de su gobernante, de los implicados en una guerra, jamás comprenderá la verdadera razón de lo que le acontece a su mundo.
Y es ese precisamente el papel del periodista en tiempo de guerra. Contar, narrar, relatar, explicar a quien le escucha, le lee o le observa, y mostrarle qué esta ocurriendo y sobre todo, por qué esta pasando.
Qué motiva que un país decida invadir a otro, qué intereses puede conseguir con ello, qué consecuencias supondrá para la población de ambos, qué papel juega en ello el resto de los países fronterizos. ¿Quiénes son los protagonistas?
El periodista es el observador privilegiado de los acontecimientos, debe serlo para poder explicar lo que implica una guerra, tener un vasto conocimiento del terreno, y conseguir que quienes no están en el sitio del suceso conozcan a la perfección lo que ocurre.
No vamos a ser ilusos y pensar que dicha tarea no es complicada y puede implicar la propia muerte, pero no será en vano. Si no fuera por las agallas que muchos periodistas han demostrado a lo largo de la historia jamás habríamos conocido la realidad que nos acontece.
El periodista es el historiador instantáneo de los acontecimientos, protagonista indirecto, pero siempre discreto, que debe pasar a ser un mero narrador de lo que sus retinas retengan.
Nos encontramos en un duro momento para la profesión periodística, puesto que cada año son más los que mueren en aras de buscar la verdad, en el campo de combate.
Una guerra es una guerra, en la que se sufre, se padece, se hiere, se muere. Es un peligro constante, hay que ser conscientes de eso, no es una ficción que uno ve desde el sofá de casa, es una vivencia que lo marcará para el resto de sus días, pero tan necesaria como el agua. Me explico, sin un forense que haga una necroscopia no podemos saber los motivos que han originado determinadas muertes, sin un bombero que ponga en peligro su vida no sobreviviría nadie a un incendio, sin un periodista, que ponga en peligro su vida y que realiza la biopsia de todo lo que ve no podríamos conocer más allá de lo que quieren los poseedores del poder.

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