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Etiquetas:   Crónica Concierto   -   Sección:   Revista-musica

Nathan Fake - Nitsa (Barcelona, 24/02/07)

Daniel García
Redacción
miércoles, 28 de febrero de 2007, 23:00 h (CET)
La nueva visita del niño prodigio de Border Community al Nitsa prometía en esta ocasión algo distinto. La hora de comienzo (a las 3 ni más ni menos) y la liberación de tener que presentar todo un album como hizo justo hace un año, presagiaban un set más orientado a la pista, si es que puede hacerse esta clase de afirmación con Nathan Fake.




Nathan Fake en Nitsa / Foto: Sarajeisel Barroso

Si en Border Community hacen techno para los que no les gusta el techno, de Nathan Fake podríamos decir que directamente no hace techno. Así que la orientación del británico hacia la pista es ya desde un comienzo más que dudosa.



Nathan Fake / Foto: Sarajeisel Barroso


Su breve desembarco en Barcelona no nos trajo las densas nubes de emoción devastadora que poblaban su debut “Drowning in a sea of love” (BC, 2006). No hubo espacio esta vez para la épica shoegaze que tan buenas sensaciones nos ofreció entonces. Dosificando las escasas referencias al album, la sesión avanzó dejando un sabor agridulce. Es ése el límite del formato live que impone remezclar en directo las versiones originales, lo que suele traducirse en añadirle más ingredientes, triturarlas y ensuciarlas un poco, no siempre con buen resultado.

Pero si hay algo que no puede achacarse al de Norfolk es frialdad. Volcado sobre su portátil, su directo no escasea en ideas y arrebatos más o menos afortunados. Y desde luego, el chico tenía ganas de divertirse, y tenía prisa por hacerlo. Eso pareció al menos cuando Nathan Fake optó por girar el timón y aumentar la tensión. Giro de 180 grados para pasar a emular a lo mejor de ese acid techno de los primeros noventa, ese mismito que recientemente recuperó Aphex Twin para sus Analord. Un muro de sonido no apto para todos los oídos. Asistimos de este modo a toda una descarga de electrónica acidísima que se movía entre trance, techno e IDM de manera pasmosa. Ya sabemos lo que toma este chico cuando sale al campo.



Nathan Fake / Foto: Sarajeisel Barroso


El beat afiladísimo y multiforme había abortado casi cualquier amago de baile, pero alcanzó cotas insospechadas hacia el final con un par de ráfagas de breakcore más propias de otras latitudes. Final coherente, eso sí, porque regalar un “The sky was pink” u otro himno a esas alturas no tenía ningún sentido. El público no mostró mucho entusiasmo (aplausos contados) pero a buen seguro se llevó a casa sensaciones distintas a las que pueden experimentarse un sábado noche en cualquier sala de la ciudad.

Igual con menos prisa hubieran sido posibles otras disgresiones que la hora escasa que tuvo de presencia Fake en el escenario no permitió (quizá también se podían haber aprovechado los últimos 4 minutos a cualquier otra cosa distinta a ese drone largo e inútil). Al final, el susto en el cuerpo y a seguir con el minimal acostumbrado de los residentes, que después de la tormenta, parecía más inofensivo que nunca.

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