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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Andalucía

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 1 de marzo de 2007, 14:12 h (CET)
“Es la hermosa Andalucía,
esa que hoy lucha esperando
salga de la noche el día.”


Rafael Alberti

Andalucía es tal vez, la más vieja tierra histórica de Europa y nunca ha mostrado petulancias de particularismo ni ha pretendido nunca ser un Estado aparte. Es verdad que el pueblo andaluz no tiene continuidad histórica y que, por tanto, los andaluces del siglo XXI, no descendemos de los andaluces de la Edad Media, y menos aún, de los de la Edad Antigua. Igualmente, es cierto que las bailarinas de Gades no son las precursoras de nuestras folklóricas actuales. Se puede afirmar, también, que no queda entre nosotros ningún descendiente de Séneca o de Averroes. Pero no es menos cierto que algo habrá quedado, algunas gotas de sangre de tartesos y fenicios correrán por nuestras venas, y en el caso de los hispanorromanos, árabes y berberíscos deberán ser más que unas gotas. Y no hay duda, que hay una cultura en la sangre.

Todas las regiones, todas las naciones de Europa, han conocido migraciones, pero ninguna con la intensidad de Andalucía que ha llegado a ser vaciada de su población y repoblada con otra de distinto origen. Es dudoso que exista en occidente una región que haya sufrido trasvases humanos tan radicales. Por ello, la tierra andaluza ha tenido que desarrollar una función unificadora decisiva para perfilar la personalidad del pueblo andaluz y asegurar su continuidad.

En esta tierra del Sur, en la que nada envejece porque todo es viejo de nacimiento es fácil comprender que todos los que fueron llegando modificaron sus hábitos con el andar del tiempo, al encontrar una arquitectura urbana adaptada al clima, unas costumbres alimenticias en consonancia con el medio, un ambiente cosmopolita, una gran comunicabilidad social y tradiciones populares muy arraigadas.

Andalucía puede considerarse como la más antigua de las culturas peninsulares, si bien, hace tan sólo algo más de cinco siglos que delimitó su espacio geográfico. El espacio andaluz es el resultado de la fusión, a finales de la Edad Media, de los reinos nacidos de la conquista cristiana. Andalucía no era una denominación oficial (tampoco lo era entonces España). La distinción entre la Andalucía de los Tres Reinos y Granada se diluyó con gran lentitud. Pero en el lenguaje popular Andalucía estaba ya identificada con el espacio actual desde 1492, que puede considerarse el año fundacional de Andalucía.

Esta realidad nacional que se configura en sus rasgos esenciales a partir de 1492, tiene una personalidad propia indiscutible, no hay una étnica andaluza pero sí un modo de vida andaluz. No existe una lengua andaluza, pero sí hablas andaluzas que no tienen relación de subordinación o dependencia respecto al castellano. Precisamente, la primera gramática castellana que se imprimió en 1492, es obra del andaluz Elio Antonio de Nebrija.

El laborioso parto de Andalucía estuvo marcado por feroces luchas religiosas que sirvieron de pretexto para dos resoluciones altamente negativas: el establecimiento de la Inquisición y la expulsión de los judíos.

La dimensión americana es también esencial para la comprensión de la personalidad andaluza. La gran aventura del hombre se hizo desde Andalucía. El descubrimiento de América, abrió nuevos e ilimitados horizontes a los andaluces, colocándolos en el centro de las grandes decisiones mundiales, lo que fortaleció la vocación universal del pueblo andaluz y su estilo cosmopolita.

Ayer y hoy, con pobreza y riqueza, Andalucía es una realidad nacional entrañable con una acusada personalidad, crisol de razas, hogar abierto a todos, tierra de libertad, donde el hambre se hace grito de dignidad: “¡En mi hambre mando yo!”

En los albores del siglo XXI, es esencial que nadie sea desalentado, que no se prescinda de nadie. Se hace necesario la movilización, de todos los andaluces, exigiendo a cada uno que sea lo que es, y que lo sea para los demás, para construir por todos y para todos un futuro mejor, haciendo cada nuevo día, más Andalucía. Y como dijo el poeta: “Pero que nadie se engañe. / Aunque andaluz, yo soy copla, / soy viento de cualquier parte”.

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