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Ecos del derbi

Dani Sanabria
Daniel Sanabria
viernes, 2 de marzo de 2007, 12:26 h (CET)
El eco del derbi tiene nombre propio y se llama Daudén Ibáñez. Este es el individuo que se cargó uno de los derbis más emocionantes e igualados de la última década. Cuando llegaron las 22.00 horas del sábado, decidió que quería ser protagonista y ocupar las portadas de los periódicos del día siguiente. “Mañana en la prensa no saldrá Torres, ni Raúl, ni Casillas…, saldré yo”, debió pensar.

El espectáculo circense que ofreció este sujeto con un silbato en la boca es como para devolverle la entrada a todo aquel aficionado que se haya sentido herido en su sensibilidad. Y para el que no, también. No se puede permitir que un acontecimiento que mantiene en vilo a millones de personas durante dos horas esté en manos de un fraudulento e inepto juez.

El Atlético ganaba 1-0 cuando marcó el segundo gol, en el minuto 14. La historia fue así: saca el Atlético una falta desde la derecha, Emerson agarra de la camiseta hasta derribar al suelo al Kun Agüero, el balón rebota en el poste y Perea libre de marca anota el segundo. Vamos a dar al pause. La situación quedaría 2-0 para el Atlético, en el minuto 14, y con el Madrid derribado.

Entonces, el árbitro pensó: “un derbi sentenciado en el minuto 14 y encima a favor del Atlético es un derbi en el que voy a pasar desapercibido”. Para evitarlo, mira al linier, a ver si le da el tirón en el brazo y levanta la bandera. Exacto. Al linier le da una crisis de identidad laboral y delega en Helguera su potestad para pitar los fueras de juego. “Perfecto”, pensó Daudén. Gol anulado y esto sigue igual como si no hubiera pasado nada.

Aún quedaban 75 minutos y el Atlético seguía siendo el claro favorito, pero como el Madrid no se acercaba a la portería de Leo Franco, Daudén decidió ayudar a los de Capello más disimuladamente. Pitando saques de puerta que eran córners, faltas donde no había nada, perdonando la expulsión a Cannavaro (que debía haberse producido en el minuto 50, no en el 82 cuando apenas queda tiempo para aprovechar la superioridad numérica), y a Diarra, que con el balón parado agredió a Zé Castro.

Así transcurrió la intrahistoria de un derbi que tenía claro color rojiblanco, pero que un año más, el que va de negro quiso colorearlo de blanco. Yo me pregunto, ¿dejarán alguna vez los árbitros ganar al Atlético de Madrid un derbi en el Calderón?

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