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Opinión
Etiquetas:   Punto crítico  

Aún quedan hombres libres

Raúl Tristán

miércoles, 28 de febrero de 2007, 11:11 h (CET)
Aún quedan hombres valientes, profesionales de altura, gentes que saben hacer su trabajo sin vender el alma al diablo.

Un periodista debería ser, ante todo, un hombre libre, sin ataduras, sin filias irracionales y sin fobias ilógicas. Un periodista debe dar a cada cual su merecido, según los hechos juzguen al ínclito.

Pero todavía hoy las sombras de la prepotencia se pasean tras la cortina del teatro político. Manos ocultas tras las bambalinas siguen ordenando a sus huestes y estas continúan obedeciendo, serviles, a esas mentes de enfermizas fijaciones, a los ofuscados autodestructivos sembradores de veneno, y dejándose manejar por manipuladores filofascistas o neoestalinistas de aviesas intenciones capaces de hundir en la miseria a quienes pretenden vivir con libertad de pensamiento y de expresión.

La España del PP o la España del PSOE, da igual, pues en ambos casos los hilos que mueven a las marionetas existen, están ahí, ya sean de alambre o de fina seda, en función de la habilidad y el disimulo del que sea capaz el cacique de turno.

Opinión pública maniquea, medios de comunicación dominados por arpías bajo contrato con fecha de caducidad, voces que escupen basura tan sólo hacia el lado del que no les sopla el viento, no sea que les salpiquen las heces de sus amos.

Manipulación por el poder visible, y censura de nuevo, censura por el poder en la oscuridad, el que todo lo maneja en silencio, sin hacerse notar.

Pero hay presencias a las que no es necesario ver para saber que están ahí: un tufo pestilente las persigue, dando fe de su paso por el lugar...

Va mi brindis por esos escasos, raros ejemplares, de profesionales libres, de profesionales de honor, que no se venden, que critican o alaban en función de la verdad, y no de aquello que les dictan desde los bajos fondos de esta política nuestra, que todo lo que toca lo mancilla.

No corren buenos tiempos para el librepensador, para el independiente, para aquel que osa desafiar al mundo. No corren buenos tiempos para la mente lúcida, despierta, que prefiere morirse de hambre a que el tirano le compre con un plato de lentejas. Las lentejas, que tienen mucho hierro, el mismo que tienen las esposas a las que, por aceptarlas te esclavizas, aherrojándote a los pies del amo, a las patas de sus perros, condenándote a ser semper fidelis so pena de retirarte el beneplácito, la bendición.

Va por ti, José María García.

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