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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

¡A trabajar, señores!

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
martes, 27 de febrero de 2007, 10:31 h (CET)
Mariano Rajoy acaba de prometer en Zamora que volverá a esa ciudad en AVE y como presidente del Gobierno. Lo primero puede que se cumpla, lo segundo está más complicado. A su designador, José Mª Aznar, le sucedió lo contrario con respecto a Valladolid: en la campaña electoral de 1996, en la plaza de toros de la capital castellano-leonesa, prometió volver a Valladolid en AVE antes de cuatro años. Y aquí llegamos. Eso sí, volvió como presidente del Gobierno; aunque lo hizo para celebrar comilonas, divertirse, resolver algún que otro problema personal a su amigo Lucas y abrazar a sus amigos y correligionarios. Pero nada más. ¡Ya está bien de promesas! ¡Empiecen a trabajar, señores!

Con la llegada de José Mª Aznar al Gobierno de la nación, Castilla siguió como estaba; es decir, tan abandonada como León. Para el Gobierno Aznar se llevaron importantes cuadros humanos que hubieran venido muy bien a la comunidad. Esos cuadros acabaron formando el Clan de Valladolid. Desde entonces hasta hoy poco ha cambiado: Castilla y León pierden población; la deslocalización de empresas es moneda de curso corriente en León y en Castilla; apenas llegan empresas nuevas a la región y, cuando alguna lo intenta, surgen los enfrentamientos entre las instituciones interprovinciales; la formación profesional sigue dando bandazos; somos líderes regionales en emigración; apenas se crea empleo; los universitarios no suelen encontrar trabajo en León y Castilla; el éxodo rural es cada día mayor; las políticas para evitar la despoblación han llegado tarde, muy tarde, además de no haber dado los resultados esperados, y los múltiples observatorios no saben qué observar.

Observamos carencia de cintura política al abordar la problemática social, política y económica que surge en la comunidad y, cuando los problemas se plantean, suelen eternizarse sin solución: autovías a Soria, Segovia y León; escándalos con las VPO; cierre de empresas; frecuentes deslocalizaciones,…

El Gobierno regional pierde ocasiones a diario. Dedica excesivo tiempo en criticar a otros gobiernos y administraciones. Así difícilmente llegará a parte ninguna. Lo ha demostrado en sus feroces críticas al proyecto de ‘ley contra vino’ y a la petición de dimisión de la ministra Salgado. ¡Cuántos consejeros de la Junta de Castilla y León deberían dimitir por su demostrada y diaria incompetencia!

Seguimos viendo consejerías donde sus titulares no saben si matan, hieren o espantan. No es de recibo que un miembro del Gobierno Herrera, en una de sus salidas nocturnas por la capital vallisoletana, se ‘parta el pecho’ a reír ante las declaraciones de su jefe nacional en radio, mientras el taxista que hace el servicio calla, observa, se asombra y sonríe avergonzado. Por ello, el presidente Herrera debería ‘barrer su casa’ regional antes de denunciar la suciedad de la casa de su contrincante político.

Y por si no es suficiente el caos que alumbra y acompaña a Castilla y León, el casi desconocido presidente de la comunidad ‘destierra’ a la alcaldía de Zamora a quien ha sido la ‘Joya de la Corona’ castellana y leonesa, Rosa Valdeón Santiago. Herrera desnuda a toda una comunidad para echar un simple capote a Zamora. Esa medida es incomprensible, lo que le ha llevado a convertirse en el hazmerreír de sus propios consejeros. ¡Ay si supiera lo que de él piensa la ciudadanía por esta medida tan impopular! En fin, para echarse a llorar y para correr a gorrazos a ‘Juanvi’ Herrera.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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