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Etiquetas:   Micro abierto   -   Sección:   Opinión

La facilidad del recurso a la inconstitucionalidad

Pelayo López
Pelayo López
martes, 27 de febrero de 2007, 10:31 h (CET)
Resultan asombrosos el ensimismamiento y la ceguera que uno mismo puede llegar a otorgarse para confiar en que posee la verdad. Resulta igualmente asombroso el comportamiento de personas con cargos de responsabilidad, y la suficiente prudencia esperada por tanto, para aborrecer la misma Carta Magna que defienden en los casos de otras realidades tan cotidianas como la abucheada. Los unos, la protagonista en cuestión, creen que lo escrito se lo lleva el viento por el simple hecho de estar caduco, y actúan a toro pasado cuando ya han sido cuatro las oportunidades perdidas con anterioridad. Los otros –presidente autonómico, directora general de la mujer…- dan el gran salto y reaccionan arremetiendo contra una de las partes, posiblemente sin escuchar o sin haber recabado la suficiente información que les permitiese emitir un juicio de valor.

El centro de atención, el núcleo de la vorágine, es la destitución de Miss Cantabria 2007, por el simple hecho de haber sido madre hace 3 años. Así, sin más, cualquier cerebro digno de llamarse civilizado valoraría de impresentable dicha actuación y más que posiblemente caería en los mismos errores anteriormente expuestos. Sin embargo, hay una serie de circunstancias alrededor que hacen que la simplicidad a priori supuesta entrañe una complejidad mayor de la esperada. Con el reconocimiento público de saber perfectamente que la ahora utilizada cláusula figuraba entre las bases del sorteo, la ya desposeída Miss Cantabria 2007 ha abierto un nuevo debate sobre algunos derechos universales en pañales a estas alturas. Apoyo la moción mayoritaria de que la maternidad no debe ser un impedimento para la demostración de validez de ninguna mujer. Apoyo el que el hombre y la mujer deberían tener las mismas bases para estos concursos de belleza y que si a los hombres no les supone ninguna cortapisa a las mujeres tampoco. Apoyo esos dos puntos y posiblemente algunos más que coherentemente puedan ser esgrimidos.

“Pues tampoco era la más guapa”. Esta respuesta machista, y al mismo tiempo acorde al espectáculo celebrado, puede evidenciar algunos trazos luminosos de ingenio en este berenjenal. Porque, digo yo, puestos a pedir, seguramente algunas mujeres de 30 años desearían competir en el mismo carrusel y la edad se lo impide. O, ya que la equiparación entre hombres y mujeres será forzosa a base de decreto ley, seguramente luego sólo se elegirá, indistintamente, en una única categoría, al “ser” más hermoso de la región entre hombres y mujeres. Uno se pregunta entonces los motivos de la existencia de baremos y/ o requisitos mínimos casi todo. Ya se ve. Somos capaces de lapidar a los políticos por sus disputas afanosas en torno a la Constitución, y nosotros, cual a expensas de nuestras orgullosas convicciones, imitamos a para caer, al igual que ellos, en la facilidad del recurso a la inconstitucionalidad.

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