Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Cine

Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'El último rey de Escocia': el poder dirigido bajo el terror persuasivo

Pelayo López
Pelayo López
sábado, 21 de abril de 2007, 09:13 h (CET)
“And the Oscar goes to…” Forest Whitaker. Sin duda, el principal reclamo de esta película es la increíble labor interpretativa de este actor negro, un actor que aquí recrea con majestuoso talento al dictador ugandés Idi Amín y que, sin embargo, ya nos había dejado en la retina, igualmente, personajes tan diferentes como el músico Charlie Parker en Bird o su introspectivo y visceral samurai de Ghost Dog. Nos encontramos -no sólo por sumarnos al halago generalizado, sino porque ya lo reivindicábamos algún tiempo atrás- ante uno de los mejores en su trabajo actualmente en la meca del cine, un actor que, con su caída de ojo característica y su imponente presencia física, si bien merece todo el reconocimiento que le están ofreciendo en el presente con este papel -Oscar, Globo de Oro y una innumerable lista que los sucede-, ya lo venía reclamando con los personajes ya citados, y otros muchos, en un pretérito que será recuperado desde estos momentos por muchos aficionados al séptimo arte.

No obstante, si bien aportamos nuestro granito de arena en ese menester, también hay que aprovechar la oportunidad de reconocer el igualmente meritorio saber hacer de su compañero en esta aventura. James McAvoy, el “fauno” de Las crónicas de Narnia, demuestra encontrarse a la altura en este duelo interpretativo cuyos personajes, por otro lado, marcan el imán fuera de la pantalla de uno y de otro y la carrera de premios tan distinta entre ambos. Basándose en la premiada novela de un autor que igualmente residió en Uganda –y que creó el personaje del médico blanco asistente del tirano-, con la colaboración del guionista de la también oscarizada The Queen, y rodando en la propia Kampala –una de las urbes más singulares y contradictorias de África que guarda todavía vestigios de aquel gobierno-, el director escocés Kevin MacDonald recrea la situación vivida en ese país africano en los 70 durante el régimen de Idi Amín, y lo hace con herramientas propias de su procedencia y que resultan tremendamente efectivas en este tipo de cintas: la cámara al hombre propia de ese género, y el uso de ciertas texturas y saturaciones que sirven para complementar e incrementar las sensaciones pretendidas, por un lado los miedos, visiones y gustos por los que se rige el dictador, y, por otro, la libertad y la presión de la que en su país natal y en su país de acogida “sufre” su médico de cabecera.

Posiblemente, el ingrediente más atractivo para el espectador es la profunda simbiosis “escocesa” que nace entre los dos personajes centrales, una relación especial que conoceremos muy pronto en el incipiente desarrollo fílmico. También resultan llamativos los dos primeros esbozos de la toma de contacto entre ambos, marcados por la fugacidad, la multitud y la inexistencia de presentaciones oficiales, una presentación oficial que, por el contrario, transcurre de modo violento en principio y satisfactorio al final. La primera parte de la película resulta tranquila, con una labor descubridora para el personaje del médico recién llegado huyendo de su “cuna” asfixiante que sirve, igualmente, de excusa con el mismo fin para el espectador. Conocemos el entorno, las afinidades… para luego, descubrir los claroscuros y, finalmente, sucumbir ante un semi “thriller” en el que se desarrollan los acontecimientos y la crueldad oculta, pero insinuada, hasta entonces. Se nos mostrarán entonces, cual reverencias a Un hombre llamado caballo, escenas realmente duras, como el cadáver descuartizado sobre la mesa de hospital de una de las mujeres del dictador –enamorada, y algo más, de su mano derecha- o el “cuelgue” final del médico escocés. Otra de las realidades presentes, siempre, en los conflictos de esta índole es el peso de los servicios secretos de los países poderosos, una vez más aquí evidenciada pero no desarrollada en exceso puesto que la historia reflejada es otra, la de un personaje que, además de representarse a si mismo, representa a muchos otros que han asolado medio mundo, y en particular el continente africano, durante las últimas décadas.

Como vemos, hay una realidad constatable, el hecho de que, en los últimos meses, el continente africano se ha puesto de moda en la gran pantalla, y es que así funciona la industria, por modas tristemente, olvidos y recuerdos intermitentes. De ello son pruebas recientes estrenos como Atrapa el fuego o Diamante de sangre, muestras evidentes de ese protagonismo cinematográfico convertido en producto que, dado que procede de la otra orilla del Atlántico, lo hace, lamentablemente, con menor voz comprometida de la esperada y sometiéndose, antes y de manera preferente, pese a tratarse de títulos tildados de “independientes”, a los tradicionales clichés de comercialidad. Volviendo a la película en si, no conviene dejar en el tintero la presencia interpretativa de la agente Scully de Expediente X, Gillian Anderson, una actriz a la que vemos poco en la gran pantalla desafortunadamente porque siempre ha sabido comportarse y rayar a la altura de lo esperado, haciéndolo una vez más pese a que sus apariciones no son numerosas en esta aventura, una aventura digna en su conjunto, excelente en algunos apartados, que pone frente al espejo el poder dirigido bajo el terror persuasivo.

FICHA TÉCNICA

- Calificación: 2,5.
- Director: Kevin MacDonald.
- Reparto: Forest Whitaker, James McAvoy, Gillian Anderson y Kerry Washington.

Noticias relacionadas

El Festival de Cine Europeo de Sevilla llega a la sala Berlanga

Hasta el 20 de noviembre

Disney anuncia una nueva trilogía de Star Wars

De la mano de Rian Johnson

Organizadores de la Fiesta del Cine achacan los resultados al buen tiempo, a la Champions y a Cataluña

La fiesta seguirá celebrando ediciones

Cine oriental en Sitges

El cine fantástico y el de terror permiten abordar los miedos desde su catarsis o desde la distancia de seguridad que los encuadra en clave de ficción

Cine de autor fantástico en Sitges

Los universos cinematográficos, igual que las personas que los crean, sufren la tensión de lo clásico vs. la vanguardia
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris