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Opinión
Etiquetas:   Moción de censura   Pablo Casado   Pedro Sánchez  

Otra lectura de los efectos de la moción de censura

“Cuando los políticos olvidan que la política es un servicio y creen que es sólo una profesión, ha llegado el momento de echarlos” Francisco Rubiales Moreno
Miguel Massanet
lunes, 26 de octubre de 2020, 10:51 h (CET)

Sin duda alguna la política tiene sus curiosidades y también sus contradicciones y lo hemos podido ver con claridad en lo que ha sido el último debata en el Parlamento, debido a la moción de censura presentada por el partido VOX del señora Abascal. Si ustedes leyeron las distintas reseñas de los informativos, tanto los escritos como los visuales o de tipo oral, seguramente sacarían una conclusión apabullante de que el señor presidente del partido escindido del PP, VOX, fue el claro perdedor en la confrontación, máxime si se tiene en cuenta que el partido con el que tiene concertados varios acuerdos de gobierno en diversas autonomías, entre ellas la importante de Madrid, fue el primero en desmarcarse de la moción, de dejar claro que no quería formar parte del frente que le proponían los de Abascal y, no conformándose con ello, al señor Casado no le dolieron prendas en criticar abiertamente y sin la menor consideración al que, en la actualidad, consideran a su principal rival para cuando llegue el momento de acudir a las urnas.

Sin embargo, vean lo que uno puede fiarse de los periódicos y, aún más, cuando se trata de periódicos o informativos que son abiertamente adictos al señor Sánchez y a su gobierno cuando, inopinadamente, en un gesto que hace mucho tiempo que no se había visto en la prensa gubernamental, se mostraron extraordinariamente complacientes con la valoración del discurso del señor Casado, moderadamente críticos con él y, evidentemente, satisfechos de que el PP votara con un rotundo no la propuesta del señor Abascal.

No sé si será por lo que he visto en política a lo largo de mi ya prolongada existencia o, acaso, por este instinto que llegamos a tener los que estamos acostumbrados a ser golpeados por las adversidades, pero cuando veo que enemigos irreconciliables, adversarios políticos que más que mantener sus diversas opiniones o apoyar lo que son sus ideas, lo que hacen es intentar morder el cuello de sus oponentes para lograr, no sólo vencer en los enfrentamientos y controversias parlamentarios que pudieran tener a lo largo de la actividad política, sino que lo que intentan es destrozar, anular y buscar el modo de acabar definitivamente con sus oponentes políticos que, para ellos, en realidad son sus enemigos irreconciliables con los que no caben entendimientos, consideraciones ni concesiones sino, solamente, su completo aniquilamiento. De pronto, cuando se vuelven conciliadores, dibujan sonrisas de falsa aquiescencia o aplauden aunque fuera con la punta de los dedos el discurso de su adversario, empiezo a pensar que alguien se ha equivocado en su estrategia, que algo hay que está fallando y que, cuando el que siempre se ha portado como un taimado contrincante nos enseña los dientes para sonreír y no mordernos, es preciso ponerse en alerta máxima.

Que al PP, con una abstención hubiera tenido bastante creo que es algo que, la mayoría de sus simpatizantes (digo simpatizantes no directivos ni altos cargos autonómicos), hubieran considerado como la mejor postura, dentro de lo difícil que evidentemente resultaba la elección. Pero el señor Casado ha querido dar un paso más para jugar con las cartas del contrario y ha dejado patente que ha empezado por romper la baraja y renunciar a cualquier posible entendimiento con el partido del señor Abascal aunque, de momento, el mismo dirigente de VOX ha manifestado que no piensa romper ninguna de las coaliciones para gobernar en las autonomías que tienen concertadas ambas formaciones políticas. Seguramente habrá pensado que esta aparente “moderación” de la actitud de su partido hacia el gobierno del PSOE le va a proporcionar ventajas electorales a costa de su competidor por la derecha. No obstante, de momento no parece que vaya a ser así ya que, según una encuesta celebrada posteriormente a la fracasada moción de censura por Electomanía, VOX mejoraría los resultados electorales de las elecciones del 10 de noviembre del 2019 donde obtuvo el 15,09% de los votos y 52 escaños, pasando, según la encuesta, al 17,4% de los votos y a 63 escaños, un aumento muy significativo si tenemos en cuenta que el PP descendería en 5 escaños y los socialistas también descenderían en igual número de representantes parlamentarios.

En realidad, los señores de Abascal se situarían a sólo a 2`8 puntos de los populares en cuanto al número de votos que se obtendrían. Lo que no entendemos es qué es lo que, verdaderamente, gana el señor Casado distanciándose tan significativamente de su presunto adversario de la derecha, en un evidente intento de acercar pociones con los del PSOE de los que todos sabemos que son incapaces de jugar limpio con quienes están dispuestos a no dejarlos medrar. ¿Espera, de verdad, el PP que los socialistas se presten a pactar con ellos un gobierno de coalición, dejando de banda a los comunistas de Podemos y a los nacionalistas vascos y catalanes? Al menos, las dudas de que semejante situación llegara a consumarse parece que, por lo que se conoce de momento, estarían más que motivadamente fundadas. No obstante, deberemos reconocer que muchos de los actuales votantes del PP se podrían situar en la órbita de VOX si, como parece, el PP llegara a aceptar algunas de las reformas que tienen proyectadas las izquierdas respecto a temas como la liberalización del aborto; la eutanasia; el tema de la homosexualidad y el lesbianismo o las nuevas concesiones que se pudieran darles a los catalanes o vascos, en lo que hace referencia a ir facilitándoles su camino hacia una nueva etapa relacionada con su objetivo último de conseguir su independencia de la nación española.

El problema radica, según muchos piensan, en la traición que el partido de Inés Arrimadas ha hecho a los partidos conservadores, rompiendo esta especie de acuerdo tácito que existía entre los tres, PP, VOX y Ciudadanos, de mantener una política muy similar respecto a sus relaciones con los socialistas de Pedro Sánchez, especialmente mientras éstos no cambiaran su política de alianza con el señor Pablo Iglesias de Podemos. Parece, no obstante, que la señora Arrimadas, seguramente preocupada por conservar su puesto y seguir mandando, da la sensación de que cada vez le hace menos ascos a una posibilidad de tragar con los comunistas si el señor Sánchez le concediera algunas migajas de poder dentro de su organización administrativa. Esta ruptura con sus aliados naturales del centro y la derecha ha provocado que, el PP, haya tenido que centrarse en acaparar todo el espacio que ha quedado en barbecho político y, para ello, parece que ha decidido, en lugar de intentar asociarse de alguna manera con VOX, con cuyas ideas, en realidad, existen pocas discrepancias; ha preferido presentarle batalla, en un intento que se nos antoja harto difícil de acabar con un partido que amenaza con conseguir 63 escaños y que nadie sabe cuántos más descontentos con la manera de actuar de la actual directiva del PP, pudiera arrebatarle a dicho partido; cuanto más en una situación tan difícil y amenazante para la unidad del país, su democracia, su economía y el propio sistema político del Estado español, como la amenaza a nuestra nación que en estos momentos supone la extensión incontrolada de la Covid 19 y los negros nubarrones que se nos anuncian que vamos a tener que afrontar en cuanto a la nueva grave crisis que se avecina.

El peligro evidente de volver a caer en el rajoyismo, aun reconociendo los indudables aciertos de don Mariano en el aspecto económico y financiero de la crisis del 2008, que parecía que se había superado con la llegada del señor Casado a la dirección del PP, ahora parece que regresa de nuevo ante el evidente cambio de rumbo que parece que el señor Egea y los barones del partido más próximos al anterior Presidente de la nación española, le han aconsejado a don Pablo para que rebaje la tensión que mantenía con respecto a las actuaciones gubernamentales e inicie una política de más apaciguamiento, que parece que no se adecuará demasiado con la necesidad de defender principios, ideas y valores de la formación de Fraga Iribarne, que siempre han sido la esencia y la justificación de este partido de derechas, defensor de la unidad de España, de sus costumbres y de la moralidad y ética que hemos heredado de nuestra tradición cristiana que, desgraciadamente, en los momentos actuales parece ser que están gravemente amenazados desde las izquierdas que son las que ostentan el poder en España.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable impresión de que los partidos de la oposición al régimen político que estamos soportando en nuestra nación, han antepuesto sus intereses de partido, sus ambiciones personales y lo que son los intereses y derechos básicos de una democracia como era la nuestra y de su ciudadanía, enfrascándose en una lucha fratricida para ver quién es que se lleva la victoria, en todo caso pírrica, de conseguir hacerse con un centro derecha sin posibilidad alguna de vencer a las izquierdas, al menos, hasta que vengan una próximas elecciones si es que, para entonces existe en nuestro país la posibilidad de poder acercarse a las urnas para escoger, libremente, a quienes la mayoría desee que ocupen el gobierno de la nación española. Y como colofón una frase del ilustre literato Lope de Vega:”Quién mira lo pasado, lo porvenir advierte” 

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