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Etiquetas:   TEATRO CRÍTICA   -   Sección:   Revista-teatro

Marcados para toda la vida

“Unes Veus” de Joe Penhall retrata la esquizofrenia en el Villarroel y cuestiona los límites de la normalidad
Redacción
domingo, 25 de febrero de 2007, 20:32 h (CET)
¿Saben ustedes cómo piensa, cómo mira, cómo se enamora, cómo vive el día a día un esquizofrénico? Quizás alguno de nuestros lectores conozca la enfermedad con detalle, y verdaderamente, esta representación va dedicada a ellos, a los que la sufren directa o indirectamente, a los enfermos mentales y a los que están a su lado ayudándoles a superar “esas voces” que oyen en su cabeza. La enfermedad ha podido malinterpretarse socialmente, de hecho hay quien todavía piensa que los esquizofrénicos son gente violenta e incapaces de llevar una vida normal...Pues bien, con este gran texto de Joe Penhall, uno de los mejores dramaturgos británicos de la generación de los noventa, nos damos cuenta de los matices de la enfermedad. Ya en el 2000 se estrenó en el Teatreneu una obra del mismo autor Blau/Taronja donde también hablaba de los límites de la locura, pero con Unes Veus (Some Voices) consigue profundizar mucho más en la esquizofrenia y la desesperación de sus personajes, un texto complejo que fue llevado al cine en el 2000 protagonizado por el mismísimo Daniel Craig.

Rafaela Rivas
La obra que se representa en el Villarroel hasta el 11 de marzo se desarrolla en 18 escenarios distintos, condensados en un espacio único que se despliega en varios ambientes y con un juego de proyecciones muy bien logrado para mostrar el exterior de los lugares donde transcurre cada escena. Empieza la función cuando todavía no se ha apagado la luz, y con una música de fondo aflamencada que apela al sentimiento más profundo y a los sabores más exquisitos del amor (música creada por Las Migas especialmente para el espectáculo) aparece en escena Carles Sales interpretando a Ive, el profeta y compañero de psiquiátrico del protagonista Ray, en un papel secundario de lujo que nos conmueve con su elocuencia disparatada y en especial con un monólogo final bastante realista y contundente. Poco después aparece Ray (excelente Pablo Derqui), un joven veinteañero esquizofrénico que abandona el psiquiátrico y se reincorpora a la vida cotidiana acogido por su hermano Pete (David Bagés), el hermano mayor que regenta un pequeño restaurante y carga con las responsabilidades que no asumió un padre fallecido por problemas con el alcohol. Se podría decir que el peso de la obra lo llevan estos dos magníficos actores, un sorprendente Pablo Derqui que se transforma paulatinamente en un esquizofrénico tan realista que los que hayan vivido una situación similar cercana (y los que no, también) no podrán contener las lágrimas. Y David Bagés impresionante en el papel del hermano mayor intentando combatir contra la rabia y la impotencia que siente al ver que su hermano degenera porque no se toma la pertinente medicación. El reparto se completa con Dave (Jordi Ballester) y Laura (María Ribera), él es un individuo alcohólico, violento y celoso que dice amarla mientras la somete a malos tratos y ella está en paro, embarazada y es incapaz de dejar la relación. Este último personaje, Laura, hará revivir la ilusión de Ray y la alegría por la vida, y juntos interpretaran las escenas de amor del espectáculo (alguna un poco más subida de tono y un poco fuera de lugar para mi gusto). Cinco personajes al límite que basculan entre la crispación de los sentimientos y la resignación ante sus debilidades, con un comportamiento que va ligado al pasado, las frustraciones, la soledad y la violencia. Un drama con atisbos de humor que consigue congelar la risa y cortar la respiración.

Tal materia teatral requiere de la solvencia de una buena dirección. Marta Angelat, que por segunda vez en su carrera deja los escenarios y toma las batutas, dirige el espectáculo con una puesta en escena sencilla, con pocos elementos pero bien utilizados (como por ejemplo la mesa que sorprendentemente se convierte en sofá, banco o cama...), con frecuentes cambios de escena minuciosos y cuidados con detalle bajo el ritmo necesario (no confundir con pausado, como se ha podido comentar) para que el espectador y el mismo personaje puedan respirar tanta emoción. Por otro lado, la música y la iluminación parecen inexistentes pero están y subrayan algunos de los momentos más importantes del espectáculo añadiendo profundidad a la fuerza que por si mismo tiene el contenido. Imposible permanecer inmunes en las butacas. Sin duda es una obra que marca, no sólo a los personajes, sino al público, y al menos a una servidora, ¡para toda la vida!

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