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Etiquetas:   TEATRO CRÍTICA   -   Sección:   Revista-teatro

Silencios estremecidos

Un ligero malestar / La última copa
Redacción
domingo, 25 de febrero de 2007, 20:19 h (CET)
Cuesta aplaudir después de ver dos representaciones de Pinter. No porque no guste, sino porque dejan a uno estacado en la butaca, te remueve todo el estómago, cuesta reaccionar. Así pasó en el estreno en el Teatro Español de las obras Un ligero malestar y La última copa, presentadas juntas por Chema Muñoz, Cristina Samaniego y Aitor Mazo. Todo era silencio y oscuridad hasta que una mano tímida empezó a aplaudir.

Gloria March
Es la primera vez que se presentaban estas obras en España gracias también a la justa traducción de Juan Vicente Luciano. La primera de ellas, Un ligero malestar, trata sobre el bienestar y la vida tranquila de un matrimonio inglés que resultará no ser tan tranquila ni buena al modificarse todas las relaciones al aparecer una tercera persona...un vagabundo mudo que sin pretenderlo cambiará todo y destapara las frustraciones que sienten los personajes.

La segunda más cruda, más dura, conteniendo la respiración en ocasiones. Se trata de un brutal interrogatorio a manos de Aitor Mazo que resulta ser perfecto para el papel de fascista enfermizo. Una pesadilla de interrogatorio a un matrimonio, interpretado por los mismos actores que la obra anterior, pero esta vez desnudos y maltratados. Sólo sus cuerpos conmueven y ponen cara a todos aquellos interrogados sin justicia, a las víctimas de cualquier abuso de poder, digamos Guantánamo, Irak....esas noticias que oímos todos los días y que al final uno incluso se acostumbra a ellas. Aquí esa pesadilla se hace más cercana.

El premio Nobel de Literatura del 2005, Harold Pinter, utiliza el teatro para acercarnos a nosotros mismos ( y ¿qué es si no el teatro en sí?), a esos lados amargos que todos tenemos o vemos en los demás pero no aceptamos o no queremos ver. Todo eso llevado al extremo. En Un ligero malestar podemos ver a nuestro vecino, o a esa pareja tan agradable que hacen unos amigos nuestros, o a nuestros padres tomando un té en su terraza...y al ver lo que puede haber más allá es cuando nos quedamos petrificados porque lo mejor de todo es que son creíbles las barbaridades que nos cuenta.
La atmósfera de Pinter nos lleva a nuestra propia sociedad, una sociedad donde el llegar al éxito rige las relaciones sociales llegando a deshumanizar al hombre. En un principio el público conecta en seguida con lo que ocurre en el escenario porque es cualquier actividad de la vida cotidiana, pero luego queda sensibilizado al reconocer lo que hay detrás.

Pinter escribe también el silencio, para él es tan importante una frase como el silencio que viene después de ella. Alfonso Ungría, el director, ha desarrollado esa característica de las obras de Pinter haciendo que solo los ojos de los actores digan en ocasiones más que lo que dice el propio texto. Brutal el final de obra La última copa, donde la mirada de Chema Muñoz lo dice todo, una mirada de dolor, angustia y sufrimiento que cierra la pieza. Es lo último que ve el espectador. Silencio y ojos.

Ficha técnica:
Dirección: Alfonso Ungría
Autor: Harold Pinter.
Traducción: Juan Vicente Martínez Luciano
Reparto:
Un ligero malestar:
Edward: Chema Muñoz
Flora: Cristina Samaniego
Vendedor de pañuelos: Aitor Mazo
La última copa:
Nicholas: Aitor Mazo
Victor: Chema Muñoz
Gila: Cristina Samaniego
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