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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Escondido', de Michael Haneke

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
sábado, 21 de abril de 2007, 09:13 h (CET)
El austriaco Michael Haneke es el realizador más corrosivo y honesto que puede tener el cine hoy en día. No conozco todas sus realizaciones, pero las que he visto siempre me han dejado con una sensación de irrealidad y una soterrada idea de no volver a ver una película más de este director. Esto me ha ocurrido con trabajos suyos como Funny Games (1997), La profesora de piano (2001) –basada en la pésima novela de la premio Nóbel Elfriede Jelinek- y esta última, Escondido (2005).

Como se sabe, Escondido se hizo merecedor del premio a la “mejor puesta de escena” en el Festival de Cannes de 2005. Ya se ha anotado que este rubro a premiar suele generar muchas discusiones, pero que con este trabajo esas discusiones dieron paso al criterio unánime. Puesto que si un gran logro tiene esta película es precisamente la absoluta armonía visual que acoge a los actores, el montaje, el guión y los escenarios.

Igual que con sus celebradas Funny Games y La profesora de piano, Haneke se vale de recursos mínimos. En Escondido solo bastan la decoración equilibrada de escenarios, el uso de pocos actores (muy bien seleccionados) y la elaboración de una compleja sencillez de la trama: estamos ante un thriller, hay una persecución con final abierto, pero Haneke vira la tradición de este género hacia el descubrimiento del mundo interior, en este caso, del protagonista George Laurent (un extraordinario Daniel Autiel).

George Laurent es un tipo que vive cómodamente, es conductor de un programa televisivo cultural, tiene una bella esposa, Anne (Juliete Binoche) y un hijo un tanto confundido que sospecha que su madre vive un affaire con un compañero de trabajo. La tensión la vemos desde el inicio de la película, vemos la casa de George vigilada durante horas por una cámara de video, vemos los adelantos y los rebobinados se hace de este, pero estas manipulaciones visuales son ejecutadas por unos preocupados Anne y George que ven ultrajada su intimidad. En un inicio la pareja lo toma como debería tomarlo: una broma pesada. Sin embargo, esto adquiere proporciones considerables cuando los nuevos videos muestran los lugares de infancia de George, sumado a que ciertos temores o recuerdos de su niñez lo atacan en ráfagas de sueños.

Entonces, con mano hábil Haneke nos lleva en esta doble búsqueda: la del acosador y los sentimientos de culpa. Ambas están posiblemente enlazadas con quien fuera la persona a quien una mentira del Goerge niño terminó negándole un futuro respetable. Las pesquisas avanzan, la tensión entre George y Anne se patentizan ante las mentiras y secretos que salen a flote.

Haneke maneja muy bien los tiempos, el ritmo es denso, los diálogos cortantes, detalles estos que pueden ser óbices cuando se desarrolla un género en donde la persecución y el conocimiento de la verdad son claves. Cuando la narración parece caer siempre hay un detalle que pone en vilo la historia medular, la cual, para riqueza que muestran las anteriores películas de este talentoso director, tienen a la variada interpretación como punto de quiebre, pero yo solo hablo de cine, lo otro que sea para buen provecho de sociólogos, antropólogos e historiadores. Sin exagerar, una gran película que en un futuro cercano será no solo un referente para el cine europeo.

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