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Se reparten cunas femeninas

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 25 de febrero de 2007, 05:07 h (CET)
Desde siempre cualquier madre, por escasos o abundantes medios económicos que haya tenido, se ha abastecido de una cuna para sus progenitores, de una cuna rica o pobre, cómoda o simple catre, lujosa o sencilla, mullidita o decorada con dibujos infantiles, cuna práctica o romántica, cuna caliente, masculina o femenina, cuna hospitalaria que arrope y distraiga a los pequeños de la casa, infantil cuna, refugio para el descanso de muchas horas, como es el deseo de toda madre, cuna al fin donde guardar los sueños de su futuro infante.

Incluso antes de la científica moda de las ecografías, que parece que nadie entienda que sirven para algo más que para adivinar el sexo del feto, las madres sabían, intuían si les nacería niño o niña aunque fuera por el comentario casi brujesco de sus convecinas que adivinaban por la forma de la tripa lo que vendría al mundo. Y lazos que te crío para el nuevo bebé. Así, preparaban las cunas con los más tradicionales lazos azules si era niño y con los más rosados brillos si era niña. Se trataba de buscarle un lecho blandito y acogedor a su llegada al mundo, pero está claro que hoy todo ha cambiado para la infancia. Cuando se supone que el género humano debe desarrollarse en todas las facetas, suspendemos y con notas muy bajas en la asignatura de Infancia. Sólo hay que ver y oír la cantidad de noticias espeluznantes sobre el maltrato a los niños en el mundo.

Una de las últimas noticias escuchadas no deja de ser espeluznante, pese a que la intención que se persigue es la de conseguir evitar un daño peor. Se reparten cunas femeninas. A la señora Renuja Chowdhury, ministra de la Mujer y el Desarrollo Infantil de la India se le ha ocurrido repartir por las esquinas de las ciudades desarrolladas las famosas cunitas, para que los padres no sientan la tentación de provocar el aborto si lo que viene al mundo es una niña, o de asesinarlas nada más nacer, o incluso de dejarlas desnutridas para que la naturaleza haga el resto. Solo podrán abandonarlas.

En la actualidad, las familias indias se sirven de los bajos precios de las ecografías y de los abortos, recurriendo de esta forma a los infanticidios para renegar de sus descendientes. Dos millones y medio de asesinatos anuales de niñas han hecho saltar la alarma en un país que no ve con buenos ojos que les nazcan niñas; así, en cuanto intuyen por medio de la ecografía que les nacerá una niña, la cabeza prevalece sobre el corazón y se niegan a admitir en la familia a una niña que no les será rentable, no hará sino darles problemas económicos, he ahí el valor que ha llegado a tener el ser humano.

Al parecer, si es niño, el pequeño heredará los bienes familiares, se ocupará de sus padres durante la vejez, conservará los apellidos familiares y el orgullo de su linaje, ¿linaje?, mal linaje a preservar, nunca en su acepción de nobleza, pues poca nobleza puede haber en hacer un escrutinio infantil tan cruel.

En cambio si es niña, en apariencia no vale nada, antes al contrario y, al casarse, sus padres deberán pagar la dote que aporta al matrimonio. Normas sociales muy desiguales en este siglo mal llamado de la mujer.

La ministra se adelanta a los que piensan que con esta medida se puede fomentar el abandono de niñas, sin embargo, asegura, no será peor el remedio que la enfermedad y alienta a los padres a que se sirvan de las cunas para abandonar a sus hijas y no matarlas, porque esa acción puede tener una feliz vuelta de hoja, ya que los servicios sociales se las devolverán si así lo solicitan.

Si esto no es ciencia ficción entonces es volver a las cavernas, y perdón por los pobres y civilizados cavernícolas, porque seguro que aprovechaban como nadie el recoveco de la cueva como la mejor cuna, aunque fuera de piedra, para dormir a sus cavernicolitos y cavernicolitas.

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