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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Misiones de paz con minas y muertos?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 25 de febrero de 2007, 05:07 h (CET)
Los socialistas fueron los que hicieron bandera, en su campaña previa a las legislativas de 14 de Marzo de 2004, de su pacifismo y de su rechazo a la guerra de Irak; retirando, tan pronto subieron al poder, a nuestros efectivos en aquel país (que nunca habían entrado en combate) antes de cumplirse el plazo de seis meses que habían anunciado, incluso cuando la ONU ya había autorizado su presencia. Es conveniente que todos aquellos que entonces se constituyeron en adalides del pacifismo y que salieron a la calle, encabezados por los grandes chamanes del espectáculo y la progresía, para reclamar la cabeza de Aznar; los habituales detractores de las derechas, los amigos de confraternizar con los etarras y defensores de la libertad elevada a la categoría de bien supremo –incluso superior al orden y la ética –; es conveniente, repito, que nos den alguna explicación de por qué, ahora que tenemos esparcidas tropas por distintos enclaves del mundo, no abren sus bocas para clamar contra el gobierno del señor Zapatero y pedir que nuestros soldados regresen a la patria.

Recuerdo que el señor Llamazares, tan oportuno y diligente cuando se trata de sacar pecho ante las derechas, se permitió celebrar la victoria de los socialistas, que no de su partido, con una de estas frases lapidarias que seguramente sacó del archivo de instrucciones del PC –recibidas de los soviets antes de que estos dejaran de serlo para convertirse en los nuevos millonarios que sangran Rusia, como antes la sangraron sus antecesores – que decía: “El pueblo ha derrotado a la derecha autoritaria y mentirosa”.

Pues bien, este gobierno, al que no le preocupa el terrorismo casero y tampoco le importa dialogar con él, se llevó los soldados que había sacado del Irak a Afganistán, en misión de paz, según se encargó de anunciar a los cuatro vientos. ¿Por qué lo hizo? Pues para intentar paliar la ofensa que había inferido a los EEUU, un peligroso enemigo sin duda; y para dorar la píldora a los ciudadanos lo camufló de “misión de paz”, o sea, sin peligro para nuestros soldados. Lo que ha sucedido es que, en el Afganistán, están actuando unas peligrosas bandas de terroristas talibanes que no entienden muy bien eso de que les manden soldados en misión de paz; supongo que si les hubieran enviado a los Bardem, Diego, Guillén, Ana Belén, Charo López, Victor Manuel y demás “angelitos” de la farándula progresista para que les hubieran bailado unas sevillans, cantado unas canciones rojillas o les hubieran representado alguna función de teatro en porretas, los talibanes puede que se lo hubieran creido; pero al ver carros de combate, ametralladoras, helicópteros artillados empezaron a sospechar que allí había gato encerrado y decidieron, por si las moscas, empezar a atizarnos estopa. Comenzaron derribando un helicóptero que el Gobierno de Zapatero, imitando a Pinocho, pretendió hacernos creer que lo había destruido un soplo de aire inoportuno, como si se hubiera tratado de uno de estos avioncitos de papel con los que juegan los chavales (aprenda señor Llamazares a distinguir a los verdaderos mentirososos).

Luego, por si éramos pocos, continuan su despliegue internacional de “misiones de paz” enviando un fuerte contingente al Líbano. Allí están a la espera de que los israelíes y los de Hammas y compañía decidan si quieren que les hagan las camas y les sirvan la comida o si se escaman y piensan que paces de este estilo no les gustan y empiecen a sacudirnos la badana. Todo un panorama. Lo que sucede es que, hasta ahora, la suerte se había aliado con el señor Zapatero y, aparte de los soldados muertos en el “accidente” del helicóptero y algunos heridos de los que no se ha dado explicaciones, la cosa no había pasado a más.

Pero si tanto va el cántaro a la fuente acaba hecho trizas. Esto es lo que, lamentablemente, ha sucedido con esta pobre muchacha soldado que conducía una ambulancia blindada (como todas las que se usan en “misiones de paz”) a la que le explotó una mina debajo y la mató; hiriendo a dos compañeros (un alférez y un cabo). No creo que, después de este trágico suceso, se puedan atrever a continuar sosteniendo que en Afganistán las tropas no están expuestas cada día a los ataque de los terroristas. Me imagino que esta clase de terroristas, los talibanes, deben ser para el Gobierno de los malos, de los que hay que eliminar, y no como los De Juana Chaos, Oteguis y compañía que, son los amiguetes, “los buenos”, a los que hay que cuidar para que no se nos mueran de hambre y tenerlos contentos para que accedan a perdonarnos ser españoles. Al fin y al cabo sólo quieren la independencia del País Vasco y la anexión de Navarra ¡futesas!

¿Ustedes se imaginan si la pobre Idoia hubiera fallecido en Irak? Los cimientos de la nación se hubieran conmovido, las sedes del PP hubieran volado por los aires y los faranduleros se hubieran rasgado las vestiduras tachando a Aznar de criminal, torturador y nazi. ¿Han escuchado alguna protesta?, ¿se han pronunciado los voceros Bardem en contra de esta guerra?, ¿se han movido las huestes socialistas y comunistas para insultar a Zapatero y pedirle su dimisión? ¿Eh, que no? Vayan tomando nota de la clase de ralea entre la que nos movemos. Y a todo esto la ruindad final: no se ha concedido a la soldado fallecida la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, como corresponde a los muertos en acciones de guerra ¡Claro, esto para ellos no es una guerra!, sino la de distintivo amarillo. ¡No tienen vergüenza!

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