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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Muertos y sin derechos

José Luis Palomera
Redacción
domingo, 25 de febrero de 2007, 11:31 h (CET)
Mártires, víctimas sin derechos humanos, mientras sus vivos verdugos disfrutan de todos, además del indiscutible derecho de toda humanidad, la cual está obligada a salvaguardar las vidas de estos miserables asesinos con todo el empeño.

Yo digo, donde fuere neceser decir, que los derechos humanos no sólo han de ser para los vivos, también para los muertos, no sólo para los verdugos, también para las víctimas, cosa que no se da en los actuales derechos humanos. Aunque los más acérrimos defensores de los mismos, doctos en verborreas demagogas, reclamen derechos iguales para todos, eso sí, con la sangre de los demás.

Estos celadores de los derechos humanos predican cánones humanistas, pero sin desdeñar sus cómodas posiciones sociales, las víctimas son los demás, incluso uno de sus más destacados miembros se atrevió a decir “que las tácticas ilegales estimulan a los terroristas” o dicho de otra forma el sujeto en cuestión, asumen terrorista como animal de sociedad al que no se debe estimular, supongo que para evitar incitar sus sanguinarias cobardías.

Dicho esto, a mí me parece bien que se respeten los derechos humanos, a pesar de cercenar la lógica Universal, pero es la vida, y ésta es la suprema lógica, aunque las vidas a respetar sean las de aquellos que no la respetan, mofándose de las mismas con el mayor de los desprecios.

Ahora bien, las víctimas han de tener sus derechos intactos cual de vivo les corresponde, ya que si no, cual realidad actual, los derechos humanos son favorables al verdugo en detrimento de la víctima.

Me explico, los derechos para que de verdad sean idénticos para todos, ha de darse la condición ineludible de partir de la misma situación emocional de vida, ya que los derechos de los muertos no son más que una caja de madera y algunos gusanos por compañía.

Es por eso que los actuales derechos son partidistas, por ser de los vivos que no de los muertos. Muertos los cuales solicitan desde la más elemental de las lógicas que sus verdugos no tengan además de sus derechos, los derechos propios cercenados sin piedad alguna por estos.

Quién en su sano juicio puede sustentar derechos humanos para asesinos que lo son a conciencia de que asesinan y además se enorgullecen de ello. Entre estos derechos incluso uno puede mofarse, chulearse, envalentonarse, encarar, hablar o no hablar, mentir sabiendo que miente, tener un abogado tremendamente sagaz, capaz incluso de conseguir la libertad de un asesino, a sabiendas de que lo es, por no se qué procedimientos administrativos.

Y qué decir de las prisiones a las que son condenados, en las cuales entre otros derechos se les permiten brindar con marisco y bebidas caras para celebrar sus macabros asesinatos que pueden o no dejar de comer y se les debe mantener, amén de curar, dar estudios, ocio, comida y cama, todo gratis o mejor dicho, a cuenta de la sociedad, incluyendo los familiares de sus víctimas

¿Estos son derechos humanos? Estos son los derechos de los vicios humanos ya que el difunto no cuenta. Una vez muerto todo derecho de vivo, pasa ahora a su verdugo para deleite del mismo, festín de magistratura y orgasmos mentales de los defensores de los derechos humanos, derechos los cuales única y exclusivamente, cual otra necedad humana, son para los vivos, atroces asesinos incluidos.

En resumen, “los derechos humanos” actuales están hechos para los vivos, es decir, para los asesinos y la sociedad que les ha de procurárselos por norma filosófica ilógica. Mientras para las víctimas no hay más derechos humanos que no sea su propia muerte.

Los derechos humanos de los terroristas han de ser en todo caso idénticos a los de sus víctimas, es decir, no han de existir más vivos ni muertos en cuanto a los bienes terrenales. En decir para que las víctimas tengan los mismos derechos que sus verdugos, éstos no deben tener más bienes terrenos que los que tengan sus víctimas, con la excepción de respetarle la vida.

Toda víctima que sea asesinada a conciencia ha de tener el derecho humano en vida de saber que sus asesinos jamás de los jamases, una vez apresados, volverán a tener la más mínima oportunidad de volver a repetir crimen alguno.

Estas premisas son imprescindibles si de verdad se desea que todos los seres humanos tengan los mismos derechos, lo demás no es otra cosa que normas sabias de carnes con ojos que se dicen a sí mismos, cultos, legales y justos, y apenas son pandillas de amebas con inteligencia nula.

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