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DAM con consecuencias

Andrei Kisliakov
Redacción
domingo, 25 de febrero de 2007, 11:26 h (CET)
El programa norteamericano de defensa antimisiles ha entrado en su primera fase, aún terrestre. A la vuelta de la esquina está la batalla por emplazar elementos de DAM en el cosmos, es decir, el emplazamiento de sistemas de armas en el espacio circunterrestre.

Por otra parte, afortunadamente no podemos decir que el éxito de los adalides de las estrategias orbitales es cosa segura. ”Hemos promovido reiteradas iniciativas encaminadas a impedir el emplazamiento de armas en el cosmos. Hoy quisiera informarles de que tenemos preparado el proyecto de tratado sobre la prevención del emplazamiento de armas en el espacio. Este proyecto se presentará en breve como propuesta oficial. Vamos a trabajar en este proyecto” -, propuso el presidente de Rusia, Vladimir Putin, abordando a mediados de febrero en Munich a los asistentes a la Conferencia sobre Política de Seguridad. Hay pocas esperanzas, desde luego, que la iniciativa de Rusia influya seriamente en el programa de DAM. Pero en todo caso es preciso poner algún obstáculo al emplazamiento de armamentos en el cosmos.

Dicho sea de paso, diremos algo sobre el peligro de los esfuerzos de la lucha antimisiles hoy en día. Comencemos por problemas meramente militares, más bien, contestaremos al interrogante de si el sistema norteamericano representa peligro para Rusia. La respuesta es categórica: no representa peligro.
Hoy por hoy EE.UU. dispone de dos zonas de emplazamiento de interceptores cinéticos ultraatmosfércios: 14 complejos antimisiles emplazados en silos en Alaska y otros dos en California. Está a punto de tomarse la decisión de desplegar otros 10 complejos en Polonia apoyados por la infraestructura en forma de un radar con base en tierra que se erigirá en la República Checa.

El general de División Vladimir Dvorkin, uno de los destacados expertos rusos, ex director del Instituto de Investigaciones Espaciales adjunto al Ministerio de Defensa, cree, no sin razón, que “la creación de una zona de defensa antimisiles en la República Checa, Polonia y otros países de Europa del Este con emplazamiento de una decena de misiles interceptores en cada zona no representa amenaza alguna para el potencial de disuasión ruso. Para vulnerar este potencial se necesitan cientos y miles de misiles interceptores.

Además, pese a las impresionantes características del interceptor norteamericano GBI (Ground Based Interceptor): la altura de intercepción es de hasta 1500 km y el alcance de tiro de hasta 4000 km, de momento es pura utopía técnica destruir con seguridad las ojivas en el tramo central de la trayectoria, poco conveniente para los norteamericanos, del lanzamiento desde los emplazamientos en Rusia. Para poder utilizar el tramo inicial del vuelo del misil, el interceptor, según los cálculos, debe encontrarse a una distancia no mayor de 500 km de la trayectoria del blanco. Esto es de momento utopía geográfica.

Otra cosa es que las primeras dos etapas del misil interceptor son idénticas a la segunda y tercera etapa del misil estratégico Minuteman II. De modo que no se necesita mucha imaginación para emplazar en los silos misiles balísticos intercontinentales Minuteman III en vez de misiles interceptores anunciados. Los Minuteman III tienen igual longitud y diámetro máximo que Minuteman II.

Pero lo más peligroso es otra cosa. Ya en reiteradas ocasiones los dirigentes de Rusia han declarado que darán a la defensa antimisiles norteamericana una respuesta asimétrica y menos costosa pero “eficaz al máximo”. Está claro cuál será esta respuesta. Ya a mediados del año pasado, el Jefe del Estado Mayor General de Rusia, Yuri Baluievski, dijo lo siguiente: “Hemos prácticamente encontrado decisiones adecuadas y asimétricas que nos permiten declarar que la DAM existente y futura que se está creando ahora y se creará en el futuro será penetrada por nuestros misiles balísticos intercontinentales”.

De modo que comienza oficialmente un amplio programa de perfeccionamiento de armas nucleares ofensivas. Y como respuesta, aparecerá la futura defensa antimisiles con elementos de base en el espacio.

Surgirá otro teatro de operaciones con su “línea del frente” y sus respectivas “zonas fortificadas”. De tener en cuenta la circunstancia de que hoy día realizan actividades en el campo del espacio más de 180 Estados, de los que 40 estados como mínimo utilizan la información obtenida desde la órbita con fines de defensa, sería difícil hablar de alternativas a la propuesta hecha por el presidente de Rusia y discutir con Vladimir Dvorkin que dice que “convendría considerar la prohibición propuesta de emplazar armas en el cosmos como señal para elaborar y aprobar el Código de Conducta de los Estados en el ámbito espacial. La finalidad de este código podría consistir en prohibir toda acción dirigida a alterar el funcionamiento de los sistemas espaciales, incluida la prohibición de emplazar armas en el cosmos”.

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