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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La incalculable aportación a la humanidad del atribulado modisto

María Teresa Vaquero (Pamplona)
Redacción
jueves, 22 de febrero de 2007, 19:01 h (CET)
Declaraba un afamado modisto con aire compungido con motivo de la Pasarela Cibeles, el dolor que le suponía la elaboración de sus colecciones de moda. Que pregunten a muchos españoles - y a tantos emigrantes que buscan hacerse un hueco en nuestra sociedad – y que trabajan en la construcción sufriendo los rigores del invierno y el calor apabullante del verano, amén de la amenaza del alto índice de accidentes laborales, qué es el dolor. Ellos tienen razón sobrada para hablar de ello, pero mucho me temo que no lo hacen por pudor y por ser poseedores de esa enorme dignidad de la que hacen gala las personas sencillas.

Dice Wilkie Collins en su obra “La Piedra Lunar” – que recomiendo vivamente – que las personas que tienen resuelta la existencia, inventan ocupaciones peregrinas para ocupar su tiempo.

Podríamos preguntar asimismo a muchas personas que viven con menos de un dólar al día; que no tienen acceso a la escuela o a la sanidad; que no disponen de agua potable ni de electricidad y cuyo país no dispone de carreteras – tal es el caso de Liberia y de otros muchos lugares.

Yo me atrevería a pedir un poco de rigor y de sentido común para situar nuestras actividades en su junto punto.

No frivolizo con la moda pues me parece un modo de expresión cultural muy digno, pero de ahí a hablar de dolor va un trecho.

Nuestra sociedad se está volviendo aburrida de tanto mirarse al ombligo, pero eso nos hace perder perspectiva y nos hace más responsables si cabe ante los demás.

Audrey Hepburn declaró en una ocasión que no creía en la culpa colectiva, pero sí en la responsabilidad colectiva. Estoy plenamente de acuerdo y quizá sea hora de enfrentarnos de manera adulta a los retos que suponen el vivir en el siglo XXI.

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