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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Dinero mal ganado

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 22 de febrero de 2007, 11:00 h (CET)
“No confiéis en la violencia, ni en la rapiña, no os envanezcáis, si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas” (Salmo,62:10). Este texto es muy oportuno hoy cuando con tanta frecuencia se hace uso de la violencia y de la rapiña para incrementar los caudales. Puede diferir el estilo de violencia o el método de rapiñar. Todas las ganancias injustas tienen algo en común: “el amor al dinero”. El amor desmesurado al dinero lleva a algunos a pagar con la cárcel y a ver sus nombres escritos en el papel del diario, para vergüenza suya.

Entre muchos escojamos el timo del décimo premiado. ¿Por qué se produce el embaucamiento? Muy sencillo, porque la persona estafada se deja guiar por su excesivo amor al dinero. Poco le importa aprovecharse de la persona, aparentemente corta de luces, que le ofrece un décimo premiado a cambio del importe del billete de tren que llevará a poder ver a su padre moribundo. El amor al dinero le hace salir trasquilado.

No todas las ganancias injustas se consiguen con estafas callejeras. Los hay que se las piensan todas con el propósito de vaciar cuentas bancarias. Las nuevas tecnologías agudizan el ingenio de desalmados para esquilmar los bienes ajenos. Otros, ocupando cargos en la Administración consiguen información privilegiada que les permite hacer fortunas con la recalificación de terrenos municipales. Algunos, haciendo caso omiso de la prohibición bíblica oprimen a los pobres y a costa de las privaciones que padecen viven opíparamente.

El texto del salmo que encabeza este comentario dice. “no confiéis en la violencia, ni en la rapiña” para aumentar las riquezas. Este versículo deja entrever que hay laguna manera legal de enrequicimiento, cuando dice: “si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas”. Fruto de un trabajo constante, de una vida frugal y sin glotonerías ni borracheras, de saber invertir adecuadamente los ahorros, se pude conseguir un patrimonio respetable. No todas las riquezas son fruto del latrocinio. La Biblia nos da pie para poder sustentar tal opinión. Hace, pero, una advertencia a los que honestamente han amasado una fortuna: “no pongáis el corazón en ellas” porque entonces se hace realidad la sentencia: “el amor al dinero es la raíz de todos los males”. ¿A que males se refiere la Palabra de Dios? El apóstol Pablo le da respuesta al interrogante: “Porque los que quieren enriquecerse caen en la tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañinas que hunden a los hombres en destrucción y perdición…algunos se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores” (I Timoteo,6:9,10).

Transformar en dioses cosas tan caducas como las materiales que se volatilizan al tocarlas como los euros alemanes que se desintegraban, “extravían de la fe”, es decir, hacen perder el norte a quienes las adoran. De alguna manera sumergen a sus adoradores en un mar embravecido envuelto de un cielo oscuro que impide ver la estrella polar que guía a buen puerto. Desorientados sus seguidores dan cabezazos aquí y allá porque carecen de la luz de Cristo que ilumina el camino que ilumina el camino a los extraviados. En definitiva, los amantes del dinero transitan por el camino ancho que lleva a la perdición.

El amor no sólo tiene efectos eternos. Afecta negativamente en el tiempo presente. Porque “traspasa de muchos dolores”. Todos conocemos a personas amantes del dinero ilícito. No salen de un embrollo que se meten en otro. Continuamente cambiando de domicilio para esconderse de sus acreedores. Su obsesión les crea graves problemas familiares. Tienen que pasar por la vergüenza de ser juzgados y encarcelados.

Kevin Scott Richardson, del grupo musical Backstreet Boys, dice algo que es merecedor de reflexión: “El dinero apenas te da un poco de libertad y te permite hacer las cosas que quieres, pero no te da la felicidad. Al contrario, te hace ser más egoísta, y cuanto más dinero tienes, más problemas recoges. Cuando tienes mucho dinero debes empezar a cuestionar a las personas que se te acercan, porque llega un momento en que no sabes si lo hacen por tu dinero o porque verdaderamente les gusta. Eso es terrible”.

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