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Jueces para una democracia sucia
Raúl Tristán
Los ciudadanos asistimos ya sin asombro al juego, unas veces macabro, patético otras, en el que andan enredados en este país de democracia de chirigota nuestros amigos los jueces, representantes de lo que da en llamarse "poder judicial", y los políticos, (una "banda" de golfos apandadores, según vemos ultimamente en los medios: el urbanismo especulador les ha corrompido hasta las entrañas) y que ha hecho suyo el poder legislativo y/o el ejecutivo, según le vaya en la partida a su grupo político.
El caso es que en España, lo de la separación de poderes como que no, que no sienta muy bien, o no somos capaces de entenderlo, pero que no nos entra en la mollera, acostumbrada como la tenemos a gobernantes todopoderosos, omnímodos, a lo Fernando VII "el Deseado" (si es que tenemos lo que nos merecemos, lo que pedimos) o a dictadores canijos de talla e ideas.
Aquí los jueces bucean por las procelosas aguas de la política como los políticos juguetean con la judicatura: como si de un consolador del tamaño de un miembro viril de un mandinga se tratara.
Erre que erre nuestros jueces estrella flirtean con los politiquillos de turno, y ora cobran por unos servicios prestados de los que luego no reniegan a la hora de ser imparciales (risa de palabro: ¿imparcial un juez? No lo son ni aunque cada tribunal constara de cien, cual Consejo de Ciento).
Hoy es el Constitucional, ayer el Supremo, mañana...
¡Pena de país, donde ya uno de los de la pana (hasta pasta tocar) dijo, con sabia premonición y videncia, que Montesquieu había muerto!
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