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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Reformas estatutarias, innecesarias e imprescindibles

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 21 de febrero de 2007, 10:42 h (CET)
Algunos políticos no escarmientan y siguen, erre que erre, tropezando en la misma piedra y ya van dos veces. Y las que quedan... Me refiero a todos aquellos que han hecho el centro de su vida política la reforma de los estatutos de autonomía. Si repasamos el clima político previo a cada referendo veríamos que era extremadamente urgente y cuestión de vida o muerte “la reforma de un estatuto alicorto que encorseta a nuestros ciudadanos, impidiéndoles el normal desarrollo de sus capacidades sociales y políticas, flagelando innecesariamente el natural y pacífico espíritu emprendedor de nuestra capa social y empresarial y cercenando de raíz nuestras esperanzas de progreso como demócratas de toda la vida y nuestro devenir como pueblo con orgullosa conciencia nacional”. Y ustedes perdonen si la frase les resulta demasiado larga y alambicada, pero me ha salido de corrido y no voy a modificarla porque expresa muy sencilla y coloquialmente la complicada entelequia de sus patrocinadores.

Bueno, pues primero en Cataluña y ahora en Andalucía el sentido común ha
expresado bien claramente dónde pueden meterse los políticos sus
aspiraciones nacionales respectivas, situando muy certeramente cuáles
son las verdaderas preocupaciones del ciudadano. Las cifras son
escandalosas en ambos casos, pero, aún siendo más bajas las de
Andalucía, me parecen políticamente más llamativas las que en su momento
se produjeron en Cataluña, que fue la locomotora de estos cambios, tanto
por su relevancia en el conjunto de España como porque esas supuestas
ansias diferenciadoras son drásticamente más populares.

En cualquier caso, el fracaso político del casi 64% de abstención en
Andalucía es muy seria llamada de atención a los políticos de rostro
duro e intención inquebrantablemente localista. Nadie se había atrevido
a pronosticar este derrumbe de la asistencia, y eso que los vaticinios
eran ya generosos. Los políticos correrán ahora a replantearse su
estrategia en los futuros referendos que se vayan convocando. Y nos
quedan unos cuantos guardando cola. Sin embargo esto es ya algo
imposible de evitar, el tirón de autogobierno de Cataluña, el que se
espera en Galicia y en el País Vasco, cuando toque, debe llevarnos a
todos arrastras, nadie puede quedarse atrás.

Ya la Constitución y estatutos originales eran fuente de división de
españoles según la comunidad donde residieran, con diferente nivel de
derechos y de influencia en las decisiones económicas y políticas que
deben de todos. La inapetencia política de la inmensa mayoría de los
ciudadanos, que ven, oyen y callan, había terminado por consagrar las
diferencias entre autonomías de primera y otras de segunda, diferencias
que hunden su raíz en la inoperancia de nuestros políticos conformistas
y más amantes del escalafón de su partido que de la defensa de los
intereses de sus representados.
Si ahora detuviéramos, minimizáramos o reconvirtiéramos la ejecución de
las reformas estatutarias estas diferencias se agrandarían, originando
la aparición de castas y subcastas de ciudadanos, convirtiéndonos a los
menos afortunados en puros intocables, simple material de desecho,
paganos de la torpeza de nuestros políticos y de las obligatorias
inversiones del Estado en las regiones más afortunadas, dejándolos
reducidos a mera mano de obra exportable, algo que ya logró Franco en
los años sesenta.
En dicha situación, los españoles de segunda división, residentes en
autonomías sin un fuerte partido nacionalista o donde el PSOE no ha
elegido demostrar que el estatuto catalán no es un peligro, que es para
lo que se ha pensado en Andalucía, quedarían indefensos a merced de
sucesivos gobiernos centrales que “hablan catalán en la intimidad” y
sumisos ante el poder de determinados gobiernos autonómicos, puesto que
serían incapaces de competir con ellos por carecer de los mismos
instrumentos políticos y económicos así como de influencia en el
Gobierno Central.
Café para todos, pero teniendo en cuenta que hasta ahora casi toda
España ha recibido sólo achicoria.
PD: Me dicen que Pepe Blanco echa la culpa de lo del referéndum andaluz
al PP. Joé, qué tropa, son impagables, si no dieran pena darían
risa......
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