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Etiquetas:   Micro abierto   -   Sección:   Opinión

Reverencias e irreverencias en la corte y en los medios

Pelayo López
Pelayo López
martes, 20 de febrero de 2007, 10:14 h (CET)
Todos nosotros conocemos eso de que “los amores reñidos son los más queridos”. Sin embargo, mucho me da que, en esta ocasión, pese a que las palabras alegadas tratan de quitarle hierro al asunto, o de ponerlo más candente según se mire y se entienda el lenguaje mordaz de cada uno de los protagonistas, la tinta ha llegado a un río mediático nada propicio. Las salidas de tono, últimamente, estaban limitadas a los políticos, muy dados a las mismas, o a los presidentes de empresas futbolísticas y energéticas. No obstante, ahora, no sé si por envidia o por desidia, un gremio en el que debería imperar el afán informativo y la cordura por doquier, parece haber perdido las casillas y los estudios.

Resulta que algunas de las cabezas mejor amuebladas, o eso creíamos hasta hace apenas unas fechas, de este país, se han sometido a otras ondas menos comunicativas, y sí más nocivas, para truncar una fachada de mimetismo e idiosincrasia pública entrando en una batalla personal que nada aporta a profesionales de tanta solera y prestancia… Andreu Buenafuente, Lorenzo Milá, Olga Viza, Luís Del Olmo, Fernando Ónega, Ramón García, Federico Jiménez Losantos… La crispación en otros ambientes ha alcanzado a aquellos que deberían limitarse a velar por dar a conocer a la opinión pública, cada uno con su marca de la casa, unos con la información y otros con el humor, la actualidad en clave de pie de calle. Del Olmo ni de las buenas fuentes caen ni manan los santos. Los micrófonos de oro se han convertido en los micrófonos de chocolate, un chocolate pringoso y espeso que enturbia relaciones y las deja sin merecimiento de reverencia.

Sin ese mismo merecimiento, da al menos la sensación y el raciocinio, deberían haberse producido ciertos comportamientos en los entierros/funerales por la hermana de la Princesa Doña Leticia. Lo lógico parece que los mismos fuesen eventos familiares, no oficiales, en los que el dolor y el luto compartido por una familia no entendiesen de protocolos dignos de cualquier vitrina pretérita. Sin embargo, aún cuando la reciente y aciaga pérdida de una hermana acentúa los rostros de la desolación, siempre debe tenerse tiempo para una irreverencia honoraria y obsoleta, máxime si se trata aún de situaciones de esta índole. No cabe duda de que sigue habiendo reverencias e irreverencias en la corte y en los medios.

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