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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

La tontería del siglo

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 20 de febrero de 2007, 10:14 h (CET)
Personalidades de la esfera internacional van dejando a su paso palabras que la mayoría de las veces desembocan en discursos sensacionalistas cargados de prejuicios ideológicos alabando unas ideas y condenando otras. Por encima de las opiniones esta el respeto y sobretodo la ética política y periodística.

La diversidad de opiniones e ideologías es lo que hace de este planeta algo enriquecedor y culturalmente atractivo. Cualquier punto de vista es importante y tiene el mismo derecho que su precursor, pero existen momentos en los que las personas deberíamos pensar antes de hablar. El caso que ocupa mi artículo esta semana son las declaraciones del mes pasado, en el rotativo digital “El Mercurio”, de Nicholas Negroponte, fundador del famoso Media Lab en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Entre sus “hazañas” podemos destacar que abandonó su trabajo en el MIT para dedicarse a su proyecto personal, "Un computador por niño", con el que espera repartir ordenadores con un costo aproximado a los 140 dólares americanos a niños de países en vías de desarrollo. Un proyecto revolucionario en materia de tecnología y educación y que por otra parte creo que una idea así debe contar con el apoyo de organizaciones internacionales, para la mejora de las condiciones de acceso informativo en todas las regiones del mundo.

La frase que ha herido, porque no decirlo, mi sensibilidad ética y política, y que da titulo esta semana al artículo es la siguiente: “¿Cuáles son las grandes amenazas mundiales? – Pregunto el entrevistador – "Soy un optimista por definición y nunca pierdo el sueño por las preocupaciones. Para mí la mayor enfermedad mundial es el nacionalismo y eso es algo con lo que no se nace, es algo que se aprende. Creo que los niños que crezcan con acceso a Internet serán inmunes -como una vacuna- al nacionalismo. Eso para mí sería la mayor contribución de la iniciativa".

Con semejantes palabras esta eminencia en materia digital desacredita su ética política de aquí hasta que desaparezca de la faz de la tierra. Utilizando un discurso demagógico se sirve de viejas premisas que condenan ideologías que dan sentido a la vida de muchos. ¿Acaso aquellos que nos sentimos nacionalistas cometemos algún crimen contra la humanidad?. Nacionalista para muchos puede ser un término cerrado y con un claro significado, pero dejan de lado el carácter universal del término, englobando miles de matices que hacen de cada nacionalismo un mundo diferente y diametralmente opuesto en muchos casos. El nacionalismo por definición no es más que el sentimiento de pertenencia a una cultura, a una lengua, a una tierra, a una comunidad de personas. ¿Acaso no es la familia un nacionalismo en toda regla? ¿Acaso no defendemos nuestra familia y nos sentimos parte de ella?. Atacar con semejantes palabras al nacionalismo me parece aberrante, tacharlo de una de las mayores amenazas mundiales es un disparate y considero que es simplemente un intento demagógico para desviarse de los verdaderos problemas mundiales que nos acechan en el presente siglo.

Decir que los niños que crezcan con acceso a Internet serán “inmunes” al nacionalismo me parece una absurdez y una condena explicita al nacionalismo, y no veo ni motivo ni razón para ello. Puestos a utilizar la demagogia y la mentira podemos decir que Internet es un sistema que da consentimiento y capacidad de expansión a movimientos homófonos, fascistas, racistas y sectarios; podemos decir que muchos contenidos de Internet incitan a la violencia, a la práctica sexual con menores y a la anorexia y la bulimia entre otros. Internet es la representación del mundo libre, pero no porque esté en Internet tenemos que cogerlo. Aquí es donde entra nuestra educación, nuestra educación será la que nos dicte que debemos hacer y que no debemos hacer. Internet, por tanto, nunca podrá ser una herramienta para la educación, nunca podrá dejar de ser un complemento a la información después de la educación.

Señor Negroponte su discurso me recuerda a épocas en las que ser judío era sinónimo de perseguido, persona de color sinónimo de esclavo y homosexual sinónimo de bicho raro. ¿Los nacionalistas seremos perseguidos, condenados y apartados de la sociedad?

¡Ah!, se me olvidaba Sr. Negroponte, recuerde, por si aún no lo sabe, que nacionalismo y fanatismo no es lo mismo, precisamente es aquello que nos diferencia.

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