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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El fiscal que nos fiscalice buen fiscalizador será

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 19 de febrero de 2007, 10:37 h (CET)
Bien, no podemos decir que nos haya sorprendido la toma de posesión del nuevo ministro de justicia, señor Fernández Bermejo. Si hubiéramos tenido algún remordimiento respecto al juicio previo que teníamos formado de él, por la información recogida en la prensa y en los círculos jurídicos que le conocían, podemos descargar nuestras aprehensiones y liberar nuestra conciencia de la mínima sombra de desasosiego que pudiera enturbiarla. El neonato ha cumplido de sobras las espectativas que teníamos sobre su persona, talante y capacidades. Podemos decir que ha sido un parto perfecto en el que el rorro ha salido a imagen y semejanza de su padre, el señor Zapatero, y con todas las cualidades a las que pudiera aspirar su padrino, el señor Conde Pumpido, al que se le veía rebosante de satisfacción arropando a su ahijado.

Sólo un pero, nos tememos que la abuela Justicia no acaba de ver claro las intenciones que lleva ocultas su nieto, y mucho se teme que el zagal le salga rana y se dedique más a cazar derechistas descarriados que a ocuparse de velar por la recta aplicación de sus leyes. No todos pueden estar contentos. Es más, me temo que, aparte de los sicarios del señor Zapatero, entre los que no puede faltar el inefable señor Pepiño Blanco; pocos más se habrán alegrado de esta nueva estrella que ha aparecido en el firmamento jurídico.

Su aparición en escena tuvo todos los componentes de una representación preparada hasta en el más mínimo detalle. Parece que al juramento del cargo no asistió su antecesor, señor López Aguilar, no se sabe si por miedo a ser mordido por el nuevo doberman de la fiscalía o porque sus ocupaciones en Canarias, a la caza de concejales del PP que se hayan dejado corromper, se lo impidieron. En todo caso, sí estuvo en la entrega de la cartera ministerial. ¡Oh! fue realmente un acto emocionante cuando el ministro entrante le entregó al saliente la copia del CD que grabó cuando era bajo del grupo los Cirros; por cierto ¿saben lo que significa “cirro” según el diccionario de la RAE?, pues algo así como: “tumor duro, sin dolor contínuo y de naturaleza particular, el cual se forma en diferentes partes del cuerpo”, ¿será algo premonitorio? Duro parece serlo; doloroso está por ver, pero visto lo visto, no hay por qué dudarlo; lo de la naturaleza particular está a la vista; sólo queda por ver en qué partes del cuerpo jurídico se va a manifestar. Por lo pronto me parece que al Consejo del Poder Judicial ya le está empezando a crecer el “bulto” Bermejo. Los del PP me dicen que ya se están empezando a vacunar, por si las moscas.

No se cortó el nuevo ministro y, en un gesto de franqueza que le honra, no dejó lugar a dudas sobre sus intenciones como nuevo miembro del Ejecutivo. ¡Porrazo y tente tieso! Todos los organismos de la Justicia en posición de firmes y en estado de revista. Se han acabado la pluralidad de ideas; todos al servicio de los etarras y que nadie ose, en adelante, procesar a ninguno de ellos, por muchas amenazas y patadas que dé el angelito; so pena de tenerse que ver las caras (mejor diría careto) con el nuevo ministro de justicia; que por eso se ha proclamado de izquierdas, poco amigo de sus amigos y muy escorado, como no podía ser menos, hacia sus compañeros de filas los socialistas a los que les ha prometido que, él solo, se va a encargar de meter en cintura al señor Rajoy y a todos los Zaplanas y Aceves que se le pongan a tiro ( no lo tomen en serio es sólo una metáfora).

Claro que los diez millones de votantes del PP se han quedado viendo visiones y ya están dudando de si hacer las maletas para trasladarse a Marruecos en busca de la protección del rey moro, que seguramente les acogerá con ternura, contento de que le hayan vendido doscientos millones en material de guerra (que seguramente utilizará para hacernos la puñeta) o si disfrazarse de lagarterana para pasar desapercibidos entre el resto de ciudadanos y así evitar caer bajo el alfanje de este fiscal depredador que nos ha tocado en suerte. No les puedo aconsejar porque yo, todavía, no tengo decidido si estamos en el més de junio de 1936 o si, de verdad, estamos viviendo en el siglo XXI, en una nación democrática que forma parte de la Comunidad Europea. Me temo que lo mismo debe pensar el resto de paises democráticos que forman parte de esta gran Comunidad, que deben estar contemplando con ojos de espanto la evolución de nuestra nación en su caida imparable hacia las cloacas de la progresía estaliniana. ¡Dios nos coja confesados! Y perdonen los no creyentes.

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