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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Carod-Rovira vuelve a la carga

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 18 de febrero de 2007, 09:26 h (CET)
Es evidente que en Catalunya, a nivel del estamento político, se puede decir que los resortes del Tripartito están chirriando más que las ruedas del carro de Manolo Escobar. Como era de suponer, cada uno de los tres partidos que lo integran tira por su lado y la tan anunciada conjunción entre ellos no aparece por ninguna parte.

El señor Montilla, como si no tuviera bastante con la fracasada OPA de Gas Natural y con su breve e infructuoso paso por el Ministerio de Industria –donde dio suficientes muestras de su incapacidad para ocupar cargos de importancia–, se descuelga ahora, (para hacerse notar y aplacar a los de la Esquerra Republicana), con una nueva recusación a un magistrado del Constitucional que, según parece, hizo un informe para una entidad privada. Si el tema no estuviera bastante enrarecido viene el autodidacta Montilla para acabar de marear la perdiz y ver si, entre todos, consiguen que el Alto Tribunal se quede sin magistrados para que no haya nadie que pueda fallar sobre el Estatut. Y es que el Gobierno de Zapatero ha jugado tan fuerte, ha apostado tanto con este órdago a la Constitución que sabe, positivamente, que como salga el Estatut de marras, aunque sólo sea recortado en un treinta por ciento, se le ha acabado la bonanza de la que ha disfrutado hasta ahora.

Lo peor del caso es que, el señor Carot, no se corta un pelo y ya ha entrado en la fase de las amenazas. Para él y su partido, si el Estatut no sale como entró del Tribunal Constitucional, ya no se va a conformar con las prerrogativas de las que ya goza Catalunya sobre el resto de autonomías, sino que va a hacer como hicieron Maciá y Companys en su tiempo: declarar la plena soberanía de la nación catalana. Lo dice y se queda tan fresco, porque sabe que no habrá nadie que lo haga detener y lo meta en la cárcel por sedicionista. Es curioso como un jerifalte que agrupa, como mucho, un par de cientos de miles de personas bajo su mando se levante, como David hizo ante Goliat, contra el resto de la nación española. Como no sea que ponga en pie de guerra a los Mossos bajo el mando de Puigcercós y el resto de los que fueron separatistas de Terra Lliure, no se me ocurre la forma como conseguirá esta autoproclamada independencia. Puede que lo tenga más fácil si recurre al señor Zapatero, siempre con su talante dialogante, para que, con los refuerzos recibidos (en nuevo ministro de Justicia), le de la vuelta a la Constitución y decidan que desaparezca España y la sustituyan diecisiete pequeñas naciones insolidarias y enfrentadas entre sí. Ríanse ustedes del problema de los Balcanes. Aunque, si he serles sincero, no puedo dejar de pensar que los proyectos de estos separatistas acérrimos no se completan con la separación de Catalunya del Estado, sino que van mucho más lejos; ellos pretenden ir fagocitando, una tras otra, las distintas autonomías, empezando por Baleares, Valencia, Aragón para seguir anexionando al resto, juntamente con la parte sur de Francia, para reemprender la idea imperialista de Carlos I de España y V de Alemania, sólo que, en este caso, el nombre de España sería sustituido por el de Catalunya y el del emperador Carlos I por el de Carot I El Esquerrano que suena muy bien para un progre separatista.

Claro que, a todo esto, tenemos a un Partido Popular poco combativo. Siempre lo he dicho, el señor Rajoy es una buena persona, inteligente, honesto y preparado. Pero estas cualidades, que para la vida civil de una persona son ases en la mano, cuando se trasladan a la política se convierten en un serio handicap al tener que enfrentarse a adversarios bragados, carentes de escrúpulos, a los que no les importa mentir, sobornar, prevaricar e incluso amenazar con tal de salirse con la suya. El PP tiene dos buenas espadas que son: Aceves y Zaplana pero, ignoro por qué motivos, los tienen sujetos y amordazados no dejándoles que pongan en juego sus incuestionables cualidades para la dialéctica y la confrontación. Las ocasiones de desbancar al adversario dentro del juego político son escasas y hay que saberlas aprovechar, en cambio el PP parece que, cada vez que se le presenta una oportunidad de lanzar una buena estocada le tiembla la mano y, al final, se le cae el florete como si se le acabaran las fuerzas. Tuvo una inmejorable ocasión cuando el atentado de Barajas, pero se durmió, se quedó anquilosado y sin reflejos, y esto dio lugar a que el incompetente, pero hábil, Zapatero, pudiera salir bien librado del apuro. Las elecciones están cercanas y no van a ser fáciles para ninguno de los dos partidos, porque los ciudadanos estamos hartos de engaños, jugarretas y desgobierno. Lo que ocurre es que, en definitiva, con tantos dimes y diretes, las cuestiones importantes que tiene la nación, pendientes de resolver, quedan aparcadas indefinidamente. Y así nos va.

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