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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Tripartito 2: lo mismo de siempre

Juan Giral (Barcelona)
Redacción
sábado, 17 de febrero de 2007, 11:19 h (CET)
Causa ya una enorme fatiga la perpetua comprobación: cada vez que parecen ir mal dadas en algún asunto para la clase política catalana, ésta se alza, como un sólo hombre para denunciar un intolerable “ataque contra Cataluña”. Pujol fue el gran maestro y todos sus sucesores sus pobres imitadores. Últimamente se suele aderezar, para mayor eficacia, con acusaciones de provocar división social, crispación, augurios de graves enfrentamientos entre “Cataluña y España” etc.

Ahora toca instrumentar una brutal campaña de presión sobre el Tribunal Constitucional, motivada por el barrunto de que sus tesis no se presentan muy favorables al Estatuto urdido por dicha clase política, con la connivencia del presidente Zapatero. Al parecer, se da por supuesto que un bloque de 6 magistrados votará sistemáticamente en una dirección y otro de 5 en la contraria, sin más consideraciones. Lo más descorazonador es que los que lo insinúan o, abiertamente, lo dicen, parecen saber de qué hablan. Lo que se deduce de sus palabras es, directamente, algo así: ¡si sabré yo lo que va a votar fulanito, si yo lo he nombrado!. A eso lo llaman, ahora, “politización de la Justicia”. Algunos tienen la desfachatez de proponer, como remedio, que les dejen nombrar a ellos su parte correspondiente. A los ciudadanos de a pie sólo nos queda la débil esperanza de que la rectitud y la categoría intelectual de los magistrados sea mayor que la de sus patrocinadores (lo que no es muy difícil) y el control no resulte tan férreo como éstos presumen.

En este contexto, las declaraciones del presidente Montilla revisten una especial gravedad. Además de abonarse a las tesis habituales ya citadas, ha destilado una perla de este calibre: “El PP trata de ganar en los tribunales lo que no ganó en las urnas”. Tamaña barbaridad, que hace dudar seriamente sobre la capacidad de este hombre para ocupar el cargo que ocupa, merece una severísima condena, por varios motivos de calado:

1. El Sr. Montilla, mal que le pese, es el presidente de todos los catalanes, incluidos los 2/3 que no votaron sí al Estatuto, a los que insulta gravemente con sus manifestaciones.

2. El Sr. Montilla es la máxima autoridad de Cataluña y el más alto representante del Estado en esta comunidad. Su primera obligación es respetar las leyes y velar por su cumplimiento. Pero al Sr. Montilla le importa un bledo la legalidad o no del Estatuto. Su único interés, compartido por la clase política que elaboró el engendro, es el enorme aumento de poder y capacidad de control sobre la sociedad que la nueva norma le procura.

3. Para tratar de disimular su desprecio por la ley, el Sr. Montilla se envuelve en una retórica muy cara a los regímenes de corte totalitario, buscando contraponer a la ley la voluntad popular. Esto es especialmente grave y peligroso, como sabe cualquiera que tenga conocimientos elementales de Historia. Alguien debería explicarle al Sr. Montilla que, en democracia, la voluntad popular puede cambiar las leyes, siguiendo los procedimientos establecidos, pero no saltárselas a la torera. Eso es mejor dejarlo para los regímenes donde el Guía Supremo hace y deshace a su antojo, sostenido por una corte de paniaguados y aduladores.

Que, cuando ve peligrar su posición, esta izquierda retrógrada y carente de ideas, y, al paso que vamos, pronto directamente analfabeta, que nos ha tocado padecer, no tenga nada de más sustancia que ofrecer, es verdaderamente lamentable.

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