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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Y echamos a Aznar por crispar...

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
viernes, 16 de febrero de 2007, 09:59 h (CET)
Uno, que ve boquiabierto la situación política, se maravilla de la tozudez de nuestros líderes, contempla con asombro cómo van de error en error y cómo demuestran día tras día el sectarismo que les impide apreciar nada positivo en alguien que no sea de su bandería política. En todo esto, tozudez, sectarismo, hipocresía, el asombrado espectador no se distingue malos ni buenos, ni siquiera buenos y mejores. Si se hace abstracción de la ideología que acompaña a cada personaje público se cae en la cuenta de que todos cojean del mismo pie.

El nivel de tensión, de nerviosismo, de aquello que se le acusaba, seguramente con razón, a Aznar, crispación, no se ha solucionado, como ilusoriamente nos prometían, con su salida del poder. El actual estado de excitación con la recusación de Pérez Tremps en el Tribunal Constitucional, los insultos en cascada que ha generado el nombramiento del nuevo ministro de Justicia dan buena fe de ello.

Fuera de los credos políticos particulares, el común mortal difícilmente tiene la posibilidad de conocer y juzgar “científica y asépticamente” lo adecuado o no de la recusación de Pérez Tremps y cuánta ideología sectaria y parcial se esconde detrás de la petición de recusación por haber firmado un informe para la Generalidad sobre el Estatut. O detrás de quienes lo defienden, por supuesto. Sin embargo es un hecho que está en boca de todos y por lo tanto es utilizado como arma electoral. Por unos y otros. Los excesos verbales que al respecto se producen ahondan en la división de las dos españas, la que todo lo niega y la que todo lo acepta, prescindiéndose impunemente de un juicio sereno y desideologizado.

Es de lamentar que no exista un amplio colchón de población que no tenga previamente decidido el sino de su voto, y que no lo defienda a capa y espada, sino que mantenga pendiente esta decisión a la espera de las realidades de los políticos, de los cumplimientos, de sus actuaciones, buenas y malas, para emitir un juicio sereno y no anticipadamente predeterminado en las urnas.
Y sin embargo este problema se reproduce días tras día, asunto tras asunto, envinagrando la vida y dificultando el progreso político. Algunos se frotan las manos, pero y España...?

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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