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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Klimt', fantasmagoría vienesa

Gloria March
Redacción
sábado, 21 de abril de 2007, 09:12 h (CET)
Sueños tamizados con cristales rotos, espejos que se rompen mientras un selecto club de artistas y escritores comen tartas vienesas acompañadas de su correspondiente té, colores dorados, giros de cámara, desmayos, mujeres desnudas por todas partes, muerte, nieve que aparece en los momentos más insospechados, sífilis, sensualidad en un jaula rodeada de prostitutas y arte, mucho arte. Todo esto y mucho más lo ha querido mostrar Raúl Ruiz, el director chileno de Klimt, un biopic nada convencional sobre la vida de este sensible pintor.

En lugar de centrarse en su vida, o sólo en su creación artística, el director chileno se vuelca en los últimos días de Gustav Klimt, en su lucha por continuar defendiendo su arte en un mundo que no dejaba de criticarle y alabarle por igual, sus enfermedades y paranoias mil, sus sufrimientos como persona que busca el amor hasta su último día de vida aunque que reconozca ser un mujeriego y tener hijos por doquier.

Siguiendo su línea marcada por películas como Le temps retrouvé y Les âmes fortes, Ruiz que no siguió un guión cerrado, afirma que el 25 por cien de la película es improvisada y su narración está superpuesta por planos donde los personajes giran alrededor de un punto, con movimientos de cámara que marearán a más de uno, convirtiendo lo que podría ser una aburrida reunión de intelectuales en una cafetería vienesa en un viaje alucinante propio de un barco.

Si algo hay que destacar es a su actor principal, un genial John Malkovich, que reproduce esa melancolía por la vida que aparecen en las fotografías de Gustav Klimt así como su intimismo y profundidad al hablar, caminar...todo en él está lleno. No se puede decir lo mismo de Nikolai Kinski, en su papel del joven y paranoico Schiele. Este pintor esquizofrénico es interpretado de una forma totalmente exagerada a tal punto que en lugar de ver al pintor parece que estemos viendo uno de sus grabados.

Un giño divertido que se ha permitido el director ha sido el encuentro entre el pintor austríaco y Georges Méliès, el celebre cineasta que sorprendió a toda la clase alta y burguesa con sus trucos de magia utilizados en lo que fue el principio del cine. Klimt se quedará sorprendido por esta forma de representación y acabará siendo engañado por uno de sus efectos.

Klimt, la película, presenta una atmósfera que muy bien podría haber sido cercana a la vida del pintor, incluso todos los elementos ficticios que aparecen en el film, como la preciosa nevada en el cuarto del hospital donde está ingresado, aportan un conjunto visual, una estado emocional que no es fácil de olvidar y al salir de la sala de cine uno parece ir un poco aturdido por la forma tan especial que tenía este pintor de ver el mundo y sobre todo la vida en sí.

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Puntuación: 6
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