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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

De novios a esposos

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 15 de febrero de 2007, 09:48 h (CET)
Hace pocos días recibí en un correo electrónico una presentación curiosa. Un usuario del ordenador exponía su problema buscando que otros le ayudaran. Decía que tuvo instalado el programa NOVIA y le funcionó bastante bien, pero lo cambió por el programa ESPOSA y le estaba ocasionando muchos problemas. Había intentado reinstalar de nuevo el programa NOVIA pero el sistema no lo permitía. Otros usuarios del ordenador la contestaban cosas más o menos descabelladas en clave de humor, incluso aconsejándole que buscara otro ordenador.

La broma me hizo meditar en el noviazgo actual, en el que quizás esté la razón de la fragilidad de los matrimonios que se rompen cada vez en mayor número. Unos noviazgos, pienso yo, comienzan por la fase de enamoramiento, de idealización de la otra persona, que creemos nos colmará de dicha, otros no tienen esta fase romántica y empiezan por una relación amistosa en la que más pronto que tarde da paso a un intercambio de experiencias sensuales y sexuales que ambos disfrutan sin más problemas ya que es fácil evitar las consecuencias indeseadas de un embarazo. Si surge alguna dificultad, como no hay compromiso, se busca otra pareja que pueda resultar más placentera hasta que en determinado momento deciden irse a vivir juntos sin más formalidades o acuerdan contraer matrimonio. Al poco tiempo la convivencia comienza a dar problemas. A cualquiera de ellos o a los dos les gustaría volver a los tiempos anteriores, al “programa novia”, pero no les es posible a no ser que rompan su relación y comiencen otra, cosa que ocurre a menudo, aunque esto implique sufrimientos para el que no quiere romper y para los hijos que puedan tener.

El noviazgo para mí tendría que ser otra cosa. Tendría que partir del absoluto respeto hacia la persona que me atrae, que no puedo degradar a la categoría de objeto de consumo y como tal de usar y tirar. Entrar en relación dos personas es conocer cada una de la otra, sus valores, sus cualidades y defectos si resultan complementarios o incompatibles sus caracteres y examinar con seriedad y atención si es posible un proyecto de vida en común.

El tiempo del noviazgo tiene que ser un tiempo de diálogo en el que cada uno vaya dando a conocer al otro cómo es en realidad, sin ocultamientos, que luego al descubrirse provocarán problemas y desilusiones. El amor de flechazo puede iniciar la relación pero la planta del amor requiere cultivarla con esmero. El amor hay que irlo haciendo cada día, pero no en el sentido que se le suele dar al hacer el amor, de sexualidad, de búsqueda del placer inmediato. Para que el amor crezca hay que empezar por el respeto. La persona es sagrada y sólo en la donación libre, exclusiva y definitiva de sí misma, el amor adquiere su verdadera naturaleza. Si las personas nos utilizamos como objetos de placer, nos degradamos, nos destruimos, buscaremos ansiosamente una felicidad evanescente, que estará siempre necesitada de nuevas experiencias que no podrán nunca darle plenitud a nuestras vidas.

¿Hablo de castidad? Pues sí. Ya sé que no goza de buena prensa, pero se trata de una virtud, cuya práctica nos hace más fuertes. Someter a la razón nuestros instintos es lo que nos hace personas y nos eleva muy por encima de los animales. El instinto sometido a la razón puede sublimarse. Los deseos sin disciplina nos llevan a querer cualquier cosa de inmediato y a menudo lo que hacemos es romperlas, dejarlas inservibles.

Un noviazgo es un periodo de tiempo interesante para diseñar un plan de vida, en el que estemos de acuerdo con respecto a los hijos y su educación, a las relaciones sexuales, al trabajo, al dinero a la colaboración en las tareas domésticas, a las aficiones y amistades, al sentido último de nuestras propias vidas y tantas cosas más. Si después de estudiarlo seriamente se llega a la conclusión de que hay diferencias importantes, la relación se da por terminada sin causarse ningún daño. Es un gran error pensar que podemos cambiar al otro una vez casados, ello significaría que vamos a tratar de imponerle nuestras maneras de ver las cosas, nuestros valores o nuestras manías, violentando su libertad.

El amor es algo importante y sólo será posible si lo disciplinamos, lo purificamos y lo entregamos al otro en una opción definitiva y exclusiva. El creciente número de divorcios pienso que pueden tener como causa un noviazgo en el que no se abordó con seriedad un plan de vida en común. Cambiar de pareja cuando se fracasa puede dar resultado, pero también puede dar lugar a sufrimientos y daños a terceros que debían haber sido evitados.

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