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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

La tortura

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 15 de febrero de 2007, 09:48 h (CET)
Por encargo de BBC World, el instituto de sondeo Globescan en el marco del programa sobre política internacional promovido por la universidad norteamericana de Maryland, se han entrevistado 27.407 personas de 25 países, entre mayo u julio de 2006.

Según esta encuesta, una tercera parte de la población mundial es partidaria de la tortura. Los italianos son quienes más se oponen (81%). En los Estados Unidos, la oposición a su práctica llega al 58%. Así y todo, el 36% de los norteamericanos la justifican, siendo uno de los más elevados del mundo en su aceptación.

Si el resultado de la encuesta es fidedigno, no nos debe de extrañar, pues, las espeluznantes noticias de las torturas que practican las tropas americanas en Irak y Guantánamo. Tampoco nos debe asombrar los vuelos secretos de aviones de la CIA transportando a presuntos terroristas a “paraísos” en donde se les pueda torturar sin miedo a tener que dar cuenta a la opinión pública. Las recientes leyes aprobadas al respecto no garantizan su desaparición del escenario político.

¿Qué es la tortura? Según la Convención de las Naciones Unidas contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes del 10 de diciembre de 1948, se define así: “Se entenderá por tortura todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, para castigarla por un acto que haya cometido o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esta persona o a otras , por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación , cuando dichos dolores sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instancia suya o con su consentimiento”.

La encuesta que comentamos pone al descubierto el acierto de la declaración bíblica que dice que las intenciones del hombre siempre se encaminan a hacer el mal. Sí que es cierto que no todo el mundo llegará a hacerlo en su máxima virulencia. La Biblia nos dice que Dios interviene en los asuntos humanos e impide que la maldad humana se exprese con la máxima crueldad. A pesar de ello, siempre habrá gente dispuesta a hacer de verdugo y a ensañarse con sus víctimas por encargo del gobierno a quien se sirve, a cambio de unas monedas manchadas con la sangre de las víctimas.

Por más declaraciones que se hagan en contra de la tortura, por multitudinarias que sean las manifestaciones en contra de ella, siempre estará viva entre nosotros y, cuanto más alejados estén de Dios los hombres, con más crueldad y refinamiento se practicará ya que las conciencias insensibilizadas por la dureza de sus corazones encuentran placer viendo como las personas se retuercen de dolor ante sus ojos. Una muestra de lo insensibilizada que está la conciencia de las personas la encontramos en el tipo de películas que ven. Cuanta más violencia expongan, más espectadores tienen.

Para erradicar la tortura no basta con la educación. Se sabe con certeza que personas de gran sensibilidad artística han sido torturadores famosos. La religión tampoco es una garantía que haga desaparecer semejante vileza. La historia de las religiones del pasado y reciente está salpicada de torturadores que en nombre de Dios han provocado mucho sufrimiento.

Sólo existe una manera de hacer desaparecer la tortura: proclamar el Evangelio tal como nos ha llegado hasta nuestros días. La providencia de Dios lo ha preservado en medio de tantos intentos que se han hecho para hacerlo desaparecer. Cuando se anuncia el Evangelio con la claridad y sencillez con que ha llegado hasta nuestros días, se pone de manifiesto el amor que Dios siente por el hombre. Si se acepta el mensaje del amor de Dios , este amor se hace carne en el creyente. La transformación que produce es espectacular. Ya que cambia por completo la manera de ser de quien hasta el momento de recibirlo había sido una persona cruel y nefasta.

Un ejemplo histórico y notorio lo encontramos en el apóstol Pablo quien debido a su encuentro que tuvo con Jesucristo cuando iba a Damasco autorizado por los sacerdotes para encarcelar y matar a los cristianos que se encontraban en aquella ciudad, abandonó su comportamiento que tanto dolor había causado a sus conciudadanos. El mismo cambio se sigue produciendo en nuestros días en multitud de personas sencillas, cuyos nombres no aparecen en los titulares de prensa, pero que debido a su fe en Cristo se convierten en mejores esposos, padres, que elevan la felicidad hogareña a niveles insospechados.

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