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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

Amor antisistema

Mar Berenguer

jueves, 15 de febrero de 2007, 09:48 h (CET)
El 14 de febrero, corazones de cartón piedra inundan los escaparates de todo el mundo. Lo que para unos es un día muy romántico para otros es una cursilada, pero la mayoría considera este homenaje a Cupido una gran oda al consumismo.

El día de San Valentín, no es un invento contemporáneo a la génesis del Corte Inglés, si bien los centros comerciales han influido decisivamente en su consolidación actual. Esta fiesta se remonta al Imperio Romano, cuando la mortalidad infantil era muy elevada y tener descendencia para perpetuar el nombre de la familia, una prioridad. Quienes no tenían hijos se consideraban malditos y se sometían a rituales mágico-religiosos para garantizar su fertilidad. Los romanos, contaban con un lugar sagrado en el que según la leyenda, la loba capitolina había amamantado a Rómulo- fundador de Roma- y Remo, donde todos los 15 de Febrero tenía lugar la Lupercalia. En 494, el Papa Gelasio prohibió tal celebración pagana, pero ésta, sobrevivió en la clandestinidad. Posteriormente, surge la historia del sacerdote San Valentín que casaba a las parejas a escondidas durante la persecución cristiana. La leyenda del protector de enamorados se impuso como pretexto para esconder el rito de la fertilidad.

Afortunadamente, en la actualidad la mortalidad infantil ha descendido drásticamente en el mundo desarrollado y los “ritos” de fertilidad se llevan a cabo en clínicas especializadas, así que el marketing, ha tomado las riendas de esta celebración. Flores, bombones y cenas románticas son algunos de los regalos más populares en el día de San Valentín. Muchos critican duramente el empeño con que determinados sectores empresariales, en el nombre del amor, imponen la celebración de este día.

Mientras gran parte de la población, esencialmente masculina o formada por mujeres condescendientes con ellos, se rasga las vestiduras porque a los enamorados se les dedique, igual que a otros temas y convenciones, un día de homenaje, a mi me parece totalmente inofensivo e incluso positivo. Hortera, posiblemente; al igual que el día del padre, de la madre, del árbol o del amor fraterno. Pero no hay nada malo en ello, como tampoco en que el mercado aproveche esta fecha para aumentar sus beneficios. Muchas parejas – antisistema, probablemente como Inma y su chico, Saura - dirán aquello de “Prefiero hacer regalo cualquier otro día, cuando me apetezca a mí y no cuando me lo diga la publicidad”. Y la pregunta es: ¿Pero que tiene de malo precisamente el día de San Valentín? Y es que nos creemos los más originales del mundo llevando la contraria gratuitamente y así, nos sentimos únicos en la distancia corta. Los que emprenden la cruzada contra el 14 de Febrero, además, suelen olvidan hacer ese hipotético regalo que prometen o dicen hacer “cualquier-otro–día-menos-ese” desvinculándose así de los fundamentos de su alegato antimercantil y pro-amor verdadero, para finalmente, precipitarse directamente al abismo de la tacañería.

Hay que ser antisistema cuando toca y con lo que así lo requiere; con la actual política de inmersión lingüística de la Generalitat de Catalunya, por ejemplo, o con los métodos de “máxima tecnología digital” -léase; enchufismo- con que los Ministros escogen determinados cargos dentro de sus gobiernos. Nos podemos incluso cuestionar el llamado “espíritu navideño” que nos las hace pasar canutas el primer trimestre de cada año. Pero la reciprocidad del trinomio cena-flores-bombones, no va a arruinar a nadie y tiene un innegable efecto terapéutico y amoroso. A nadie le amarga un dulce a mediados de Febrero.

Es verdad que el amor hay que vivirlo y demostrarlo siempre. Pero eso no excluye que hoy sea un gran día para celebrarlo.

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