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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Un viaje al pasado: ‘Los relojes’ de Agatha Christie

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 17 de julio de 2007, 23:47 h (CET)
Una o dos veces al año preciso regresar a mis raíces lectoras, aquellas páginas a través de las cuales comencé a aventurarme por el intrincado ― y apasionante ― mundo de la lectura. Julio Verne y Agatha Christie, entre otros, son autores de obligado reencuentro para mí. Con ellos establezco una cita tácita, algo así como quien se reúne con amigos de toda la vida, de esos que no le van a fallar, que siempre van a estar ahí, que no se van a morir nunca porque ya están muertos y esa muerte, a su vez, pura paradoja, significa vida imperecedera, redescubrimiento de sus libros, de sus personajes, de sus historias.

Fue Guillermo Camps, un compañero de colegio, al que la Parca, sin avisar, a traición, se llevó muy joven, quien me "vició" ― bendito vicio ― por los entresijos del género policial. Recuerdo que la primera novela de Agatha Christie que me pasó, ante la indignación de nuestro profesor de literatura, empecinado en que nos empapásemos de buscones, quijotes y otros personajes de una guisa similar, fue ‘Diez negritos’. A partir de ahí siguieron otras muchas, que leí apalancado en mi mecedora de escay, convirtiéndome en un asiduo seguidor de la Reina del Crimen, apodo con el que se conocería después a esta mujer, designada Dama del Imperio Británico en 1971.

Siguiendo, pues, esa tradición autoimpuesta, esta vez escogí un título que no había leído antes: ‘Los relojes’, porque a pesar de que hace más de treinta años que saboreo obras suyas, la producción de la Christie es casi inagotable y da para mucho, para tanto que, incluso la relectura de sus novelas ― como también ocurre con otros autores ― ofrece siempre colores distintos, matices nuevos, detalles olvidados, luces arrinconadas que, de súbito, cobran relieve y avanzan hacia nosotros.

‘Los relojes", escrita en tercera persona, unos capítulos bajo la fórmula del narrador omnisciente y otros, a través de un diario personal, a pesar de utilizar uno de los recursos habituales de la escritora británica (el pasado, que regresa para ensamblar y dar sentido a toda la estructura criminal del caso), resulta un tanto diferente de otras obras suyas, ya que se maneja por una esfera escénica menos clásica, menos tradicional, con un lenguaje más moderno pero que, a la vez, conserva todo el sabor de la Inglaterra de los años sesenta (‘Los relojes’ fue escrita en 1963, más de cuarenta años después de la aparición de ‘El misterioso caso de Styles’, su opera prima) y en ciertos momentos recuerda al Hitchcock de ‘Cortina rasgada’, película rodada por cierto tres años después (1966).

Por supuesto, cuando hablamos de Agatha Christie hay que tener en cuenta que más que un "retrato social", eso que se valora tanto en la novela negra, nos encontramos ante una variante del relato policial conocida con el sobrenombre de novela problema, donde se establece un juego entre escritor, en este caso escritora, y lector para que este último, a través de las pistas que le va proporcionando el primero, averigüe quién o quiénes son los culpables del asesinato y el móvil del mismo. De la honradez del autor y la capacidad de observación del lector, depende el maridaje final que conduzca o no al descubrimiento de los culpables por parte de este último.

El argumento es sencillo pero muy atrayente: una mecanógrafa, Sheila Webb, es contratada para trabajar en la casa de una invidente, Miss Pebmarsh. La llamada telefónica insiste en que sea precisamente Miss Webb quien acuda a prestar el servicio. Cuando la joven llega a la dirección indicada, 19 de Wilbraham Crescent, se tropieza con el cadáver de un individuo al que jamás ha visto. Este inicio prometedor, se aliña con una historia de espionaje, protagonizada por el agente Colin Lamb, que acentúa el interés de la novela, cuyas primeras líneas no me resisto a incluir aquí: "La tarde del día 9 de septiembre fue como tantas otras. Ninguna de las personas afectadas por los acontecimientos de aquel día pudo presumir de haber tenido algún presentimiento de la desgracia".

‘Los relojes’ pertenece al grupo de novelas de Agatha Christie protagonizadas por Hercule Poirot, uno de sus investigadores preferidos junto a Miss Marple. Pero Poirot aparece aquí ya mayor y sus hábitos de vida han perdido su componente de atrevimiento, tornándose más sosegados. El detective belga se convierte en un espectador de la vida, entretenido y preocupado por mantener sus neuronas en forma a través de la resolución de enigmas planteados por la lectura de novelas policiacas. Y ello le sirve de excusa a la escritora, para hacer algo que hoy está muy de moda en algunos libros de ficción: intercalar sus propias opiniones sobre otros autores de novelas policiacas, sus colegas. Por supuesto, el final de ‘Los relojes’ incluye la inevitable lección magistral del detective de los bigotes retorcidos, en una exposición donde descubre al culpable, a quien sirve en bandeja de plata a la policía, en este caso al inspector Dick Hardcastle:

* De acuerdo. Denos la solución del problema, si es que la sabe.
* ¡Por supuesto que la sé!

Hardcastle lo miró incrédulo.

* ¿Dice que sabe quién mató al hombre del 19 de Wilbraham Crescent?
* Naturalmente.

‘Los relojes’ se pueden encontrar actualmente, según el ISBN, en varias ediciones. Dos de la Editorial Molino (1984 y 1999), una en Editorial Planeta Internacional (1995) y, juntamente con la obra ‘El templete de Nasse House’, en Nuevas Ediciones de Bolsillo (2003). Los precios oscilan entre los 4,15 y los 8,45 euros, es decir, cantidades asequibles para el lector medio, máxime si tenemos en cuenta que estas novelas, en algunas librerías especializadas, están a precio de saldo actualmente y, por tanto, aún se pueden adquirir a un valor inferior del oficial.

Regresar a Agatha Christie, leer ‘Los relojes’ o cualquier otro libro suyo, no es un viaje a la nostalgia, no. Simplemente es un reconocimiento al extraordinario valor que tiene la obra de esta escritora, a pesar de lo que opinase nuestro antiguo profesor de Literatura. En eso, Guilermo Camps y yo llevábamos razón. Parafraseando a Napoleón, podríamos decir que ‘dos mil millones de ejemplares vendidos de sus obras, traducidas a casi todos los idiomas del mundo, nos contemplan’.

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‘Los relojes’, de Agatha Christie. Editorial Molino, 1999. 4,15 euros.

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