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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Días de cine': docenas de cascabeles por 'moneas falsas'

Pelayo López
Pelayo López
sábado, 21 de abril de 2007, 09:12 h (CET)
Días de fútbol o las dos entregas sobre lo que pasa y deja de pasar en la cama tenían su gracia, quizás debido a que cada uno de nosotros podía sentirse, más o menos, identificado con unas historias contemporáneas y sobre temas cotidianos. Sin embargo, a pesar de que el responsable de esta cinta es el director de la primera y guionista de las otras dos, David Serrano, esta nueva propuesta no llega a cuajar precisamente por eso, por su lejanía temporal y por su excesivo caricaturismo. Incluso, para que el resultado no termine de atraparnos, la duración también es un “handicap” ostensible, ya que se hace excesivamente larga y no se hace necesario tanto metraje para una historia tan insulsa. Es la segunda película de este realizador con el título Días de…, y, al parecer, según él mismo ha explicado, aún le quedan dos proyectos con esta premisa. Eso sí que produce “días de miedo”. Espero, por su bien y por el nuestro, que retome, cuanto menos, la senda de la primera y no de esta segunda.

Lo de recurrir al cine dentro del cine no es nuevo, aunque, en este caso, el resultado es, casi, tal y como se ha tratado de promocionar: la peor película de la historia. Y lo cierto es que, al menos el producto resultante de los trabajos de los personajes, sí que lo podría ser. De un cine de denuncia social se acaba pasando a una serie Z de ciencia-ficción de compleja e imposible comprensión. No obstante, a modo de descargo, la realidad misma es así en algunos episodios de nuestro cine reciente, títulos que bien podrían competir con cintas como la que aquí se rueda. Ed Wood visto por Tim Burton e interpretado por Johny Depp, o los propios productos del considerado peor director de la historia del cine, sirven de claros referentes tanto al estreno en cuestión, en primer lugar, como también, después, a la bobina rodada en la cinta.

Sucede que, a estas alturas, está todo ya inventado, y que, pretendiéndolo o no, lo que ha quedado es una cinta que adolece del humor bien exprimido en anteriores ocasiones y, por el contrario, aporta un mayor dramatismo que no sabemos si realmente es necesario en estos casos. Lo que hace gracia, o, depende del punto de vista, da qué pensar, es la sugerente y extravagante retahíla de personajes que se pasan por la pantalla, personajes de los que ignoramos si están, completa o parcialmente, inspirados en protagonistas de carne y hueso. Tenemos a un director teatral profundamente antifranquista –un Alberto San Juan en su justa línea habitual-, que se pasa al cine y que, no por exigencias del guión sino del dinero, se ve envuelto en toda esta locura de rodaje que acaba echando por los suelos su proyecto inicial. Junto a él, la protagonista, una folclórica –una sensacional Nathalie Poza, una actriz formidable a reivindicar hasta que alcance el lugar que se merece- en su última oportunidad de remontar el vuelo; su ayudante de cámara –un Fernando Tejero a medio camino entre su mejor personaje, el de Los lunes al sol, y el del resto de personajillos de medio tinte-, un tipo salido del armario y que se desvive tanto por su diva que casi sufre más que ella por su dolor; un productor –el acertado Miguel Rellán, a quien esperamos volver a ver en proyectos más continuados- venido a menos y sin una “perra gorda”; un aspirante a actor –un José Gutiérrez cada vez más imprescindible en cualquier comedia patria que se precie- con una pequeña traba de tartamudez; y así una larga lista en la que también figuran un director de fotografía alcohólico y un mecenas ansioso porque su musa erótica le cante los doce cascabeles en pelota picada, además de la sufrida esposa del director y un ayudante de dirección interpretados por los –con lo que eso supone- Aquí no hay quien viva Malena Alterio y Diego Martín.

He de reconocer que, ya que han usado para el título de la película el mismo de un fantástico programa de la televisión, podrían haber contado para, al menos un cameo, con el singular y particularísimo presentador del mismo. Sí que tienen su presencia, con un aspecto físico que lo hace casi imperceptible, el cantante y actor Coque Malla, y también, en la misma escena, un policía de raigambre franquista Ramón Barea, un actor que incluso puede sumar un Oscar a su trayectoria en breve con el cortometraje Eramos pocos. En definitiva, aunque en el metraje nos vamos a encontrar, ya en la segunda parte, dos sorpresas argumentales –una de ellas entra dentro de lo esperado a tenor de la vida real- que podemos incluir entre lo mejor de la cinta, lo cierto es que nos encontramos ante una película que, argumentando circunstancias que se mencionan en este vodevil inaudito de poco merecimiento futuro, llega a intercambiar docenas de cascabeles por “moneas falsas”.

FICHA TÉCNICA

- Calificación: 1
- Director: David Serrano.
- Reparto: Alberto San Juan, Nathalie Poza, Miguel Rellán, Fernando Tejero, Roberto Álamo, Javier Gutiérrez, Malena Alterio y Diego Martín.

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