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Etiquetas:   Algo m√°s que palabras   -   Secci√≥n:   Opini√≥n

Renuncio al hombre (o a la mujer) anuncio

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
domingo, 11 de febrero de 2007, 08:52 h (CET)
El galopante mundo de seducciones llama a la puerta a cualquier hora, sin pedir permiso y de manera descarada. Vivimos en un continuo y constante reclamo que desquicia los sentidos al ser m√°s prudente. El toro de Osborne se ha quedado sin fuelle al lado de tantas rimbombantes convocatorias, advertencias, marcas, referencias‚Ķ Espacios televisivos donde la publicidad es lo que gobierna. Medios escritos que son verdaderas cu√Īas publicitarias, m√°s cr√≥nicas de publicidad que cr√≥nicas de ideas. De manera intempestiva tambi√©n est√° de moda llamar por tel√©fono para ofertar que compres un producto y dejes el otro. Ya no se pide permiso ni para entrar en las habitaciones interiores que uno tiene a solas de vez en cuando. Cuando menos lo esperas, la ca√Īonera de la publicidad te dispara. A mi todo esto me pierde, lo reconozco, y hasta me vuelve un mal educado. Lo siento. La paciencia tiene un l√≠mite. Esto de que la publicidad, con su labia nos distraiga cuando le venga en gana o nos quite horas de sue√Īo, es un mal h√°bito. A poco que cedas en dejarte seducir, acaba comi√©ndote media vida.

Habr√≠a que poner cotas a la publicidad. Y tanto. Al parecer ahora la moda va a ser poner al hombre a hacer la calle, vestido de indio y con una pantalla sobre su cabeza. Dicen que as√≠, cotizan mucho m√°s las miradas en cuanto a embobamiento. Todo vale para persuadir, eso es lo malo. Aunque se consiga ganar adictos al encantamiento, a mi no me parece √©tico convertir al ser humano, hombre o mujer, en un mero objeto del deseo. Renuncio, con todas mis fuerzas, a esa publicidad que ceba a los seres humanos con h√°bitos de consumo y estilos de vida alocados. Desisto de esa propaganda que propaga los instintos en lugar de un sentido de libertad. En la misma l√≠nea de lo anterior, repudio esa proclama que animaliza a las personas o las caricaturiza, que hacen promesas falsas en los productos que se anuncian. Buscando el lucro, jam√°s se puede poner de moda el enga√Īo. M√°s pronto que tarde, esto pasa factura.

En cualquier caso, el mundo de la publicidad está ahí, entrometiéndose en todo, pegando fuerte porque son las alas del sistema económico actual, en ocasiones con andar altanero, saltándose a veces el respeto a la persona humana, usurpándole su autonomía, impulsando el deseo de tener y gozar, aunque para ello tenga que gastarse y desgastarse vidas humanas ¡Qué tremendo que se compren y vendan existencias! Sin embargo, que bien estaría otra publicidad que utilizase lenguajes adecuados, que estuviese en el momento oportuno y en el sitio adecuado, atenta siempre a los valores éticos para transmitir mensajes positivos. Sería una buena manera de contribuir al progreso humano, porque se partiría de una visión honda y auténtica. Se habría ganado el combate por la pureza, que buena falta nos hace para achicar vicios, perversiones, desenfrenos, deshonores… Todos ellos adjetivos de una aspereza que nos impiden ver, hoy por hoy, horizontes claros.

Las incitaciones de algunos medios de comunicaci√≥n a hacer p√ļblica toda confidencia √≠ntima son tan brutales (y bestiales), que si tuvi√©semos una publicidad m√°s honesta, pienso que todo quedar√≠a en una historia imposible de contar. Considero, pues, que hay que condenar esa publicidad que nos roba el tiempo, que nos trata como bobalicones, porque su influencia nos lleva a la deriva. Y por el contrario, apruebo esa otra publicidad que ayuda a la persona humana a crecer en su conocimiento de manera liberadora y a recrearse en su h√°bitat de forma libertadora. Cuesti√≥n de discernimiento.

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