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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Deporte y política, de nuevo de la mano

Jorge Renedo
Redacción
domingo, 11 de febrero de 2007, 12:45 h (CET)
A poca gente sorprendieron las recientes declaraciones del futbolista Oleguer acerca de la situación del sanguinario etarra de Juana Chaos. Era la última de una serie de desafortunadas palabras de esta persona, que destaca por su radicalismo independentista y antiespañol.

La política y el deporte son dos mundos independientes el uno del otro, por lo que no son en absoluto defendibles este tipo de forzadas y malintencionadas vinculaciones. Menos aún en algo que, independientemente de colores o ideologías, atañe al derecho a la vida de los ciudadanos y a las raíces de nuestro Estado de Derecho.

En el momento que vivimos actualmente, por desgracia estamos acostumbrándonos a ver y escuchar contínuos desprecios hacia la Nación Española y todo lo que se pueda vincular con dicho concepto. Sería responsabilidad del Presidente del Gobierno (reconocido "culé"), de la Ministra de Educación y Ciencia (como responsable del deporte español) o del Presidente del F.C. Barcelona (que paga la nómina al jugador) el desautorizar las declaraciones del futbolista, pero su pasividad y silencio cómplice son otro ejemplo más de quien consiente que se puedan hacer alegatos en favor del terrorismo de la forma más impune.
Por eso, la decisión de la empresa Kelme en la que rescinde su patrocinio al futbolista, es una muestra del rechazo de la sociedad española a personas que vinculan el deporte con la política, con el independentismo, con el odio a lo español. Es la mejor muestra de valentía frente a la deriva nacionalista a la que nos está llevando este Gobierno.

Si alguna de las 25 víctimas mortales de De Juana fuera culé, hoy se estará revolviendo en su tumba viendo cómo se está deteriorando la imagen del club al que animaba antes de que ese asesino, al que hoy desde ese club defienden, les arrebatara el derecho a ver otro partido por la tele, acudir al Camp Nou o esperar a la puerta de un hotel para conseguir un autógrafo de un futbolista de la primera plantilla. Quizás ese futbolista al que suplicaran un autógrafo fuera Oleguer, el mismo que hoy justifica a su asesino.

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