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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Dios los cría y ellos se juntan

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 10 de febrero de 2007, 09:50 h (CET)
En Europa nos las prometíamos muy felices con la caída del Muro de Berlín; parecía como si la sensatez se hubiera impuesto y que el ejemplo de las “bondades” del régimen comunista implantado, en el 1917, por los Lenin, Troski, Bakunin, Stalin y demás seguidores de Carlos Marx, había sido lo suficientemente clarificador para que varias generaciones de europeos quedasen vacunados contra el virus moscovita. Pero, con lo que no habíamos contado los europeos, era con la posibilidad de que aparecieran nuevas epidemias de cepas no menos peligrosas; una por el este: el fanatismo islamista y otra por el oeste, allende los mares –en aquellos países que, en otros tiempos, fueron nuestras colonias, que se independizaron buscando la libertad y que, visto lo visto, mejor les hubiera ido quedándose con nosotros – los no menos preocupantes totalitarismos que se van reproduciendo, como si fueran amanitas phalloides, por todo el cono sur americano.

En Venezuela no supieron extirpar, a tiempo, el cáncer que se empezó a engendrar en la intentona fracasada de golpe de estado del señor Chávez y permitieron que la metástasis se propagara por todo el país, hasta que degeneró en el actual régimen comunista totalitario del belicoso caudillo popular. Lo malo es que las desgracias nunca vienen solas y la enfermedad se ha convertido en epidemia. En la actualidad viene asolando a la Bolivia de Evo Morales, fiel discípulo de Chávez y, más recientemente al Ecuador del no menos extremista y furibundo presidente Rafael Correa, que parece que incluso va a superar, en radicalismo y violencia, a su mentor venezolano.

El panorama es preocupante. El nuevo socialismo del siglo XXI, proclamado por Chávez y coreado por Correa, parece que tiene implicaciones directas con el giro político llevado a cabo por el Presidente de nuestro gobierno, señor Zapatero. No en vano son carne y uña los cuatro mandatarios; no en vano comulgan con las mismas; ideas o sea el café para todos (aunque, en su caso, no llegaría siquiera a una tisana de malta); no en vano todos ellos se guían por el rencor antes que por el sentido común. Si en las naciones del cono sur se pudiera argumentar la crisis en la pobreza de las gentes y en las corruptelas del poder; en España no existe esta justificación (salvo durante el gobierno de Felipe González, que los hubo que supieron llenarse las faltriqueras).

El señor Aznar se encargó de levantar la nación para elevarla a la categoría de una nación de primer orden. Fue derrotado por el 11-M y por una decisión equivocada respecto a la guerra de Irak. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿a qué viene que, desde que se apoderaran del poder los socialistas, estén empeñados en desmembrar España y convertirla, de nuevo, en la que fue hace setenta años? Los socialistas, que claman por la memoria histórica, se olvidan con demasiada facilidad de que ellos fueron una las causas del derrumbe de la segunda República( la que ahora reivindican como modelo) y uno de los determinantes de la guerra civil, y esa afirmación no es mía es de un historiador nada sospechoso de franquismo: Salvador de Madariaga quien, en su libro “España”, escribió:”Con la revolución de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”.

Pretende el señor Zapatero crear una octava Internacional Socialista y reemprender la senda del frente populismo, avalado por los regímenes totalitarios de Venezuela, Cuba, Bolivia y Uruguay, y con el beneplácito de Argentina y Brasil, cuyos gobiernos navegan entre las tormentas del populismo y los coqueteos con el capitalismo. Si es cierta la máxima de “por sus actos los conoceréis” es evidente que por sus escarceos con la ETA, por sus simpatías por las nacionalidades; por sus posturas a favor de los palestinos e islamistas ( véase, si no, su famosa Alianza de Civilizaciones); por los ministros rasputinianos que le rodean; por haberse desprendido de las personas más sensatas de su propio partido; por el trato a las víctimas de los etarras; por su absurdo enfrentamiento con los EEUU; por su “talante” excluyente e inquisidor; por su desprecio e inquina contra el PP; por sus absurdos pleitos económicos con la CE y por la desvergüenza con la que niega lo evidente y afirma lo imposible; no nos queda más remedio que reconocer que estamos en manos de un sujeto peligroso, en cuyas manos hemos puesto insensatamente el futuro de nuestra patria y el bienestar de los españoles. Puede que todavía no sea tarde, pero conviene que sepamos que nos estamos jugando nuestro porvenir y el de nuestros hijos. ¡Y eso es mucho!

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